La banca es­pañola podrá ha­cerse con más de la mitad de la banca por­tu­guesa

CaixaBank busca fusionar el BPI con NB y crear el primer gran banco portugués

Santander, Popular y BBVA tam­bién es­tu­dian sendas ofertas por el an­tiguo BES

 Banco Portugués de Investimento
Banco Portugués de Investimento

¿Que hará Isabel Dos Santos? Esa es la única in­cóg­nita plan­teada por la OPA anun­ciada este martes por CaixaBank, que pa­gará en me­tá­lico 1.082 mi­llones de euros para ha­cerse con el con­trol total del ter­cero mayor banco pri­vado luso por ac­ti­vos, el Banco Portugués de Investimento (BPI), del cual es ya el mayor ac­cio­nista, con el 44,1% del ca­pi­tal. La em­pre­saria an­go­leña, con un 18,6% del BPI, tiene la clave del pro­blema: la oferta es­pañola que­dará con­di­cio­nada a una re­forma de los es­ta­tutos de la en­tidad lusa, con vista a la eli­mi­na­ción del tope del 20% puesto ac­tual­mente al de­recho de voto, re­forma que de­berá ser re­fren­dada por 75% del ca­pi­tal.

Lo más probable, avanzan los expertos, es que CaixaBank y Isabel dos Santos tengan pactado separar intereses. A cambio de facilitar el éxito de la OPA española, la empresaria angoleña se haría con el control del mayor banco angoleño, el BFA, donde controla el 49% del capital contra el 51% que tiene el BPI.

De hecho, esa era la salida que BPI tenía sobre la mesa aun antes del anuncio de la oferta española. Para adecuarse a las nuevas reglas europeas de supervisión bancaria y proteger su "ratio" de capital, el banco luso debería rebajar su exposición al riesgo angoleño (3.700 millones de euros) y ceder así el control del BFA, que representa el 20% de sus activos.

Cabe recordar que si la hija del presidente angoleño José Eduardo dos Santos ostenta hoy casi el19% del BPI, fue en parte gracias al accionista catalán, que en mayo de 2012 le cedió la mitad del 18,9% que había adquirido un mes antes al banco brasileño Itaú. La Caixa llegó entonces a controlar el 48,9% del banco luso, pero sin poder ejercer más de 20% de derechos de voto.

Sin embargo, eso no fue nunca un problema para la entidad presidida por Isidro Fainé, que desde su entrada en BPI (1995), nunca tuvo ninguna participación directa en la gestión, y siempre apoyó sin ninguna reserva la estrategia desarrolladla por el CEO luso Fernando Ulrich.

A partir de ahora todo será diferente. Mas allá de la OPA anunciada, el objetivo de CaixaBank consiste en reforzar al máximo el margen de maniobra del BPI, con vista a la compra eventual del Novo Banco (NB), que tras la polémica quiebra de las principales "holdings" del Grupo Espirito Santo (GES) recibió una inyección de 4.900 millones de euros por parte del Estado y de la banca y bajo la gestión del Fondo de Resolución Bancaria (FRS) pasó a aglutinar los "activos buenos" del antiguo BES, el cual funciona desde entonces como un "bad bank" (banco malo).

La suma del BPI y del NB representaría más de 100.000 millones de euros de activos e igualaría. incluso superaría, la cuota actual del mayor banco luso, la Caixa Geral de Depósitos (CGD), que es un 100% público.

Futuro despejado

Lo que se avecina, por lo tanto, es la consolidación del sector financiero luso. Pero CaixaBank no es la única interesada en la operación. El Banco de Portugal (BdP) recibió un total de 17 "manifestaciones de interés" por el Nuevo Banco (antiguo BES), de las que 15 merecieron su consideraicón, con vista a eventuales ofertas de adquisición, cuyo plazo expira el próximo 20 de marzo.

Banco Santander, Popular y BBVA figuran en la lista de interesados y prometen dar mucha guerra, principalmente el banco dirigido por Ana Botín, que ya controla un 15% del mercado luso y que con la adquisición del NB también se pondría al nivel de la CGD, por red de oficinas, créditos y depósitos.

Pese a las declaraciones de Fernando Ulrich, y según las cuales el interés del BPI por NB no tendría nada que ver con la OPA de CaixaBank, la prensa económica lusa cita fuentes de la entidad catalana que vinculan ambas operaciones.

Así, en el caso de que no llegara a tener más del 50% del BPI y un peso equivalente en derechos de voto, el accionista catalán advierte no solo que retiraría su oferta, sino además que no estaría dispuesto a financiar una oferta eventual por el NB. Otro peligro para el BPI, en el caso de que no prosperara la oferta catalana, sería tener a su mayor accionista con más ganas de salirse que de quedarse en el capital.

