Las pri­va­ti­za­ciones rea­li­zadas a em­presas es­paño­las, co­mu­ni­ta­rias y chi­nas, en el alero

Portugal apunta hacia un 'Frente Popular' y marca tendencia para el 20-D en España

El pre­si­dente Cavaco Silva aún po­dría nom­brar un go­bierno de ges­tión en sus­ti­tu­ción de Passos Coelho

Repsol explorará en 2015 el Algarve portugués en busca de reservas ...
Calvaco Silva con el presidente de Repsol.

Por mucho que duela a la co­li­ga­ción de centro de­recha PSD-CDS, que los 4 úl­timos años go­bernó el país con ma­yoría ab­so­luta y que en las le­gis­la­tivas del 4 de oc­tubre aun ob­tuvo una ma­yoría re­la­tiva, y más aún quizás al pre­si­dente de la República Cavaco Silva, que fue ele­gido dos veces por una ma­yoría con­ser­va­dora y que tiene alergia a los co­mu­nis­tas, Portugal será go­ber­nado por un “Frente Popular” de iz­quier­das. Lisboa marca ten­dencia en Europa y hace bueno el dicho cas­te­llano: cuando las barbas del ve­cino veas..."

El paso decisivo fue dado este martes en el Parlamento luso, donde el Partido Socialista (PS), el Bloco de Esquerda (BE) y el Partido Comunista (PCP), que unidos suman mayoría absoluta, firmaron un pacto por cuatro años y rechazaron el programa del nuevo gobierno formado por Passos Coelho y que había sido investido por Cavaco Silva hace apenas once días.

No será la primera vez, en cuatro décadas de democracia, o sea desde la “Revolución de los Claveles” (25 de Abril 1974) que puso fin a otras tantas décadas de dictadura salazarista, que el PCP tendrá voz y voto en la dirección del país vecino. Lo mismo pasó, pero en moldes muy distintos, en los años 1974-1975, durante la fase del PREC (proceso revolucionario en curso), cuando el país estuvo al borde de la guerra civil y el líder histórico del PS, Mário Soares, se puso al frente de una cruzada nacional anti-comunista.

Desde entonces, el PCP quedó marginado de la vida política nacional, también porque no llegó nunca a cortar el cordón umbilical con el entonces hermano mayor soviético. Por ello, el pacto firmado ahora con el PS marca un cambio radical.

De hecho, aunque cuente con la firma del PCP para garantizar la “estabilidad política” exigida por Cavaco Silva para investir a un gobierno minoritario, que deberá además respectar las grandes opciones estratégicas nacionales como la pertenencia a la UE, al Euro y a la OTAN, no habrá ministros comunistas sino solo socialistas.

Sin embargo, queda por saber hasta donde el PS podrá tirar de la cuerda sin poner en riesgo el 'frente popular': el programa de gobierno deberá ser negociado todos los años, y muchos “dossiers” polémicos quedaran fuera del “pacto de legislatura”, empezando por la privatización de la aerolínea de bandera TAP y la venta del Novo Banco que concentra los “activos buenos” del fallido Banco Espirito Santo.

Privatizaciones en el alero

En relación con TAP, el gobierno minoritario socialista será fuertemente presionado por sus socios de izquierda, muy críticos con la venta de 61% del capital al consorcio luso brasileño Atlantic Gateway, y cuyo proceso no está aun completamente cerrado.

La alternativa que se baraja es que el Estado pueda mantener una participación mayoritaria, del 51%, pero habría que convencer Bruselas, lo que se anuncia muy complicado. Con Nuevo Banco pasa más de lo mismo: habrá que relanzar el proceso de venta, pero el Estado no sabe cómo recuperar los 3.900 millones que prestó al Fondo de Resolución controlado por la gran banca, que puso otros 1.000 millones y rechaza ahora poner más dinero para salvar el sucesor del BES.

Los sindicatos y el PCP apuestan también muy fuerte a favor de la recuperación de las concesiones de los transportes públicos urbanos de Lisboa y Oporto que han sido adjudicadas principalmente a Avanza, Alsa y Transdev.

Uno de los más críticos con las decisiones tomadas al respecto por el gobierno de Passos Coelho, fue Antonio Costa, que cuando aún presidia el Ayuntamiento de Lisboa hizo todo lo que pudo (sin éxito) para impedir la entrega de la gestión de los transportes públicos a Avanza. Para la izquierda, los transportes urbanos “no son una mercancía sino un derecho de los ciudadanos”, con que todo pinta mal para Avanza y Alsa.

