News Links

Lo que se juega Europa en las elecciones de este 20-D en España

‘Una ma­yoría de PP y Ciudadanos sería un Gobierno bas­tante es­ta­ble’

Albert Rivera: Podemos es venganza, Ciudadanos es justicia
Albert Rivera.

Europa res­pira porque este 20-D en España no hay riesgo de que surja un par­tido de ex­trema de­recha como el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia. Ni como el Partido por la Independencia del Reino Unido de Nigel Farage en Gran Bretaña. Ni como el AfD, la Alternativa para Alemania. Y mucho menos que esos in­to­le­rantes lle­guen al poder como en Hungría pri­mero y ahora en Polonia. Eso ya pro­por­ciona un res­piro en medio de tantos so­bre­saltos por las crisis de los in­mi­gran­tes, los re­fu­giados y la ame­naza del te­rro­rismo is­la­mista.

Hay calma en los mercados financieros. Pese al energúmeno que atacó a Rajoy en Pontevedra y a algunos excesos verbales en la campaña, se apuesta por la contención, si no por el continuismo. El diferencial de la deuda del bono a diez años de España ha bajado de 23 a 7 puntos básicos por encima del italiano. Es un voto de confianza. Lo confirma en Bloomberg Martin van Vliet, estratega jefe de ING: ‘Los mercados están yendo en la dirección de un resultado que se inclina por una mayoría de PP-Ciudadanos, y eso es un Gobierno bastante estable’.

Puede que sí, puede que no. Los líderes de los partidos no parecen darle la razón al bueno de van Vliet, pero tampoco se augura un cataclismo hacia los extremismos. En todo caso, sí se notan ciertos respingos ante una posible reedición en España de lo que ha ocurrido en Portugal: que un pacto de izquierdas dé al traste con el Gobierno del partido más votado. La incertidumbre preside estas elecciones, constata Tobias Buck en Financial Times.

Porque lo que pasa es que de acuerdo con los últimos sondeos, los que se han podido publicar dentro y los que también se están publicando fuera, no salen los números. Un analista norteamericano, Desmond Lachman anticipa que en cualquier caso, ya no habrá ‘un Gobierno de mayoría de centro’. En Süddeutsche Zeitung, Thomas Urban se felicita de que no pueda darse un giro a la extrema derecha, pero advierte de que ningún Gobierno que se forme tendrá mucho margen de maniobra: el enorme peso de la deuda lo impide.

Si no salen esos números para una coalición PSOE-Podemos, sí parece claro que en todos los casos tendrá que haber o un gobierno de coalición o un pacto de investidura o de legislatura. Como subraya Martin Jamie McGeever en Reuters, es el fin de 40 años de bipartidismo. Y eso ya sí que produce cierto mosqueo. ‘Los inversores dicen que la clave del nuevo Gobierno, sea el que sea, es la situación de fragilidad de las finanzas’ de España.

Lo explica sin rodeos un análisis de Société Generale: ‘Hay riesgo de que la deuda pueda irse muy por encima de su actual nivel, ya alto, del 100% del PIB, cualquier acontecimiento externo podría hacer que se dispare al 130%’. Barclays pone la carga de la prueba en qué rumbo emprenderá el próximo Gobierno: ‘O las expectativas de crecimiento se acercan a las de Irlanda o permanecen con las de sus vecinos del sur’.

En una columna de fondo en The Wall Street Journal, el analista Simon Nixon dice que ‘como final de un año turbulento, los ojos de los europeos mirarán con ansiedad este domingo a España’. Analiza varias posibilidades de resultado electoral y de pactos el día después, pero a diferencia de otros, destaca que Albert Rivera no quiere ver a Rajoy ni en pintura de cara al próximo Gobierno, porque entonces no habría cambio. Insiste Nixon: ‘Rivera puede verse tentado a una alianza tripartita con los socialistas y con Podemos, similar a la de Portugal, y eso seguramente alarmaría a los mercados’.

Al columnista del WSJ le cuesta creer que Ciudadanos vaya a dar ese paso, pero si cede a esa tentación avanza lo que podría ocurrir, y no es nada bueno: ‘Una alianza electoral de ese calibre sería fundamentalmente inestable, y es improbable que siguiera con las reformas; casi con toda seguridad querría subir los impuestos y el gasto, con lo que se resucitarían potencialmente las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda. Eso es preocupante para un país que necesita refinanciar más de 400.000 millones de deuda pública y privada el próximo año’.

Artículos relacionados