GEOPOLITICA

Nadie parece sacar lecciones para el proceso catalán

Las en­cuestas no au­guran la vic­toria de los in­de­pen­den­tistas es­co­ceses

Reflejo de las encuentas sobre el proces escocés
Reflejo de las encuentas sobre el proces escocés

Dos en­cuestas sobre el re­fe­réndum es­cocés del 18 de sep­tiem­bre, dadas a co­nocer en los cuatro úl­timos días, au­guran la ma­yoría para el “no a la in­de­pen­den­cia”. Cuando el cues­tio­nario in­tro­duce la va­riable de qué vo­taría Vd. en el caso de que Escocia me­jo­rase su au­to­go­bierno, la ven­taja del “no” se in­cre­menta.

La encuesta de Survation, publicada el día 11, da al “sí a la independencia” 41% de las respuestas, y al “no” el 46%. La encuesta se realizó entre 1.013 personas, de las que 13% dijeron estar indecisas. Si se descuenta el parecer de los indecisos, la divisoria se sitúa en el 47% a favor de la independencia y 53% en contra. La encuestadora señala, sin embargo, que los partidarios de la independencia han crecido desde la encuesta del mes anterior, en que eran el 39%.

La encuesta de ICM, publicada el 13 de julio y con 1.002 encuestados, da un 45% de “no a la independencia” y 41% al sí. El 21% de los consultados se muestran indecisos. Si se descuenta el parecer de éstos, el resultado es: 57% no, 43% sí.

Lo más sugestivo de la encuesta de ICM, sin embargo, es el débil apoyo a la independencia entre la gente joven: 30% en mayo de este año, mientras que el 52% de los jóvenes la rechaza. No obstante, este indicador revela que el apoyo a la independencia crece más rápidamente entre la gente joven que entre los mayores: hace un año aproximadamente, sólo el 18,8% de los jóvenes daban su apoyo a la independencia.

Descontados los indecisos, el rechazo a la independencia entre los jóvenes es hoy del 63% y los partidarios del “sí” el 37%. No parece probable, sin embargo, que este segmento de población favorable a la independencia cierre la brecha que les separa de los que se oponen, de aquí a septiembre. El aparente desapego de la juventud respecto de la independencia puede reflejar el temor a la pérdida del generoso sistema escocés de enseñanza y educación, y posiblemente también el rechazo a separarse de una cultura juvenil vibrante, como la del Reino Unido.

Gran preocupación causa también entre los jóvenes la pérdida de oportunidades en la Unión Europea, por lo menos durante el periodo en que una Escocia independiente debería mantenerse fuera mientras renegocia las condiciones de su reingreso. Cuenta también la desconfianza respecto de los cambios de opinión del liderazgo independentista sobre cuestiones de gran valor simbólico. Doctrinalmente republicano, el Partido Nacionalista Escocés ha dado a entender recientemente que sería aceptable que una Escocia independiente conservara en la jefatura del a la reina Isabel II.

La directriz principal de la campaña por el “sí” a la independencia es la insistencia en que una Escocia separada del Reino Unido gozaría poco después de un nivel de vida mucho más alto. El director de la campaña Yes Scotland, Blair Jenkins, no se desanima por los resultados no muy positivos de las dos encuestas: “El hallazgo más significativo… es que más de un quinto de los votantes dicen que todavía están indecisos, y sabemos que cuanta más gente oiga hablar de los beneficios de la independencia, más se moverán hacia el sí” (The Scotsman on Sunday).

La baza negociadora de Londres, de otorgar más poderes al parlamento escocés (sugerencia que se ha ido incrementando en las últimas semanas), parece surtir efecto. Por un lado refuerza la voluntad de unidad y por otro desincentiva la independencia. El 56% de los encuestados por ICM creen que después del referéndum se acelerará la devolución de poderes. El porcentaje de los que así lo creen en estos momentos representa un aumento del 7% respecto del último mes.

Entre lo utilitario y lo emocional

Qué conclusiones o paralelos se pueden sacar de esas tendencias escocesas para el caso específico de una consulta, legal o ilegal en Cataluña, es cuestión del máximo interés, que merecería estudios y análisis profesionales.

A ojos del observador de a pie, la idea más sugestiva del caso escocés podría ser que la expectativa de transferir más poderes a las instituciones catalanas moderaría el celo independentista. Sin embargo, aunque sugestiva, esta idea obedece a un cálculo utilitario desde el punto de vista socio-político, y no da cuenta del alto grado de adhesión emocional con que esta cuestión se vive entre amplias capas de la población catalana, especialmente entre los jóvenes. Como dice Josep Ramón Bosch, presidente de Sociedad Civil Catalana, el nuevo foro barcelonés de oposición al nacionalismo, “el independentismo ha robado el corazón de muchos catalanes”.

El hecho de que el presidente del gobierno vaya a recibir en La Moncloa, el lunes 14, a miembros de esa sociedad civil posiblemente indique que Rajoy está dispuesto a dar un nuevo estilo a su estrategia de oposición a la campaña independentista. Esa estrategia se ha basado hasta ahora en la constante y casi exclusiva referencia a los límites constitucionales que se oponen a la expresión política del independentismo y sus pretensiones, pero se ha privado de la posibilidad de estimular, apoyar, movilizar y transfundir entusiasmo a las capas sociales de la Cataluña no nacionalista.

La campaña independentista apela a los sentimientos, los excita mediante melodramáticas puestas en escena de la “voluntad popular” como las Diadas o los “numeritos” de poner grandes tapices con los rostros de líderes mundiales con la esperanza de que presten algunos segundos de atención a la fervorosa voluntad de independencia de muchos catalanes. En este sentido, constituye una derrota de las posiciones pro-unitarias la adhesión de los sindicatos mayoritarios a la campaña del “derecho a decidir”, so capa del cual derecho transcurre la masiva propaganda y las movilizaciones pro-independentistas.

Así, por negligencia o complicidad del liderazgo sindical, muchos trabajadores originarios del resto de España y catalanes de pura cepa se mantienen al margen del conflicto, como si la cosa no fuera con ellos ni con sus familias, o bien ven razonable y natural la supuesta expresión del derecho a decidir, pasando por alto lo que esta idea significa dentro de la estrategia independentista.

Otro instrumento de la línea defensiva de Rajoy que ya se muestra insuficiente, si no agotado, es el constante y repetitivo recurso al mundo de los negocios para que medien ante la Generalidad y transmitan el mensaje de que la separación sería perjudicial para sus intereses privados, así como para los de Cataluña.

Explotar esta línea da como resultado imprevisto el aparentemente indiferente comentario del embajador de los Estados Unidos en respuesta a la pregunta sobre la reacción de los negocios norteamericanos ante una posible independencia de Cataluña, insinuando que no les causaría mayor problema porque está en la esencia de la empresa capitalista acomodarse a las condiciones más novedosas o más adversas. Así que, ánimo, no le tengan miedo a la independencia.

Al igual que ya ocurre en Escocia, en España se acelerarán las propuestas de “devolution” con la esperanza de que se modere y reconduzca el proceso soberanista. En esta línea está la reforma federal de la constitución, tema esencial del programa del partido socialista. También el pacto fiscal, favorecido por el nuevo secretario general del partido socialista catalán, Miquel Iceta, así como su propuesta de que la Generalidad tenga competencias exclusivas en materia de lengua, educación y cultura.

Pero establecer paralelos y enseñanzas de los procesos soberanistas de Escocia y Cataluña necesitaría una atención más profesionalizada y constante. No basta esperar sentados a los resultados de la noche del próximo 18 de septiembre.

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