OPINIÓN

Los 21 gramos del paro

Paro
El desempleo se man­tiene en el 23,78%

A prin­ci­pios del siglo pa­sado, Duncan McDougall, un os­curo per­so­naje re­la­cio­nado con la pseu­do­cien­cia, llevó a cabo una serie de ex­pe­ri­mentos con per­sonas mo­ri­bundas des­ti­nados a cal­cular el peso del alma.

Los resultados de las pruebas arrojaron que en el momento de la muerte, al abandonar el ánima su cascarón físico, el cuerpo perdía 21 gramos.

McDougall concluyó que en esa masa, aparentemente ínfima, cabía algo tan difícilmente cuantificable como el espíritu humano, todo lo que puede salvarse y condenarse.

Recientemente hemos sabido, gracias a la EPA, que el paro en España se mantiene en el 23,78%. En el primer trimestre de 2012, cuando el Partido Popular estrenaba mandato, estaba en el 24,19%, lo que significa que en tres años el desempleo ha descendido un 0,41%.

El Gobierno que padecemos, afecto también a los experimentos (siempre y cuando las consecuencias recaigan en cabeza ajena) haría bien en imitar a McDougall y plantearse la auténtica dimensión de ese porcentaje. ¿Cuánto cabe en cuatro décimas? Poco. Muy poco.

No caben los anhelos de una generación despojada de dignidad, ni esperanzas renovadas para más de cinco millones de personas sin rumbo, ni descanso para los ancianos que tienen que alimentar con su pensión a hijos y nietos.

Tampoco cabe un nuevo comienzo para los miles de empresarios arruinados, ni para los que han tenido que seguir el camino de sus abuelos y emigrar.

Sin embargo, en una tasa de paro superior al 20% caben muchas cosas. Demasiadas. Cabe el humillante escarmiento de una sociedad que se creyó rica y refinada; el desmantelamiento de los cimientos económicos del país; la tragedia de miles de familias expulsadas de sus hogares; el mayor despilfarro de juventud cualificada de la historia; la venta de nuestra soberanía a los jerarcas alemanes; la caída de un Gobierno mentiroso y su sustitución por otro Gobierno igual de mentiroso.

Y todo esto, a diferencia de los delirios esotéricos de McDougall, es muy real. Pero aquel doctor chiflado arriesgaba poco o nada para probar sus teorías: utilizaba enfermos desahuciados en sus experimentos de pesaje de almas.

Los que nos mandan, por el contrario, no han dudado en sacrificar la Educación, la Sanidad pública y los derechos de los trabajadores y los inmigrantes. Los frutos de esta sangría, que brota de nuestras heridas y no de las suyas, pesan cuatro décimas.

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