La hora de la verdad de Felipe VI

Su lle­gada al trono puede ser el re­vul­sivo que inicie el ca­mino de la re­cu­pe­ra­ción y es­ta­bi­lidad

Con las dos so­nadas re­nun­cias de los úl­timos días (la ab­di­ca­ción del Rey y la re­ti­rada pro­gre­siva del se­cre­tario ge­neral del PSOE) se abre una si­tua­ción po­lí­tica nueva en medio de una no­table in­cer­ti­dum­bre. Parece llegar a su fin el mo­delo po­lí­tico alum­brado por la transición que hace 40 años trans­formó el ré­gimen an­te­rior en una de­mo­cracia eu­ro­pea. La transición, es­bo­zada en prin­cipio por un puñado de per­so­na­li­dades del ré­gimen an­te­rior junto con al­gunos miem­bros de la in­te­li­gencia por deseo del en­tonces Príncipe Juan Carlos, se basó en la al­ter­nancia de un par­tido con­ser­vador y otro so­cial­de­mó­crata, si­guiendo el mo­delo eu­ropeo de la pos­guerra de 1945.

A primera vista podría parecer una repetición o un eco de la Restauración que en 1875 idearon Cánovas y Sagasta, pero nada más lejano a la similitud. Ahora, el nuevo sistema político era una democracia real, abierta a todas las tendencias, incluidos se los partidos nacionalistas de Cataluña y Euskadi y el partido comunista, que aceptó las reglas del juego a cambio de conseguir la legalización inmediata.

No obstante, el juego político se fue deteriorando porque la radicalidad en la calle y en las demandas políticas se fue imponiendo, en un ambiente enrarecido por los numerosos atentados mortales de ETA. La conmoción del 23-F hizo que las aguas volvieran al cauce de la moderación, aunque pronto hizo de nuevo su aparición las posiciones máximas, de manera más lenta en un primer momento y que ha tomado velocidad con la crisis económica.

La actual incertidumbre en la situación, a la que hay que añadir los errores personales y familiares del monarca, y el panorama de grave desestabilización que se vislumbra había que afrontarlos más bien antes que después. La llegada al trono de Felipe VI puede ser el revulsivo que inicie el camino de la recuperación y estabilidad.

Para alcanzar un nuevo consenso, Felipe VI tendrá que revivir las mejores virtudes de sus antepasados homónimos en el trono: la prestancia del primero de los Felipe, yerno de los reyes Católicos, Habsburgo de nacimiento, aunque completamente ajeno a la realidad de la naciente Corona de España y de sus gentes; la prudencia de la que se dice que hizo gala el segundo, pero con mucha más flexibilidad a la hora de tomar decisiones comprometidas; huir de la inutilidad e insignificancia del tercero, al que se puede tomar como antimodelo; medirse en el espejo de la cultura y refinamiento del cuarto, obviando algunas manías y supersticiones. Del quinto, y primer Borbón de la dinastía española, sus acertadas directrices ilustradas plasmadas luego en el lema de todo para el pueblo, por el pueblo y (la variante) de CON el pueblo; y no caer en su melancolía.

La situación es confusa y con grandes riesgos de caer en la inestabilidad:

-) Un Gobierno erosionado y apoyado por un partido que lo conforman en buena medida personas  con, tal vez , buenos conocimientos en sus especialidades, pero rancios en su apariencia y en su manera de llegar a la opinión pública. El principal candidato en las recientes elecciones europeas es una muestra de ello.

-) El PSOE, en la oposición y única alternativa, hoy por hoy, de gobierno se encuentra en franca descomposición, sin un dirigente competente a la vista y que pueda llevar al partido por la senda reformista del centro izquierda. Una parte relevante de la militancia sufre la tentación de rivalizar con los objetivos máximos de los partidos a su izquierda y de manera vergonzante, está entregada a ella. Rubalcaba es el último samurai con sentido del estado de un partido que contribuyó decisivamente a la democracia y al progreso del país político y económico durante la etapa de Felipe González. Trayectoria no mantenida, todo hay que decirlo, por el anterior presidente del gobierno, responsable con algunas de sus medidas de la presente situación. Por si fuera poco, en este momento no se ve con claridad la persona que podría enderezar el rumbo del partido.

