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Si yo pago más impuestos que tú pero menos que él, el tonto es él

Bruselas pre­senta el Plan de Acción para ar­mo­nizar el Impuesto de Sociedades en la UE

Luxemburgo contra una armonización fiscal en la Unión Europea
Luxemburgo, principal escollo en la armonización.

La Unión Europea es más eu­ropea que unión. A sa­ber: cada uno va a lo suyo siempre que puede, como se está viendo con Grecia y su per­tinaz to­ma­dura de pelo a los de­más. O como ocurre con el Impuesto de Sociedades: la media de Los 28 es del 22,1%, pero ya se sabe que las es­ta­dís­ticas en­gañan. Esa media tapa que en un país miembro como Bulgaria se tri­buta al 10% y que otro país miembro como Bélgica lo hace al 34%. Pero este pró­ximo miér­coles la Comisión va a poner algo de or­den.

O pretende ir en esa dirección. Porque en la actualidad, y dentro de esos dos extremos, hay unanimidad en la dispersión más absoluta. Con menos del 20% están Letonia (15%, Polonia y República Checa y Hungría (19%), Rumanía (16%) e Irlanda (12,5%). Un peldaño por encima figuran Finlandia y Reino Unido (20%), Portugal (21%), Eslovaquia y Suecia (22%), Dinamarca (23,5%) y Holanda (25%). Otro poquito más arriba: Noruega (27%), España (28%) y Alemania (29,6%). Los más careros, junto a Bélgica: Italia (31,4%) y Francia (33,3%).

¿Se puede vivir así? ¿Es esto justo? ¿Hay competencia sana o es desleal? Muchas veces se ha intentado armonizar la fiscalidad europea en todos los órdenes y poco se ha conseguido. El mejor y más sangrante ejemplo del caos imperante y que demuestra las pillerías que se han venido haciendo y se hacen es el caso de LuxLeaks, con centenares de empresas beneficiadas por tratos fiscales acordados secretamente por Luxemburgo.

La llegada de la Comisión Juncker activó el antiguo sueño de un Plan de Acción y dentro de él se presentarán el miércoles las grandes líneas para coordinar hasta donde se puede el Impuesto de Sociedades. Lo hará el comisario de Economía, Pierre Moscovici, sobre la base de una receta cuyas ideas básicas adelanta Anne Bauer en Les Echos este fin de semana.

Se trata de lo siguiente: ‘Según nuestras informaciones, la Comisión va a volver a la carga con su proyecto estrella, bloqueado desde hace cuatro años: definir una receta común consolidada del Impuesto de Sociedades. En ausencia de una armonización de la tasa, se trata de armonizar la base de cálculo. Ante los bloqueos, Bruselas va a proponer actuar en dos etapas, pero sobre una base obligatoria. En primer lugar, ponerse de acuerdo sobre la base común, lo que supone estar de acuerdo en lo que es imponible y lo que es deducible, siempre teniendo presente que las 28 administraciones tienen 28 métodos diferentes. Y luego, trabajar en la consolidación para lograr ese famosa receta armonizada. La Comisión someterá a los Estados una directiva modificada en 2016 como muy tarde’.

La verdad es que hace falta hacer algo. Estas líneas generales sobre Sociedades forman parte del ambicioso Plan de Acción global sobre Fiscalidad. Ya hace tres meses se hizo público otro capítulo del Plan: las medidas de Transparencia Fiscal. Ya que la tributación competencia de alcance nacional exclusivo y cada Gobierno la fija como quiera o como necesite, que por lo menos haya un flujo de intercambios informativos para no volverse locos entre tanta regulación y legislación. La transparencia permitirá poner al descubierto con cifras lo que se sabe sobre la desventaja de las pymes: sufren una carga fiscal un 30% más alta por término medio que las grandes multinacionales.

Lo que es desventaja para unos es privilegio para otros. En función de esas medidas de Transparencia, Bruselas ha llamado la atención y a 15 países, entre ellos España, que aporten los datos que se les habían pedido sobre ventajas fiscales acordadas con las empresas individualmente. La exigencia viene acompañada de un aviso: podrían considerarse como subvenciones ilegales, y eso puede acarrear la devolución de las ayudas por parte de las empresas y una multa al país reacio a facilitar los datos. Estonia y Polonia son los más recalcitrantes: se han negado a facilitar los datos con el argumento de que los datos fiscales son secretos.

Además de los acuerdos con cada uno de los Gobiernos, las multinacionales tienen sus propios sistemas para eludir impuestos. Es una ingeniería fiscal a nivel planetario, de la que salen perjudicados casi todos los países. EEUU ya ha empezado a tomar medidas para cerrar una laguna: bastaba que una empresa trasladara simplemente su domicilio fiscal a otro país para tributar mucho menos.

En Europa, esa ingeniería es un coladero, y si no se hace nada irá a más con el crecimiento explosivo del comercio electrónico. Todavía hay mucho que andar para llegar a la optimización: que las multinacionales paguen en cada país los impuestos correspondientes a los ingresos en ese país. La Comisión, y mucho más el Parlamento Europeo, sueñan con ello. Todo se andará, tal vez.

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