El BPI ya li­quidó la deuda con­traída con el Estado y el BCP lo hará pronto

La banca privada lusa anticipa la devolución de las ayudas estatales

El BES sigue en riesgo de re­querir la tu­tela del Estado

Banco Portugués de Investimiento
Banco Portugués de Investimiento

Los tres grandes bancos pri­vados lusos en­tran ahora en nueva fase. Para el Banco Comercial Portugués (BCP) y para el Banco Portugués de Investimento (BPI), que ocupan la pri­mera y la ter­cera po­si­ción res­pec­ti­va­mente y cuya ges­tión y es­tra­tegia es­tuvo los úl­timos anos bajo la tu­tela del Estado, todo suena a mú­sica ce­les­tial. Por el con­tra­rio, el Banco Espirito Santo (BES), un mo­delo de in­de­pen­dencia y de buena ges­tión du­rante dñe­ca­das, vive ahora una pe­sa­di­lla, con la ad­mi­sión de agu­jeros con­ta­bles im­pre­vistos y sa­cu­dido por lu­chas in­ternas por el po­der.

La reacción de los mercados es buena prueba de la nueva situación: solo la última semana, la holding Espirito Santo Financial Group (ESFG), que concentra las participaciones financieras de la Familia Espirito Santo, empezando por el 25% del BES, sufrió un descalabro en Bolsa, con una perdida histórica del 33%, y que en el caso del banco fue del 18%. Pero los analistas más pesimistas auguran que lo peor está todavía por venir: el riesgo de una intervención pura y dura del Banco de Portugal (BdP), que ha procedido a apartar a los Espirito Santo de la gestión del BES.

Con el BCP y el BPI, participados por entidades españolas, pasa todo contrario. Por errores de gestión y por culpa de la crisis, con el país sumido en la recesión, en 2012 han tenido que poner su gestión y su estrategia bajo la tutela del Estado, a cambio de ayudas estatales por un total de 4.500 millones de euros (3.000 y 1.500 millones, respectivamente) provenientes del plan de rescate de 78.000 millones, firmado con la "troika" FMI/BCE/UE. Ahora, sin embargo, sacan pecho de los esfuerzos de saneamiento realizados los dos últimos años, anticipando así la devolución de los préstamos estatales.

El BPI, que tiene a CaixaBank como principal accionista (controla el 46,2% del capital pero sin participación directa en la gestión), fue el primero en hacerlo. A toda ancho de paágina, en la prensa nacional, la entidad presidida por Fernando Ulrich explicaba las razones por las cuales decidió reembolsar al Estado con tres años de antelación, sin agotar el plazo máximo previsto de 2017, las ayudas recibidas.: Se trata de que el Estado no siga explotando el balance del BPI, exigiendo una tasa de interés del 8,6%, frente a los 3,3% que Portugal paga a la "troika" por el rescate.

De hecho, lo que hizo el Estado para ayudar la banca fue sacar un margen financiero de 5,3 puntos, con lo que desde 2012 el BPI financió al Estado con 167 millones de euros de intereses. Con el BCP, pasa más de lo mismo, y con magnitudes superiores (470 millones), con lo que decidió también anticipar la devolución de la ayuda estatal. El banco presidido por Nuno Amado ya devolvió 400 millones de euros, y anuncia un aumento de capital de 2.250 millones, tras el cual amortizará otros 1.850 millones, y prevé pagar los restantes 750 millones en 2015.

Según el BCP, la devolución anticipada de la ayuda estatal proveniente del plan de rescate, que reservó un total de 12.000 millones a la recapitalización del sistema financiero portugués (a cambio de instrumentos de capital contingente, los llamados "CoCos", sin derechos de voto), y cuya parte no utilizada quedará a disposición del Estado para financiar la deuda pública, representará para el banco un ahorro de costes medio anual de 180 millones entre 2014 y 2017, incrementando así el margen financiero del banco en más de 500 millones.

El aumento de capital del BdP supondrá la emisión de 34.900 millones de nuevas acciones, a un precio de 6,5 céntimos de euro, lo que representa un descuento del 34%. En línea por lo tanto con el descuento que el BES ofreció en su reciente aumento de capital (1.045 millones), que registró una demanda un 80% superior a la oferta. Lo cierto es que la reacción de los mercados colmó las expectativas del BCP, cuya acción ganó en una sola sesión un 13,56%.

Sin embargo, algunos analistas advierten que el momento escogido por el BCP para anticipar la devolución de 1.800 millones al Estado, reservando otros 400 millones para sanear y relanzar la actividad del banco, no ha sido el más oportuno. "Lo habitual en los mercados es una reducción de la liquidez a medida que se acercan las vacaciones del verano, y además los inversores institucionales empiezan a manifestar claros síntomas de saturación, ante la fiebre actual de operaciones del mismo tipo en Portugal (BES, Banif, BCP) y en otros países", se asegura en medios financieros.