En este punto, cabe plantearse si la regeneración del PSOE pasa por una confluencia del sector socialdemócrata con la UPyD, liderado por Rosa Díez, que lleva tiempo trabajando para ocupar ese espacio político, a tono con los demás partidos europeos de esa tendencia. En principio el acercamiento de posturas parece muy improbable.

-) La izquierda radical que ha planteado un desafío total al régimen en pos de una fantasmagórica república social, no tan lejana de la que Mussolini proclamó en plena guerra mundial o de las que se denominan bolivarianas en América del Sur. En este sector cabe incluir a la extrema izquierda que organiza los disturbios en un barrio de Burgos, en Madrid y Barcelona, así como los partidos independentistas radicales de Cataluña, Galicia y País Vasco (Bildu). Esta última, tácticamente callada en los últimos meses, al tiempo que la organización terrorista a la que representa en el plano político no acaba de disolverse, tal vez esperando una coyuntura favorable para el retorno.

-) El nacionalismo independentista catalán con dos patas, cada vez una más grande y fuerte (ERC) que la otra (CiU), pide con insistencia y altanería la rendición del Estado democrático a sus planteamientos que de forma táctica adjetiva como soberanistas. Es notable la difuminación del seny (la racionalidad y el buen sentido común) en que se ha inmerso una buena parte de la sociedad catalanista al abrazar la causa y las ideas maximalistas de ERC.

-) Los dos grandes sindicatos han desaparecido como tales y ahora promueven con una misma voz tareas políticas, que siguen la estela de la autodenominada izquierda plural.

-) Queda por último el PNV, liderado por Íñigo Urkullu, que en toda esta delicada y laberíntica coyuntura ha demostrado poseer un gran sentido del estado y ha sabido apartarse de las tentaciones radicales de su partido hace unos años. Quizá porque siente el aliento de Bildu y sus planteamientos desestabilizadores.

Hace tiempo que se sugiere una reforma constitucional como salida milagrosa a la crisis política, pero nadie ha propuesto un proyecto realista y global. La extrema izquierda y los independentistas proponen en ocasiones que desaparezcan del texto fundamental las referencias a la nación española, su indisolubilidad, el Ejército como garante de la unidad, la obligación de saber y hablar el idioma castellano, las fuerzas de seguridad como garantes del orden o la ampliación utópica hasta el infinito de los derechos sociales que ningún estado podría financiar.

El seny indica que no habría que apartarse del consenso plasmado en la Constitución de 1978, aunque se reformen algunas cosas. En las dos experiencias democratizadoras anteriores, la radicalización progresiva de las fuerzas progresistas desembocó en el desastre en la revolución de 1868, a pesar de sus buenas intenciones iniciales. En la II República ocurrió algo parecido, tenían en su mano su consolidación pero se cegaron, por ejemplo, con el deseo de erradicar a los grupos conservadores, incluida la moderada derecha republicana.

Los españoles tendemos históricamente a desear que surjan líderes por arte de magia para salir de los atolladeros y muchas veces nos hemos equivocado al creer verlos en personas poco idóneas para ese trabajo. Nunca pensamos que es a la sociedad a la que corresponde tomar al toro por los cuernos, entre otras cosas eligiendo a los representantes que no ofrecen quimeras irrealizables. Al fin y al cabo es el país de don Quijote y el de Sancho, es decir, ideales inalcanzables y seguimiento de adalides errados.

Pero también hay momentos en los que ambos protagonistas de la novela de Cervantes ofrecen, cada uno según su entender y saber, momentos de gran lucidez: los consejos del escudero convertido en gobernador de la ínsula Barataria o la renuncia de don Quijote a su imposible ideal caballeresco en las playas de Barcelona, momento en el que recuperó la razón que había perdido.

 

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