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¿A qué demonios juega Artur Mas, a ser Milosevic, Mladic, Hashim Thaçi o quién?

Su sueño de hacer de Cataluña un nuevo Kosovo es un ho­rror que acaba de frenar la Unesco

Artur Mas
Artur Mas

Es una pe­sa­dilla porque la guerra de Kosovo costó un in­con­table nú­mero de vidas sobre cuyo nú­mero to­davía no hay con­senso per que se mide en mi­les. Igual que se cuentan por cientos de miles los des­pla­za­dos, re­fu­giados y ex­pul­sa­dos. Y lo mismo que son bas­tantes cen­te­nares los ase­si­natos en ma­sa­cres de lim­pieza ét­nica. Por ambas par­tes: tanto los ‘puros’ ser­bios como los ko­so­vares de re­li­gión mu­sul­mana que, por cierto, en estos tiempos están siendo can­tera de re­fresco para el Estado Islámico.

Fue todo un horror la guerra de Kosovo hace más de 15 años. Una guerra más en los miles de años de esta Europa civilizada que todavía no ha hecho del todo las paces consigo misma y en la que a cada paso hay algún país o región que lo quiere poner todo patas arriba. Fue cuando hasta Javier Solana no sabía dónde esconderse y se tapaba el rostro con la mano mientras la OTAN bombardeaba Belgrado. Fue el intento occidental por acabar con los crímenes de guerra y que por acabar acabó hasta con la embarazosa destrucción de la embajada china.

Más de un año duró aquel conflicto en 1998-1999, que todavía se alarga en despachos y foros internacionales. Por sarcasmos de la vida, este lunes 9 de noviembre en el que el Parlament catalán se saltó la ley, se dividió a sí mismo y a los catalanes, se encastilló contra el resto de los españoles y entro no en zona de penumbra sino de flagrantes delitos de sedición y subversión, ha sido histórico. Y también histérico. Y desde luego, histriónico.

Porque este lunes, pese a Artur Mas, Raül Romeva y demás heraldos de la Tierra Prometida, ni siquiera llegará a ser una nota a pie de página en la Historia. La prensa internacional presta atención este martes, claro que sí, pero en el mundo hay demasiados problemas como para preocuparse demasiado de los delirios lisérgicos de unos cuantos que no tienen respeto alguno a la opinión de la mayoría y mienten descaradamente.

Esa prensa convencional y digital registra el alcance del desafío catalán y la pachorra, todavía, de Rajoy y el Gobierno ante la inaudita desfachatez de cómo el 53,33% de diputados, que representan al 47,74% de los catalanes, fuerzan y retuercen la voluntad del 46,66% de escaños y el 52,26% de ciudadanos. Unos números que en ninguna parte del mundo han avalado nunca una secesión, a no ser por la violencia.

Pero este lunes 9 de noviembre hay cosas mucho más serias fuera del histrionismo y la demencia que se produjo en Barcelona. El mundo ha recordado la trascendental efeméride de 1989, cuando cayó el Muro de Berlín, algo mucho más serio que los amaneramientos de Romeva y los suyos. Y ha honrado el Día del Recuerdo o del Armisticio, celebrado con dos días de adelanto para conmemorar solemnemente a los caídos en la I Guerra Mundial y demás conflictos bélicos del siglo XX. Bueno, lo han recordado todos menos el líder laborista británico Jeremy Corbyn, como se cuenta en el Resumen, aquí al lado.

Y este lunes 9 de noviembre también se ha evocado con emoción la fatídica y espeluznante Reichskristalllnacht o Noche de los Cristales Rotos de 1938, cuando los enloquecidos nazis arrasaron en Berlín las propiedades judías y sus centros de culto. Un día para la vergüenza, y habría que estudiar por qué lo eligió Artur Mas para su butifarrendum el año pasado y para su conspiración para la sedición este año. Aunque para ello habría que penetrar en la mente y el alma del personaje, si es que las tiene.

Por fin, este mismo lunes 9 de noviembre de 2015, la Unesco ha rechazado el intento de Kosovo de ser admitido como miembro de la Unesco. Necesitaba 94 votos y sólo ha obtenido 92. Los noes fueron 50, y las abstenciones 29. La lección fundamental: que la política del hecho consumado no es válida en el mundo de hoy a no ser que la impongas. Como ha hecho Putin con Ucrania, lamentablemente. Por desgracia para Kosovo, Putin está en contra, aunque EEUU y otros estén a favor.

En Kosovo, en realidad, no hay buenos y malos. Ha habido mucha violencia, mucha violación de derechos humanos (y no sólo de derechos). Ha habido crímenes de guerra, crímenes contra la Humanidad, genocidio, matanzas sin cuento, limpieza étnica, enterramientos masivos en fosas comunes. La guerra sólo separó a las partes, y Kosovo fue protegido por un mandato de la ONU. En 2008 declaró unilateralmente la independencia, y 111 países la han reconocido. Pero a no ser que haya un acuerdo, el veto de Rusia impedirá su acceso a la comunidad internacional como ha ocurrido con su entrada por la puerta falsa de la Unesco.

Esa puerta de atrás figura en el plan B, C o D de Artur Mas y los suyos en su locura onanista al margen de la mayoría de los catalanes. Ya lo decía el president en 2013: ‘Desde el Govern estamos a favor del reconocimiento de Kosovo porque entendemos que los procesos democráticos se tienen que tener presentes, ya que la democracia es la base de todo y pasa por respetar la voluntad expresada por los ciudadanos’.

Claro que también puede haer un plan E, F o Z. Roger Albinyana, que exhibe el pomposo y fantoche título de secretrio de Asuntos Exteriores y de la Unión Europea de la (todavía no República) Generalitar catalana, se cree haber ganado el sueldo porque el Consejo Federal de Suiza ha dicho que no entra en cuestiones internas de España. Quiere hacer creer que eso es un paso adelante. Va listo. Y a seguir cobrando.

De modo que en el día después del 9 de noviembre de 2015, en este 10 de noviembre, Artur Mas debe dejar de mentir porque no tiene mayoría y por mucho que quiera no va a engañar al mundo: lo que ocurrió ayer es que el 53,33% de diputados, que representan al47,74% de los catalanes, quisieron forzar y forzaron la voluntad del 46,66% de diputados y el 52,26% de ciudadanos. Unos números que en ninguna parte del mundo han avalado nunca una secesión, a no ser por la violencia.

También debe dejar de hacerse la víctima, porque los únicos perjudicados son los demás catalanes no secesionistas, que son mayoría; debe dejar de acusar al Estado de ‘intolerancia’ y ‘seudodemocracia’, porque por ejemplo en Madrid hay rótulos en comercios en docenas de idiomas y en Cataluña multan si no se escriben en catalán, como corresponde a la mejor tradición soviética.

Lo que debe pensar, si puede, y hacer, si es persona, es decidir quién es: un político español de Cataluña o el dictador serbio Milosevic, el carnicero también serbio Mladic o el líder del Ejército de Liberación de Kosovo Hashim Thaçi, tampoco una hermanita de la caridad. Por lo demás, no tienen los votos: ni Artur Mas ni los secuaces que ayer perpetraron el lamentable sainete en el Parlamente. Y por no tener, no tienen ni la razón ni vergüenza: al margen del resto de los españoles, ¿quiénes son ellos para imponer a su antojo una locura a la mayoría de sus ciudadanos? Son eso, locos déspotas.

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