Otro dato a tener muy en cuenta es que pese a los duros esfuerzos de saneamiento realizados en los últimos tiempos, queda aún mucho camino por recorrer. El BCP es buen ejemplo de ello: para el 2017 prevé tener 7.500 empleados y 700 oficinas, 2.500 y 700 menos, respectivamente, que antes de la crisis. Según Nuno Amado, queda aun por recorrer la tercera parte de la reestructuración prevista, y tras los 2.100 millones de euros de pérdidas acumuladas entre 2011 y 2013, no contempla volver a los beneficios antes del periodo 2016/2017.

En todo o caso, tanto en el BCP como el BPI encaran con confianza la llegada de los inspectores del BCE, con vista a los "testes de stress". El banco de Fernando Ulrich opera ya con un ratio de "common equity tier 1 de transición" del 12,1%, lo que representa un excedente de capital de 736 millones de euros, en relación con las exigencias del BCE (8%). La situación del BCP es similar, y prevé además que para 2017 habrá eliminado la dependencia que tiene del BCE (10.000 millones) y que el 100% del crédito será financiado con los depósitos de la clientela.

El Gobierno satisfecho

La devolución anticipada de las ayudas estatales al BCP y al BPI es también una muy buena noticia para el gobierno conservador luso, que dispondrá así de una margen de maniobra suplementar para financiar la deuda pública. Lo cierto es que pese a la decisión del Tribunal Constitucional hostil al recorte de las pensiones de los funcionarios, y tras haber renunciado al último tramo de la ayuda de la "troika" para no comprometer la presunta "salida limpia" del rescate, sin necesidad de "ayuda cautelar", el primer ministro Passos Coelho respira.

De hecho, incluyendo al pequeño Banif, que también recibió una ayuda de 1.100 millones, de los que ya devolvió 275 millones, el Estado habrá ingresado anticipadamente hasta final del año unos 4.000 millones de euros, lo que representa 71% de la ayuda concedida a la banca privada. Y para hacer frente a eventuales apuros financieros, o algún súbito "calentón" de los mercados, el gobierno dispondrá aun de una reserva suplementaria de 8.000 millones, o sea la parte de los 12.000 millones de la "troika" que no han sido utilizados por la banca.

Además de las ayudas al BCP, al BPI y al Banif, que han tenido que renunciar "sine die" a la distribución eventual de dividendos y han puesto en las manos del Estado la última decisión sobre nombramiento de consejeros y decisiones estratégicas como la venta de activos, hubo también que financiar al banco público Caixa Geral de Depósitos (CGD), que recibió 1.600 millones a fondo perdido, a cargo del Estado, que pese a algunas especulaciones en torno a una eventual operación de privatización parcial, controla todavía 100% del capital del banco.

Sin embargo, ahora queda por ver como terminará el "vía crucis" del BES, que sigue ocupando la primera plana de la actualidad financiera del país. Nadie descarta ya, por ejemplo, que ante la imperiosa necesidad de cubrir el agujero de más de 4.000 millones descubierto en el grupo (GES), la familia Espirito Santo (aparcada de la gestión del BES por el Banco de Portugal) no tenga más remedio, al final, que solicitar la ayuda y la "intervención" del Estado, que sería lo mismo que volver a vivir la pesadilla de 1975, cuando el grupo fue nacionalizado.

Es que no pasa día prácticamente sin que se amontonen nuevas nubes negras sobre el futuro del BES. Además de la lucha por el poder entre los cinco clanes Espirito Santo, con vista a la junta de accionistas del 31 de julio, que pondrá al frente del banco a nuevos gestores, con un perfil más profesional y sobre todo sin relaciones de sangre con la familia que controla el 25% del BES, la última noticia es que también Portugal Telecom, que controla un 2,1% del BES y tiene otro 10% de su capital en manos del banco, invirtió 900 millones de euros en papel comercial del GES.

Unos y otros hablan de "promiscuidad de intereses", o sea la misma situación que llevó al GES a colocar deuda de las empresas del grupo, que todas ellas llevan como bandera el nombre de la familia, cuyos negocios particulares se han confundido así tradicionalmente, sobre todo los últimos años, con los intereses del BES. De hecho, además del eventual recurso a las ayudas públicas, nadie descarta también la posibilidad de ver al BES cambiar de manos, tras alguna OPA hostil, o entrar en una "operación de concentración" con el BCP u con el BPI.

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