El rincón de Gekko

Rodríguez Menéndez quiere rozarse con los diputados

Emilio Rodríguez Menéndez se adentra
Emilio Rodríguez Menéndez.

Por des­gracia para los amantes de las plantas no les hablo de la Leontopodium al­pi­num, co­no­cida como flor de las nieves o con la pa­labra ale­mana Edelweiß, una planta de la fa­milia de las Asteraceae. Ni si­quiera de la evo­ca­ción que de ella hacía la fa­milia Trapp como forma de opo­nerse los aus­triacos a la do­mi­na­ción nazi.

Les hablo de un restaurante que está justo enfrente del Congreso de los Diputados, en el número 7 de la calle Jovellanos, y como habrán podido deducir los más sagaces de mis lectores se dedica a la restauración alemana siendo sus platos fuertes, las salchichas, el codillo y la tarta selva negra (la original incluye guindas enterradas entre la capa de nata).

Este restaurante, como otros tantos, pertenece al grupo Arturo propiedad del empresario Arturo Fernández. Y por desgracia para él, y para todos sus empleados, atraviesa serias dificultades económicas. Tan es así que Edelweiss permanece abierto a pesar de que la plantilla lleva 5 meses sin cobrar su nómina.

Bien, pues le cuenta a Gekko un histórico periodista parlamentario, que el tenebroso abogado José Emilio Rodríguez Menéndez (ex prófugo de la justicia, conocido por sus montajes y líos con señoritas y por su gusto por el dinero de sus clientes, entre otras muchas cosas) quiere adquirir Edelweiss como parte de un proyecto de restauración que está poniendo en marcha en Madrid José Emilio y en el que se incluye un restaurante gratuito.

Hasta aquí todo bien. El problema es que casi todo el Gobierno, todo el Congreso de los Diputados y parte de los líderes sociales se reúnen a comer y cenar y desayunar y tomar el aperitivo en Edelweiss para hablar de sus cosas y de las nuestras. Muchos malévolos creen, AUNQUE YO NO COMPARTO ESA TESIS, que aquí radicaría el interés del leguleyo, que no sería otro que instalar la sofistificación en esencia pura en el local y saber de primera mano que se cuece entre las altas autoridades del país.

El uso que después se diera a la información, sabiendo quien es el destinatario final, sería cuando menos exótica y por ello, me dice mi fuente, que se ha llegado incluso a plantear la posibilidad de que el propio Congreso o gente afín, adquiera este local en el que por cierto se come muy bien y cuya ubicación le hace ideal para alimentar a los representantes del pueblo.

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