En todo o caso, si Cavaco Silva decide al final acatar la decisión de la mayoría absoluta de los diputados hostiles a la coligación de centro derecha PSD-CDS y favorable al pacto PS-BE-PCP, en lugar de intentar imponer, a punto ya de dejar la presidencia (su segundo y último mandato expira en Enero), un “gobierno de gestión” que sería rechazado por el Parlamento y solo traería inestabilidad política, Portugal volverá a acaparar la mirada internacional.

Ya lo dijo Mariano Rajoy: no le gusta lo que pasa en Portugal, y de cara a las legislativas españolas del 20 de diciembre, advierte que al contrario del PS portugués, que fue el segundo partido más votado el 4 de octubre, el PP solo aceptará formar gobierno si gana las elecciones.

Pragmatismo empresarial

Sin embargo, la fuerte crispación que se advierte en los medios más conservadores lusos, donde se habla de “operación antidemocrática” y hasta de “golpe de Estado”, no alcanza los medios financieros y empresariales, donde predomina el pragmatismo. Buena prueba de ello, es la reacción nada alarmista de los empresarios y también la de los mercados: la bolsa de Lisboa lleva días perdiendo terreno, pero en la misma línea que las bolsas internacionales, y lo mismo pasa con las tasas aplicadas a la deuda pública portuguesa, que siguen prácticamente en mínimos históricos, teniendo también en cuenta la recuperación económica alcanzada los últimos tiempos y que según Bruselas y el FMI mantendrá el mismo ritmo los próximos años.

Hasta el punto que el programa de gobierno pactado entre el PS, el BE y el PCE mejora en algunos aspectos las previsiones más optimistas tanto de la coligación conservadora PSD-CDS, como de Bruselas.

Así, el líder socialista Antonio Costa garantiza que pese a la nueva política social anunciada, que tras la dura cura de austeridad aplicada los últimos cuatro años por el gobierno de Passos Coelho, siempre bajo la supervisión de la “troika” FMI/BCE/UE, supondrá un fuerte incremento del gasto público en pensiones, salarios de funcionarios, salud pública, educación, etc., el déficit presupuestario bajará al 2,8% en 2016 (dos décimas menos de lo previsto para 2015), y que para final de la legislatura no representará más del 1,5%.

Para convencer el PCP y el BE a apoyar el gobierno minoritario del PS, Antonio Costa no tuvo más remedio que firmar compromisos sociales de gran calado, como una rápida recuperación del poder de compra de los salarios (principalmente en la administración pública), una nueva política fiscal más favorable a las rentas bajas, y muchas otras medidas del mismo calibre.

Subir salarios mínimos

Por ejemplo, el incremento del salario mínimo nacional, que no supera aun los 505 euros, pero que pasara a 530 euros en 2016, quedando después indexando a la inflación, con para final de la legislatura habrá alcanzado los 600 euros (+20%), o sea el equivalente del salario medio actual de más de 40% de los trabajadores portugueses por cuenta ajena.

Sin embargo, según se comenta en el PS, donde existe un fuerte sector favorable a las alianzas tradicionales del partido tanto al centro como a la derecha, lo último que hará Antonio Costa, aunque ello suponga poner en riesgo la alianza con el BE y con el PCP y la estabilidad política, será perder el sentido de la realidad.

O sea, nadie contempla en serio que el probable próximo gobierno minoritario socialista caerá en la tentación de seguir el ejemplo griego de Syriza, que tras los devaneos iniciales de Alexis Tsipras (renegociación de la deuda pública, salida de la OTAN y una ola impresionante de mejoras sociales, aumentos de salarios, etc.) no tuvo más remedio que volver a las urnas rebajando fuertemente sus promesas electorales.

Lo que piden los portugueses ahora, tras cuatro años de austeridad, es una vuelta progresiva a la normalidad, apoyada en la recuperación económica iniciada en 2014 (+0,9%), confirmada en 2015 (+1,7%) y que podrá incrementarse en 2017. Sin embargo, el FMI ya advierte que no cabe esperar ningún milagro: Portugal llevará muchos años, hasta final de la década, solo para recuperar todo el terreno perdido desde la crisis de la deuda y bajo el paraguas de la “troika”.

De momento, solo la tasa de paro (11,9%) volvió al nivel del 2011, pero desde entonces el número de portugueses que salieron del país supera una media anual de 100.000, con que los emigrantes superan los dos millones, representando ya más de 20% de la población nacional.

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