GEOPOLÍTICA

ARGENTINA

Macri inicia su programa económico liberalizador

Se ha es­tre­nado eli­giendo al ré­gimen ve­ne­zo­lano como ad­ver­sario

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Mauricio Macri

El go­bierno de Mauricio Macri ace­lera las me­didas que tratan de aco­modar la eco­nomía ar­gen­tina a las ven­tajas de las eco­no­mías abier­tas, y para ello debe ir re­nun­ciando a las po­lí­ticas po­pu­listas prac­ti­cadas por Buenos Aires du­rante los largos años de man­dato de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner. En el plazo me­dio, la as­pi­ra­ción del equipo eco­nó­mico de Macri es el re­torno de Argentina al Banco Interamericano de Desarrollo y al Banco Mundial.

Los pocos días de su presidencia vienen marcados, además, por un radical cambio en el modo en que Argentina espera incardinarse en el sistema internacional. Síntomas de ello son el choque con la delegación venezolana en la reunión presidencial de Mercosur, recientemente celebrada en Asunción, y el rechazo a los acuerdos entre el gobierno de la señora Kirchner y el régimen de Irán para “aclarar” las supuestas responsabilidades de Teherán en la comisión de un atentado en Buenos Aires (1994) contra intereses judíos e israelíes, que causó la muerte de 85 personas. Medios críticos con el kirchnerismo entendieron el llamado ‘Memorandum of Understanding’ entre Teherán y Buenos Aires como un subterfugio para echar tierra al asunto a cambio de acuerdos comerciales. En cuanto a Venezuela, el pasado día 21, ante una audiencia de presidentes de los países del bloque comercial suramericano, excepto el venezolano Maduro, que no acudió a la cita, Macri afirmó que dentro del bloque no caben países donde se practica la persecución ideológica. Antes de las elecciones Macri había pedido que Mercosur expulsase a Venezuela.

En cuanto al acuerdo con Irán, en mayo del 2014 el tribunal supremo lo declaró inconstitucional, decisión, que fue apelada por el gobierno Kirchner. El gobierno de Macri se ha limitado a retirar la apelación del anterior ejecutivo, por lo que el MOU pierde validez y Argentina queda facultada para seguir pidiendo responsabilidades a Irán. En el orden interno, las medidas del nuevo gobierno para imponer su apertura económica se aceleran. Ha aceptado la dimisión del presidente del Banco Central de la República Argentina, y ha nombrado en su lugar como director en comisión de servicio a Francisco Eduardo Gismondi. La presidencia del BCRA debe ser aún refrendada por el senado.

##Primero de todo, poner orden en las finanzas y la deuda

En el orden externo, es muy sintomática la decisión de abrir negociaciones con los acreedores extranjeros que no aceptaron el pacto entre el gobierno Kirchner y un grupo mayor de titulares de deuda argentina, que sí lo aceptaron, pero a cambio de admitir importantes pérdidas. Este pleito se ha arrastrado en un tribunal de Nueva York desde hace años, y de hecho bloqueaba el acceso de Argentina a la banca norteamericana. El secretario de Finanzas, Luis Caputo, se desplazó esta semana a Nueva York para entrevistarse con el juez que lleva el caso en Estados Unidos, y preparar las negociaciones con los tenedores de bonos argentinos, calificados por la administración Kirchner como ‘fondos buitre’. Aunque la reclamación de los no conformistas se reducía a $1,300 millones, los acreedores que aceptaron el arreglo pueden tomar causa de una posible sentencia contra Argentina para reclamar otros $7.000 millones en compensación de las mermas que sufrieron.

Un índice de la voluntad de Macri de normalizar la vida económica argentina es el nombramiento de Graciela Bevacqua como directora técnica del Instituto Nacional de Estadística y Censos, quien acusa a la anterior administración de mantener este crucial elemento informativo con “índices provisorios de precios, producto bruto interior, pobreza, mercado laboral y comercio exterior”. En su opinión, el área de precios al consumidor es “la más desmantelada” de todas. La administración Kirchner sufría de falta de credibilidad en la presentación de cuentas y estadísticas, lo que contribuyó a la pérdida de confianza de los mercados, sobre todo en relación con la inflación y la cotización oficial del peso.

Para neutralizar el aparato propagandístico oficial del kirchnerismo, Macri acaba de destituir a Martin Sabbatella, titular hasta ahora de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual. Cristina Fernández de Kirchner es recordada en la historia de la prensa argentina como conductora de una campaña de estrangulamiento financiero y comercial contra el diario Clarín.

##Economía subvencionada y déficits

El desafío más duro de Macri será reajustar los programas asistenciales del ‘kirchnerismo’ (2003-2015), clave de su popularidad y su mantenimiento en el poder. Néstor Kirchner tomó el país en sus manos con una deuda de $178.000 millones, y aunque su esposa Cristina la deja $148.000 millones, la falta de facilidades de acceso al crédito internacional, causada por el asunto de los ‘fondos buitre’ y por los déficits presupuestarios, determinan que la situación de las reservas sea muy precaria: al 31 de marzo de 2015 se estimaron en $31.500 millones. Sin embargo, el Buenos Aires Herald las estima en $24,00 millones. Parte de esas reservas están denominadas en yuanes chinos (y/20.000 millones). El gobierno de Macri acaba de disponer la conversión de parte de esos yuanes en $3.086 millones. El propósito de esta conversión es disponer de dólares para levantar algunas de las restricciones en el acceso a esta divisa, que afectaban gravemente al sector exportador.

Pero Argentina debe pagar un alto coste por retornar al mercado de préstamos. El ministro Caputo se halla inmerso en una negociación con bancos internacionales para obtener préstamos al 7%, por valor de $5.000 millones, acuerdos que espera cerrar en el plazo de una o dos semanas.

El propósito de Macri es liberalizar la economía poco a poco. El 14 de diciembre anuncio su intención de suprimir tasas a la exportación que penalizaban a los productores de algunas de las mercancías más competitivas de la agricultura y ganadería.

Con esos impuestos, Cristina Fernández financiaba los programas sociales, que a lo largo del kirchnerismo incluyen pensiones a 2.500.000 argentinos que nunca cotizaron a la seguridad social, subvenciones para el consumo de energía y transporte, el programa “Fútbol para Todos” de TV subsidiada, cubrir las pérdidas de Aerolíneas Argentinas, etc.

Como era previsible, la respuesta al programa económico del gobierno ya ha encontrado la oposición del entramado sindical, cuyos representantes han anunciado huelgas para la semana próxima, para obtener compensaciones a la pérdida de poder adquisitivo debido a la inflación, estimada en un 30%.

El retorno de Argentina a la economía abierta será largo y costoso. Pero su éxito puede sentar un ejemplo para un cambio del curso de las tendencias populistas y socialistas en que Suramérica ha estado sumida en los últimos diez o quince años.

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