Un 30% del grupo se po­dría vender por no menos de 4.500 mi­llones de euros

El Corte Inglés saldaría toda su deuda saliendo a Bolsa sin ni siquiera perder el control

El fa­lle­ci­miento de Isidoro Álvarez y la lle­gada de Manuel Pizarro ace­leran las de­ci­siones

Fallece Isidoro Álvarez, presidente de los almacenes El Corte ...
Fallece Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Inglés

El fa­lle­ci­miento se Isidoro Álvarez y el nom­bra­miento hace pocas se­manas de Manuel Pizarro como nú­mero dos de El Corte Inglés abren la ex­pec­ta­tiva de que la ca­dena de grandes al­ma­cenes salga fi­nal­mente a Bolsa. Actualmente es la única gran em­presa es­pañola de las que es­tán, por ejem­plo, en el Consejo Empresarial para la Competitividad que no está en el mer­cado bur­sá­til. Su puesta en valor en la Bolsa aca­baría de un plu­mazo con las con­se­cuen­cias que le ha aca­rreado la crisis y pon­dría al grupo en si­tua­ción de partir de cero ante la pre­vi­sible re­cu­pe­ra­ción eco­nó­mica.

El Corte Inglés no puede permanecer mucho más tiempo separado, al menos formalmente, de la sociedad financiera y económica por el muro que ha construido durante muchos años. Con los bancos mantiene una relación fluida desde hace pocos años (los de la crisis), porque su apalancamiento financiero necesitaba la colaboración de las entidades bancarias para superar los malos momentos.

La salida a Bolsa del grupo, que siempre ha sido una especie de tabú, parece que comienza a romperse. Las cifras le darían la razón, pero eso le llevaría también a un cambio sin precedentes en su historia. Podría liquidar sus préstamos bancarios, lo que le devolvería a la tranquilidad de antaño, pero a cambio tendría que retratarse cada trimestre con informes económicos que nunca han presentado en público.

Con Isidoro Álvarez desaparece el último eslabón entre Ramón Areces, fundador del grupo, y la cadena de mando de El Corte Inglés. A partir de ahora se abre un nuevo tiempo. Ante el precario estado de salud del fallecido presidente, la Junta General de El Corte Inglés de 2013 nombró a Dimas Gimeno Álvarez, sobrino del presidente, como nuevo consejero director general de la firma. Con 41 años es el más claro candidato a suceder a su tío, con el que ha trabajado durante más de una década. Pero Manuel Pizarro, que hace tan sólo dos semanas fue nombrado adjunto a la presidencia del grupo, puede ser el que haga de hombre bueno para romper las reticencias de la Fundación Ramón Areces y sacar al mercado parte del más del 50% del capital de El Corte Inglés que se le supone.

Fuentes del mercado señalan que entre la Fundación Ramón Areces y la familia de Isidoro Álvarez podrían sumar en torno a un 70% del capital de El Corte Inglés, a razón de un 55% en manos de la fundación y un 15% en el entorno de la familia del fallecido Isidoro Álvarez. Si a eso se suman las acciones que la propia empresa controla y que están en manos de los empleados, lo cierto es que podrían poner en Bolsa no menos del 30% de las acciones del grupo sin perder el control de la gestión ni sus métodos de reparto de la propiedad. Además, mejoraría sus resultados y les dejaría las manos libres para gestionar su patrimonio inmobiliario.

La deuda financiera de El Corte Inglés a finales de 2013 rozaba los 5.000 millones de euros, que habían sido refinanciados pocos meses antes, mediante un préstamo sindicado con 27 bancos comandados por el Santander. La valoración del grupo siempre ha sido uno de los grandes misterios de la economía nacional, aunque hay pistas que pueden ayudar a ver cuánto vale. En 2008, a raíz de unos juicios por un litigio en torno al precio de valoración de acciones, varios informes periciales pusieron de manifiesto que El Corte Inglés valdría entre 14.000 y 16.000 millones de euros, es decir, entre un 20% y un 33% más de lo que el Gobierno ha puesto como valor máximo de Aena para privatizarla.

La crisis ha hecho mella entre medias y El Corte Inglés ha vendido la mitad de su financiera, la que controla las tarjetas, precisamente al Santander. También ha vendido algún inmueble para salvar situaciones de apuro de tesorería, pero el conjunto de edificios que mantiene bajo su propiedad en este momento tienen un valor de tasación del entorno de los 18.000 millones de euros. Los recursos propios declarados por el grupo al Registro Mercantil ascienden a finales de 2013 a 8.890 millones de euros y la facturación se elevaba a 14.292 millones.

Con Las cifras internacionales en la mano y los números de El Corte Inglés, una valoración de salida a Bolsa de dos veces su valor en libros no estaría, ni mucho menos, fuera de mercado. Eso daría como cifra inicial casi 18.000 millones de euros, que son más de lo que los informes periciales le daban hace seis años. Como su apalancamiento financiero está resuelto hasta 2021 con la última refinanciación, nada tendría de extraño que la horquilla de una supuesta Operación de Venta de Acciones (OPV) estuviera en ese entorno de precios.

Desde el punto de vista de los vendedores, la puesta en el marcado del 30% de las acciones de El Corte Inglés les reportaría unos ingresos que oscilarían, según las valoraciones que se han hecho del grupo, entre los 4.500 y los 5.400 millones de euros. En el acuerdo refinanciación de deuda que firmó el grupo en 2013 se preveía entre otras cosas la devolución anticipada de 600 millones de euros a los bancos a lo largo de 2014, cosa que no tendrá dificultades en realizar si se suma el dinero obtenido por la venta de la mitad de su financiera al Santander (280 millones) y lo que ha logrado con ventas de activos financieros e inmobiliarios.

Todo ello significa que la deuda a saldar con la banca sería en estos momentos de unos 4.400 millones de euros, que quedarían cubiertos sin más problemas por una hipotética puesta en el mercado de sólo un 30% del capital de El Corte Inglés, lo que dejaría en manos de sus gestores la dirección del grupo, ya que tendrían una participación de control suficiente. Sin deuda pendiente de pagar a los bancos, la capacidad de financiación de las compras de los clientes también mejoraría, a pesar de que esas decisiones debe tomarlas ahora de acuerdo con el Banco Santander.

Por otra parte, Los intereses pactados con el sindicato de bancos para la renegociación de la deuda le suponen al grupo el pago anual de entre 175 y 200 millones anuales en intereses durante los próximos años, lo que dificulta un impulso definitivo de sus beneficios, ya que el margen sobre ventas sigue siendo muy reducido debido a la caída del consumo. Una buena perspectiva es comparar ese gasto en intereses con los 174 millones que obtuvo como beneficio en 2013. Sin el coste financiero podría doblarlo sin mayor esfuerzo comercial.

Artículos relacionados