TENDENCIAS DEL DINERO

La CNMC busca su sitio en un mundo de incomprensiones

La eco­nomía es­pañola está ins­ta­lada de malas prác­ticas em­pre­sa­riales

Cepsa dejará y volverá a cotizar
Cepsa acuerda precios.

Con in­de­pen­dencia de cual­quier otro tipo de con­si­de­ra­cio­nes, la corta his­toria de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), re­sul­tado de la fu­sión de media do­cena de dis­tintos ór­ganos re­gu­la­do­res, de­mues­tra, bá­si­ca­mente, que mu­chos sec­tores de la eco­nomía están ins­ta­lados en malas prác­ticas em­pre­sa­riales y de ello dan fe los re­cientes ex­pe­dientes san­cio­na­do­res.

Estas sanciones han recaido sobre cinco petroleras - Repsol, Cepsa, Disa, Galp y Meroil- por la prohibida práctica de pactar precios o las multimillonarias multas impuestas a nueve empresas y dos asociaciones que operan en el mercado de aprovisionamiento de leche cruda de vaca por haber participado en "conductas anticompetitivas que infringen la legislación de competencia".

Ambos expedientes se unen a una larga lista de sanciones impuesta por la nueva Comisión presidida por José María Marín que no siempre parecen estar suficientemente fundamentadas a la vista de distintas sentencias de diferentes tribunales de Justicia, una de las cuales -la del Tribunal Supremo de fecha 29 de enero - obliga a revisar todas las multas impuestas por la CNMC desde el año 2009 al rechazar el alto tribunal, así como la Audiencia Nacional, la forma en la que se fijan las sanciones por parte del organismo supervisor.

Ha pasado cerca de año y medio desde que entrara en funcionamiento el actual organismo regulador y continúan vigentes los objetivos que condujeron a la creación de una institución que, dependiendo del Congreso de los Diputados, no parece haber encontrado ni su correcta ubicación en el engranaje del Estado ni el reconocimiento público deseado, al estilo de lo ocurrido a lo que ocurre en otros países de nuestro entorno en donde organismos de este corte gozan de un respaldo popular que en España brilla por su ausencia.

España, como cualquier otro país moderno, requiere de instituciones como la CNMC con la suficiente solidez y respaldo institucional como para asegurar el correcto funcionamiento de los mercados y defender los intereses de más de 45 millones de consumidores.

Hoy como ayer, sin embargo, se demuestra que son muchos y poderosos los intereses especialmente sensibles a las actuaciones de la CNMC y que las críticas que rodearon al nacimiento del macro regulador, desde dentro y fuera de España, siguen vigentes sin que se vislumbren actuaciones tendentes a superar la fuerte oposición con que fue recibido el nacimiento del organismo que de vez en cuando es acusado de “justiciero vengador”.

Nadie se lo va a poner fácil a la CNMC y ello obliga al organismo regulador a esmerar el celo y a ser especialmente cauto y sensible, además de muy profesional, en todas sus actuaciones. Solo así, un organismo de las características de la CNMC será capaz de cumplir con las funciones que le fueron encomendadas por Ley y silenciar las voces críticas que no solo tienen su origen en las empresas sancionadas –no siempre con el suficiente rigor y conocimiento- sino en distintos ámbitos profesionales y políticos que se supone no responden a intereses espurios.

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