Desde su marcha de YPF, busca una opor­tu­nidad en el mer­cado pero sin prisa ni pre­sión

Repsol decidirá sobre Gas Natural Fenosa una vez que cierre una operación de compra

Estaría dis­puesta a en­deu­darse si le re­sulta más ren­table y man­ten­dría el 30% de la ga­sista

Antonio Brufau junto a Josu Imaz
Antonio Brufau junto a Josu Imaz

Repsol man­tiene en la re­cá­mara la par­ti­ci­pa­ción ac­cio­na­rial que posee en Gas Natural Fenosa -un 30% del ca­pi­tal- para una gran compra que le surja y en la que les re­sulte más in­tere­sante des­in­vertir y hacer caja antes que en­deu­darse. Por eso, de mo­mento, la com­pañía que pre­side Antonio Brufau ha desechado la idea de salir de la em­presa en la que, des­pués de CaixaBank, que con­trola un 35%, es el se­gundo mayor ac­cio­nista.

Ahora bien, si surge una operación importante, la petrolera venderá su participación siempre que el coste del dinero sea elevado y afecte a su balance. La capitalización bursátil de GNF asciende actualmente a 23.500 millones de euros, con lo que el 30% le reportaría unos ingresos mínimos de más de 7.000 millones.

El actual equipo directivo de Repsol se mueve sobre esta idea y así se lo ha transmitido a los tres principales accionistas de la petrolera: Caixabank (11,89%), Sacyr (9,05%) y el fondo de inversión Temasek (6,14%). El 72,92% restante figura como capital flotante en Bolsa. Desde la salida forzosa de YPF y su liquidación, la petrolera está buscando dar un golpe importante donde invertir pero todavía sigue deshojando la margarita. El proyecto reciente por el que Repsol apostaba para entrar en la canadiense Talisman Energy no acaba de cuajar y, por ahora, se mantiene en el congelador. A finales de julio, ambas empresas reconocieron que existían conversaciones pero desde entonces parece paralizado.

La petrolera española dispone en caja de 6.500 millones de euros para invertir después de haber ingresado unos 4.639 millones por su salida de la petrolera argentina y otros 3.118 millones por la venta del GNL. De esta cantidad, Repsol repartió 1.324 millones de euros entre sus accionistas como reparto de dividendo extraordinario. Por lo tanto, Repsol tendría ahora mismo 6.500 millones de euros listos para invertir en cualquier operación que surgiera, sin tener que tocar parea nada el paquete que posee en Gas Natural Fenosa.

Valor significativo

Esta participación le es muy interesante por el valor que en cualquier momento puede sacar de ello aunque no le supone nada más que eso. En una palabra, es un activo que, para Repsol es muy interesante pero del que, antes o después, se va a desprender. Tanto el presidente de La Caixa, Isidro Fainé, como los dos máximos responsables de Gas Natural, Salvador Gabarró (presidente) y Rafael Villaseca (consejero delegado), lo saben.

De hecho, está pactado que Repsol decidirá lo más conveniente para la petrolera si de pronto aparece una operación de envergadura que quiera realizar. Es decir, todo dependerá del volumen de dinero a desembolsar. La compañía que preside Antonio Brufau ha estado analizando la petrolera Talisman Energy, empresa canadiense, como una de las probables opciones para entrar en el capital cuyo valor de mercado supera los 10.000 millones de dólares, unos 7.500 millones de euros.

Cuando surgieron los rumores de una posible negociación, la compañía tuvo que enviar una nota a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en la que la petrolera manifestaba que, “según ha venido manifestando en los últimos meses, dentro del marco de su gestión dinámica permanente del portfolio de negocios, está estudiando diferentes transacciones en el área de exploración y producción”. La empresa admitía que existían negociaciones pero dejaba claro que estaba analizando también otros proyectos. Esto ocurría en el mes de julio y, a finales de agosto, se daban por aplazadas las conversaciones.

Antes o después, Repsol cerrará una operación y sus propios directivos no lo ocultan. El director financiero Miguel Martínez, lo ha reconocido abiertamente: “la empresa está buscando destinos que ofrezcan una plataforma de crecimiento para Repsol”. Y es que, tras la salida forzada de YPF y la venta del negocio del gas natural licuado a la multinacional angloholandesa Shell, la petrolera española está obligada a adquirir activos que le permitan reconstruir su cuenta de resultados.

Asignatura pendiente

Es también una de las asignaturas pendientes que tiene por ejecutar el consejero delegado, Josu Jon Imaz. De hecho, su nombramiento se contemplaba como una apuesta firme de la compañía en su nueva estrategia de la compañía. De él dependen las áreas industriales y la estrategia por lo que es quien debe dar del OK. Cuando se produjo el nombramiento de Imaz a finales de abril pasado, la compañía dijo que los cambios organizativos que se producían entonces, se realizaban “en el momento oportuno, una vez conseguida una compensación adecuada por la expropiación de YPF y en el que Repsol se encuentra en una posición óptima para encaminar una nueva etapa de expansión”.

Tras lo ocurrido con YPF, lo que sí está midiendo muy bien Repsol son los pasos a dar. En la empresa no se quiere vivir otra situación como la que han sufrido en Argentina y en el yacimiento de Vaca Muerta donde, después de hacer todas las inversiones, se produce la expropiación del mismo. Por eso, todo está siendo muy bien analizado, tanto desde el lado político como de la viabilidad misma de la operación. Brufau y su equipo no quieren entrar en ningún país donde los gobiernos no sean estables y que conlleven riesgos de nacionalizaciones posteriores.

Lo que sí necesita Repsol es reequilibrar su negocio y limitar en la medida de lo posible el peso del refino en la empresa. La actividad de refino es importante pero actualmente se están cerrando varias refinerías en Europa debido a que la demanda está cayendo. Lo que Repsol necesita, según los expertos, es ampliar su campo de exploración y producción, un área donde la petrolera ha quedado más debilitada, es decir reconstruir su portfolio en producción y exploración, tal y como lo ha reconocido el propio Brufau.

Aparte de las condiciones que el presidente y su equipo se han impuesto para comprar, que sea una empresa dentro de la OCDE, es que la inversión que realicen genere beneficios inmediatos y que aporte valor a la cuenta de resultados. Este tipo de activos, según el director financiero, “está caro”, y es complicado encontrar en el mercado. La idea sobre la que trabajan es que como mínimo las inversiones que realicen generen una rentabilidad mínima anual del 8%, por lo que está resultando complicado encontrar una operación que cumpla con estos dos requisitos: estabilidad política del país y que genere cash desde el primer momento que se cierre la operación. Un problema: encontrar un proyecto que aporte estas dos exigencias es complicado. Por eso, el gran bombazo de Repsol está tardando en llegar.

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