La em­pre­saria an­go­leña veta la es­ci­sión del Banco de Fomento de Angola de la ma­triz lusa

Isabel dos Santos mete más presión a CaixaBank en Portugal ante la vulnerabilidad del BPI

Racionalidad fi­nan­ciera frente a los “egos” de los ma­yores ac­cio­nistas del banco luso

 Banco Portugués de Investimento
Banco Portugués de Investimento

Aunque con­de­nados a en­ten­derse, CaixaBank y Isabel dos Santos si­guen a la greña en el tercer mayor banco pri­vado luso, el BPI, del que son sus ma­yores ac­cio­nis­tas, con el 44,1% y el 18,6% del ca­pital res­pec­ti­va­mente, pero donde nadie puede tener más de 20% de de­re­chos de voto. En Lisboa se habla de “choque de egos”. Así, tras haber fre­nado a la caja ca­ta­lana, que en fe­brero de 2015 ofertó casi 1.000 mi­llones por el con­trol del BPI, a cambio de la su­pre­sión del lí­mite de voto, Isabel dos Santos im­pide ahora la es­ci­sión de la fi­lial an­go­leña, el Banco de Fomento de Angola (BFA), apro­bada por todos los otros ac­cio­nis­tas.

De momento, el tiempo corre a favor de la empresaria angoleña, que quiere hacerse con el control total del BFA, donde ya tiene un 49% del capital, frente al 51% en manos del BPI, que está forzado por el Banco Central Europeo (BCE) a rebajar drásticamente su nivel de riesgos en Angola, de donde proviene casi el 90% de su beneficio. Quedan pocos días para que el BCE se haga con la responsabilidad de la supervisión bancaria y lo que hizo el consejo del BPI, ante el problema planteado por el BCE, cujas reglas de supervisión son incompatibles con las aplicadas en Angola, fue intentar la escisión del BFA, pero con el voto en contra de Isabel dos Santos.

Lo que se intentaba era transferir el 51% del BFA en manos del BPI a una nueva sociedad angoleña situada al margen de la supervisión del BCE y cuyos propietarios directos serían los accionistas del banco luso, empezando por CaixaBank, que se quedaría así con un 44,1% de la nueva entidad. Para hacer factible la operación, y teniendo en cuenta la regla que limita al 20% el ejercicio de derechos de voto, el presidente del BPI Fernando Ulrich hizo todo lo posible para poner a todos los accionistas de acuerdo, incluyendo por lo tanto a Isabel dos Santos, con la cual mantuvo un “diálogo constructivo” pero que insuficiente para aprobar la operación.

Así, pese a que se hubiera quedado con un 68% del BFA, pero a través una sociedad en la que seguiría operando la limitación de 20% de derechos de voto, la hija mayor del presidente de Angola José Eduardo dos Santos decidió rechazar la operación. O sea, sigue empeñada en hacerse con el control total del BFA, forzando la salida del BPI, pero sin pagar el precio puesto por los restantes accionistas (contaría para ello con el apoyo del gobierno de Luanda y del Banco Central de Angola (BCA), y sin tener que renunciar a sus ambiciones en el tercero mayor banco privado portugués, en contra por lo tanto de los intereses principalmente de CaixaBank.

Alternativas

La tesis de Isabel dos Santos es que caben otras alternativas, que aún no especifica pero que a todas luces no parecen encajar con lo que opinan los restantes accionistas y la dirección del BPI. No es la primera vez que la ambiciosa empresaria, que según la revista Forbes ostenta ya la mayor fortuna de África, utiliza su posición de fuerza para frenar la gestión del BPI.

Eso ya lo hizo cuando CaixaBank intentó hacerse con el control del banco, donde lleva más de 20 años como accionista de referencia sin participar en la gestión. Isabel dos Santos votó en contra de la reforma estatutaria que exigía la entidad catalana para suprimir la limitación de los derechos de voto, y como alternativa propuso una fusión del BPI con el BCP pero que quedó en nada.

El “choque de egos” del que hablan los analistas portugueses es muy claro: la opinión general es que por una cuestión de simple racionalidad financiera, CaixaBank e Isabel dos Santos están condenados a entenderse, y si tardan tanto en hacerlo es porque cuando llegue el momento habrá necesariamente un “perdedor”. De hecho, tras la retirada de la OPA sobre el BPI, CaixaBank habría perdido interés por Portugal, y más aún por África, donde el banco luso tiene participaciones de control en dos bancos de Mozambique que serían igualmente transferidos a la nueva sociedad prevista para recibir el 51% del BFA.

Esperar y ver

Por lo tanto, lo que hace Isabel dos Santos es sencillamente esperar a que CaixaBank llegue a la conclusión de que no tiene nada que ganar, si sigue con su apuesta en Portugal y en África, a menos que ponga sobre la mesa una nueva oferta por el BPI, y por un precio muy superior al que ofreció en febrero de 2015. Los expertos subrayan al respecto, que la estrategia del banco catalán apunta en una dirección diferente, recordando por ejemplo lo que pasó en Francia, donde CaixaBank hizo inicialmente una fuerte apuesta a través de su alianza con Société Générale, que se quedó al final, por 351 millones, con las participaciones catalanas del 20% y del 49% respectivamente, en Boursorama y en Self Trade Bank.

El plan estratégico hasta el 2018, es muy explícito sobre las prioridades de CaixaBank, que pone como máxima prioridad la optimización de los recursos y la mejora de los ratios de capital, con que no podrá permitirse el lujo, por ejemplo, de sufrir las consecuencias de una fuerte penalización del BPI por parte del BCE, si no llegara a eliminar de algún modo la alta concentración de riesgos que tiene en Angola y Mozambique.

Cabe recordar además que su presencia en el mercado luso ya no es prioritaria, porque solo aporta una parte mínima de los beneficios del BPI, de cuya gestión seguirá apartado, por lo menos hasta que no selle la paz con Isabel dos Santos sobre los derechos de voto y sobre el BFA. ¿Pero a qué precio?

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