La fa­milia se ha em­bol­sado 92 mi­llones de euros en me­tá­lico y ahora se be­ne­fi­ciará de una re­duc­ción de ca­pital

Los Del Pino repiten en Ferrovial el milagro de los panes de Florentino Pérez en ACS

Derrochan en apenas ocho días en com­pras de au­to­car­tera el 34% de lo que aho­rraron con el di­vi­dendo fle­xible

Rafael del Pino y Calvo Sotelo
Rafael del Pino y Calvo Sotelo

La fa­milia Del Pino y Calvo-Sotelo, pro­pie­taria de la ma­yoría del ca­pital de Ferrovial, se ha apun­tado a la es­tra­tegia se­guida du­rante los úl­timos años por el pre­si­dente de ACS, Florentino Pérez, de co­brar el di­vi­dendo en me­tá­lico y luego re­ducir ca­pital para se­guir man­te­niendo el por­cen­taje de ac­ciones de la so­cie­dad. Esa vía, de­fen­dida por sus pro­ta­go­nistas como un apoyo a los ac­cio­nis­tas, lo que su­pone de hecho es que quienes co­bran en me­tá­lico per­ciben el di­vi­dendo dos ve­ces, mien­tras que quienes optan por las ac­ciones (los mi­no­ri­ta­rios en su gran ma­yo­ría) si­guen so­me­tidos al riesgo de la co­ti­za­ción para lle­varse al bol­sillo su parte del be­ne­fi­cio.

Además, la estrategia exige dedicar dinero en efectivo de la empresa a la recompra de acciones en el mercado para amortizarlas después. Ferrovial, por ejemplo, se ha gastado en diez días casi el 40% del ahorro de caja que logró con el dividendo flexible repartido en julio. La polémica continúa y va en aumento.

El pasado 28 de julio, Ferrovial daba cuenta del acuerdo de su consejo de administración mediante el cual se ponía en marcha un programa de recompra de acciones propias de la sociedad. El plan, según la empresa, se lleva a cabo “con la finalidad de reducir el capital social de Ferrovial mediante amortización de acciones propias, siendo la finalidad de tal reducción de capital coadyuvar a la política de retribución al accionista de la sociedad mediante el incremento del beneficio por acción.

El programa de recompra, además de ser el cauce para adquirir las acciones objeto de amortización, favorece la liquidez de la acción”. Aparte de la manifiestamente mejorable redacción del párrafo de la comunicación oficial, lo cierto es que el incremento del beneficio por acción favorece a unos más que a otros y que el apoyo a la liquidez de la acción es una forma de lograr que el precio no caiga. Es lo que toda la vida se ha llamado sujetar el valor.

Este tipo de estrategia fue puesto en marcha de forma estricta por Florentino Pérez en ACS hace ya dos años, cuando se apuntó a la moda del dividendo flexible como forma de ahorrar caja. Hasta 2009, ACS tenía por costumbre hacer reducciones de capital más o menos periódicas como forma de retribución adicional a los accionistas. Es cierto que en otros mercados bursátiles, sobre todo en los anglosajones, las empresas hacen de vez de en cuando este tipo de operaciones cuya finalidad es doble: por una parte aumentan el beneficio distribuible por acción al disminuir el número de títulos, y por otro sostienen la cotización que suele verse afectada a la baja cada vez que culmina un proceso de reparto de dividendo.

Siempre ha sido polémico que las empresas dediquen parte de su caja a comprar acciones propias en lugar de dedicarlo al crecimiento de la propia sociedad mediante un aumento de las inversiones, pero lo ha sido mucho más cuando en esas empresas hay accionistas de control que tienen una parte importante del capital.

Pues bien, a partir de 2012, cuando ACS entró a formar parte de la larga lista de sociedades cotizadas españolas que reparten el dividendo flexible (en efectivo o en acciones), Florentino Pérez inició una estrategia mediante la cual él mismo y el resto de los grandes accionistas de referencia de la empresa, entre los que se encuentran Los Albertos (Alberto Alcocer y Alberto Cortina) y la familia March, cobran el dividendo en metálico pero no ven diluida su participación en la sociedad porque después se realiza una reducción de capital exactamente igual al aumento necesario para satisfacer el pago en acciones a los accionistas que hayan optado por esta vía para percibir su dividendo.

ACS contaba con un capital social repartido en 314,66 millones de acciones. Dicha cantidad aumentó de golpe cuando en julio de 2013 culminó el primer reparto de dividendo flexible (con cargo al beneficio de 2012) que obligó a la sociedad a emitir 7.853.637 nuevos títulos. Justo dos meses después, ACS realizaba una reducción de capital exactamente por el mismo número de acciones.