Al margen de la OPA de CaixaBank por el BPI, que no suscita en la prensa ningún comentario negativo, llama mucho la atención la relativa indiferencia con que los portugueses miran el eventual "futuro español" del NB, y por lo tanto la posibilidad de ver más de la mitad del sector financiero portugués en manos de capital español.

Es lo que se llama un cambio radical en relación con lo que pasó en la década de 1990, cuando el Banesto de Mario Conde y después el antiguo Central Hispano y el Santander se hicieron con las "perlas" del Grupo Champalimaud, como el Banco Totta & Azores. Así, de lo que menos de habla ahora, tras la última ola de privatizaciones, a favor principalmente del capital chino, es del viejo fantasma de la invasión española.

Buena imagen española

De hecho, son mayoría los portugueses que miran con simpatía la presencia española en el sector financiero nacional, donde ya tiene un peso global de más del 20%. El Santander Totta, principalmente, disfruta de una imagen muy positiva en la opinión pública lusa, al contrario de los rivales locales, que necesitaron fuertes ayudas públicas para superar la crisis.

El Santander Totta solo contó con sus recursos y, sobre todo, fue el único que siguió presentando resultados positivos: el último año, por ejemplo, registró un beneficio neto de 193 millones (89% más que en 2013), mientras que sus principales rivales privados BCP y BPI cerraron el ejercicio con 217 y 119 millones de pérdidas, respectivamente.

Lo único que empaña la imagen pública de la banca española en Portugal, sigue siendo las polémicas "swaps" comercializadas por el Santander Totta durante la crisis: el conflicto con varias empresas públicas sigue su curso en la justicia británica -aunque los responsables del banco insisten que están dispuestos a negociar soluciones de compromiso con el Estado- mientras que la justicia portuguesa no acaba de ponerse de acuerdo sobre la "ilegalidad" de los mismos productos colocados entre empresas y inversores privados. De hecho hay sentencias favorables al banco.

En todo o caso, lo que plantea la OPA de CaixaBank, teniendo en cuenta no solo el control del BPI (sería la primera compra de un banco extranjero por parte de la entidad catalana) sino además la presentación de una oferta por el NB, es la participación española en la consolidación de la banca lusa. La primera tentativa de fusión entre BPI el BPI y el antiguo BES se remonta a 2000. La Caixa ya era accionista del BPI, pero no tuvo entonces un rol protagonista, y fue la arrogancia de la Familia Espirito Santo lo que impidió la operación.

Seis años después, hubo otro intento de fusión, primero a la fuerza, con una OPA hostil del BCP, que fue rechazada, y después a través una fusión amistosa propuesta por el BPI pero que tampoco llegó a buen puerto.

Los sufridos accionistas del BES, que acabó de mala manera por la quiebra del GES, y los del BCP y del BPI deploran hoy el fracaso de dichas operaciones. En relación con los intentos fracasados entre el BCP y el BPI, cabe recordar que en aquel momento La Caixa ya tenía el 25% del BPI. BCP llegó a elevar su oferta a 5.300 millones, el equivalente a 7 euros por unas acciones que tienen ahora un valor de mercado de 1,329 euros (el precio de la OPA de CaixaBank) y que tocaron fondo durante la crisis (0,33 céntimos).

Operación muy barata

La fusión amistosa que propuso después el BPI, y que tenía el apoyo de La Caixa, alcanzaba los mismos parámetros financieros de la Opa hostil: hubiera pasado por un intercambio de acciones del BCP y del BPI, sobre la base de una valoración respectiva de 6,51 y de 3,19 euros.

Con la OPA de CaixaBank, la inversión máxima prevista no pasará de 1.082 millones, lo que supondría un control del banco español al 100%. Sin embargo, la entidad catalana podrá alcanzar su objetivo invirtiendo solo 114 millones, que es el precio que pagaría por el 5,9% que necesita para tener el control del BPI.

Pero en ambas situaciones, CaixaBank pone la misma condición: para que la OPA llegue a su término, habrá que cambiar los estatutos de BPI, para eliminar el tope del 20% puesto a los derechos de voto. La impresión general en el sector es que en la Junta prevista tras la OPA, la condición puesta por CaixaBank será votada favorablemente por al menos el 75% del capital representado, la mayoría necesaria para reformar las normas internas de la entidad.

CaixaBank pone también otras condiciones que no atañen directamente al BPI ni a sus accionistas, sino a la coyuntura internacional. Aunque no lo diga explícitamente, lo que más preocupa a la entidad catalana es la situación griega. CaixaBank condiciona igualmente su oferta a que durante la OPA los mercados financieros no sufran ningún cataclismo, como el que sería provocado por una eventual ruptura de la Zona Euro o por declaraciones de "default" o renegociaciones forzosas en relación con el pago de la deuda por parte de algún país de la UE.

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