POLÍTICA NACIONAL

Barcelona no está ganada por el soberanismo

Las pre­vi­siones elec­to­rales pro­nos­tican la subida del so­cia­l-­po­pu­lismo en la Ciudad condal

Los par­tidos que se ex­te­núan re­co­rriendo la lla­mada “hoja de ruta” del in­de­pen­den­tismo ca­talán re­ca­pi­tulan si el tema de la in­de­pen­dencia les hará ganar poder mu­ni­ci­pal, o si por el con­tra­rio, es un tema sobre el que las ma­yo­rías no quieren ni oír ha­blar, al menos de mo­mento, como pa­recen au­gurar las en­cuestas re­fe­ridas a la ciudad de Barcelona. Desde que em­pezó a ser go­ber­nada por Convergencia i Uniò, tras largos man­datos del par­tido so­cia­lista de Cataluña, Barcelona se con­virtió en ca­beza del mo­vi­miento in­de­pen­den­tista, al tiempo que pre­tendía eri­girse en ca­beza y ejemplo del ca­pi­ta­lismo más di­ná­mico y eu­ro­peo.

Las predicciones electorales para la ciudad de Barcelona indican que el tema de la independencia cede paso al de las necesidades sociales, y apuntan a una nueva distribución del poder dentro del espectro político catalán, con pérdida probable de la alcaldía de la Ciudad Condal. Es prematuro calcular qué proyección tendrán estas previsiones sobre las opiniones electorales en cientos de otros municipios, pero puede preverse que las ciudades más industrializadas vivirán experiencias similares a las de la capital. Dos intentos de poner el independentismo en el centro de los debates sobre la futura composición de los municipios han fallado. El primero, producido poco antes del inicio de la campaña electoral, fue la vociferante reacción de las más cualificadas voces del independentismo contra una reciente disposición del Tribunal Supremo amparando el derecho de dos alumnos (dos alumnos, repito) a recibir al menos un 25% de sus lecciones en castellano. La consellera de Enseñanza Irene Rigau llegó a declarar que poner al castellano y al catalán en un pie de igualdad supondría “la muerte del catalán”.

El columnista (David González) de un conocido diario (La Vanguardia) calificó la decisión del Supremo como “acto de guerra” contra el catalán. Un portavoz socialista calificó la sentencia de “golpe de estado”.

El segundo intento de excitar el celo soberanista fueron las protestas municipales contra la decisión de la Junta Electoral Central de exigir la retirada de las banderas no oficiales, concretamente las llamadas “esteladas”, de los balcones de los ayuntamientos gobernados por los nacionalistas, por constituir una toma de posición partidista que rompe la neutralidad de las instituciones ante las distintas preferencias de los votantes. Sociedad Civil Catalana denunció que 336 municipios tenían izadas 429 banderas independentistas.

##El consejero de Interior de la Generalidad, Ramón Espadaler, que pertenece a Unión

Democrática de Cataluña, partido que por ahora no ha adoptado el programa independentista, aseguró poco después de conocerse la disposición que los ayuntamientos la acatarán. Esto quedó confirmado cuando la directiva de la Asociación de Municipios por la Independencia anunció que, aunque lamentándolo, tenía que recomendar a sus asociados que obedeciesen la orden de la Junta Electoral. El líder de UDC, Josep Antoni Durán i Lleida, no participará en ningún acto electoral de la campaña municipalista.

##No se ha desinflado pero pierde aire

La inquietud por el futuro del proceso independentista es evidente en las palabras de Jordi Sánchez, nuevo presidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), la principal organización de masas del nacionalismo: “evidentemente, faltan votos independentistas”, dijo este pasado domingo. Y añadió: “No hay ningún dato sobre la mesa que permita pensar que esto (en referencia a la hoja de ruta) se ha desinflado”.

Más significativas aún son las palabras con las que Sánchez pone al descubierto el grado de impreparación en que se encuentran las fuerzas independentistas y su insuficiente capacidad de cumplir la “hoja de ruta”. Así, Sánchez dijo que las fuerzas comprometidas “con un cambio democrático y un cambio institucional” (la independencia), “estarán a favor del proceso más temprano que tarde, porque es un cambio imparable”. Y añadió: “Luego, ya discutiremos los matices, las comas, las aportaciones, y evidentemente, todos tienen que hacer su propia ruta” (La Vanguardia, 17 de mayo). Esas palabras las pronunció con clara intencionalidad dirigida a la formación electoral Guanyem/Podem, porque a él “no le cabe en la cabeza” que no esté por el proceso.

El líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Oriol Junqueras, considera las elecciones municipales como “la primera vuelta” de las elecciones generales anunciadas para el 27 de septiembre, y aseguró el pasado domingo a sus seguidores que “estamos a sólo dos elecciones y dos votos de ganarlo todo”. Mientras pronunciaba esas palabras, muchos barceloneses leían las previsiones electorales para el ERC de Barcelona, que anuncian su desplazamiento, dentro del espectro de la izquierda, por el ascenso de BComú, la coalición electoral formada por Guanyem Barcelona, ICV, Podem Barcelona y Equo, que obtendría 12 concejalías, frente a las cinco de ERC (encuesta de Metroscopia para el diario El País).

##Reevaluar los equilibrios entre CDC y ERC

La encuesta también revela el desplazamiento del voto soberanista mayoritario, desde la CDC de Mas al ERC de Junqueras. En efecto, mientras CDC pierde cuatro de los 14 escaños que obtuvo en 2011, ERC sube a cinco desde los dos que obtuvo en ese año.

Es decir: por un lado el bloque soberanista debe ahora reevaluar sus equilibrios internos, lo que siempre es causa de tensiones, problemas y difíciles reajustes estratégicos. A eso parecía hacer alusión el presidente Mas cuando este domingo habló de que “la ropa sucia se lava en casa”, lo que tanto puede referirse a desencuentros con ERC como con UDC. Por otro lado, ERC debe tomar nueva posición en el frente social, ya que su izquierdismo no combina de forma dialécticamente convincente con el conservadurismo social de sus socios de aventura independentista, la CDC de Mas.

Parece evidente que, al menos en Barcelona, la agenda electoral de mayo no gira en torno a la independencia. En el foco de atención está la preferencia de sus actuales regidores por favorecer los intereses del mundo de los negocios, y sus intentos de hacer de su ciudad un referente mundial del capitalismo más dinámico. BComú se nutre de la protesta social de los menos favorecidos y dice reivindicar los derechos de los afectados por los desahucios.

Se enfrentan, pues, dos modelos de ciudad difícilmente compatibles. Parece que la ventaja empieza a llevarla el social-populismo. ¿Es éste buen compañero de viaje del nacionalismo? No es probable…, pero quién sabe. Los independentistas estaban convencidos de que su causa era “transversal” a todas las opciones sociales posibles. Vamos a verlo.

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