Esta forma de actuar se ha vuelto a repetir entre febrero y marzo de este mismo 2014, cuando la sociedad aumentó su capital en 2.562.846 acciones y cuatro semanas después realizó una reducción de capital por el mismo número exacto de títulos. Ahora, con el último reparto de dividendo flexible, ACS ha vuelto a ver aumentar su número de acciones en 3.875.019 títulos. Pero en septiembre hará casi con toda probabilidad una reducción del mismo número de acciones.

De hecho tiene en autocartera 4.855.934 títulos que le permiten de sobra dicha reducción. Y además, la pasada semana se realizó una operación concertada sobre 700.000 títulos (está registrada el viernes día 8) que habrá que ver si no pasan a engrosar el número de acciones propias. Ferrovial, más nueva en estas lides, se ha visto obligada a emitir 5.911.393 acciones nuevas para pagar el dividendo en acciones a los accionistas que representan al 44,32% del capital.

Pero al igual que ocurre en ACS, los de referencia (la familia Del Pino y Calvo-Sotelo) primero han cobrado en metálico y después se preparan para llevar a cabo una reducción de capital. A diferencia de ACS, como nunca habían ejecutado esta estrategia, compraban y vendían acciones de la propia empresa pero no para quedárselas, sino para dar liquidez al valor.

En su última comunicación oficial, Ferrovial contaba con poco más de 45.000 acciones propias en autocartera, que no dan ni con mucho para contrarrestar la emisión de títulos nuevos por el dividendo flexible. Por ello ha comenzado un programa de recompra que en solo ocho días (entre el 30 de julio y el 7 de agosto) ha sumado a su autocartera 2.428.601 títulos propios.

Para financiar este aumento de la autocartera, Ferrovial ha gastado en estos ocho días 37,24 millones de euros, que equivalen exactamente al 39,4% del ahorro de caja que logró con el dividendo flexible. El 44,32% del capital de la sociedad que optó por cobrar en acciones ahorró a Ferrovial el desembolso de 94,6 millones de euros en metálico. Quienes cobraron en dinero, entre ellos los accionistas de referencia, obligaron a la sociedad a desembolsar 118,8 millones de euros.

Según los registros de la CNMV, la familia Del Pino y Calvo-Sotelo controlan en este momento el 43,207% del capital de Ferrovial, fundamentalmente a través de sociedades instrumentales, entre las que destaca Portman Baela S.L., seguida por Casa Grande Cartagena y Karlovy. Por ese porcentaje del capital les hubieran correspondido más de cinco millones de acciones nuevas, pero prefirieron cobrar en metálico 92 millones de euros. La familia sólo ha aumentado en poco más de 4.000 acciones su participación en la empresa, y de ellas más de 3.000 corresponden a la participación directa de Rafael Del Pino.

Con estas cifras en la mano, resulta que sólo el 12,4% del capital de Ferrovial (aparte de los accionistas de referencia) optaron por recibir el dividendo en metálico. Para todos ellos, incluidos la familia Del Pino y Calvo-Sotelo, esta opción les permite tener el dinero en el bolsillo y después, cuando se haga la reducción de capital, quedarse como estaban a efectos de participación, ya que la amortización de acciones eliminará el efecto dilución. Quienes hayan optado por cobrar en acciones también verán eliminado el efecto dilución con la reducción de capital, pero no tendrán el dinero en el bolsillo, sino que tendrán que vender títulos en el mercado para llevarse el metálico.

Según fuentes del mercado consultadas por Capitalmadrid, este comportamiento de muchos accionistas minoritarios tiene que ver con dos cosas: la inercia, que les lleva a seguir haciendo lo mismo todos los años guiados muchas veces por los bancos donde tienen depositados los títulos, y el efecto fiscal de la operación, que ahora se va a ver agravado. Cuando el dividendo se cobra en metálico hay que declararlo ese año en el IRPF. Si se cobra en acciones, no hay que declarar el dividendo hasta que se vendan las acciones recibidas en la ampliación, con lo que no solo se posterga el pago de impuestos sino que se abre la posibilidad de aplicar el beneficio obtenido con la venta a contrarrestar pérdidas de otras ventas de títulos.

Ahora, con la nueva reforma fiscal, la exención de tributar por IRPF de los 1.500 primeros euros recibidos como dividendos queda eliminada. Con ello se favorece que los pequeños accionistas opten por percibir la retribución en acciones y serán los grandes accionistas de referencia los que de hecho cobren dos veces: una en metálico y otra por la reducción de capital, y ello con dinero de la caja de las empresas ahorrado en una parte mediante la fórmula de dividendo flexible.

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