POLÍTICA EUROPEA

Los adversarios del euro reclaman su oportunidad

Las elec­ciones al Europarlamento giran en torno al Banco Central Europeo

BCE
BCE

El nuevo Parlamento Europeo se pro­pone re­pre­sentar a los pue­blos de los 28 es­tados de la Unión Europea. El fu­turo de la Unión, sin em­bargo, de­pende esen­cial­mente del curso que van a tomar las cosas en torno a una cues­tión en la que sólo 18 de ellos tienen de­recho a de­ci­dir, los que par­ti­cipan del euro. Si la mo­neda común muere con­su­mida por su cri­sis, la UE a 28 se que­dará en una unión adua­nera, y adiós a una Unión po­lí­tica, a po­lí­ticas so­ciales co­mu­nes, a la am­bi­ción de ser un fu­turo agente del sis­tema in­ter­na­cional capaz de ha­blar de tú a tú a los Estados Unidos, a Rusia, a China, etc., etc. El pró­ximo par­la­mento dará en­trada, con toda pro­ba­bi­li­dad, a fuerzas que desafiarán las bases sobre las que el euro se viene de­fen­diendo en medio de una crisis de pa­gos, cre­di­ticia y so­cial.

Solemos pensar en la estructura institucional de la UE como una tríada de poderes: Parlamento, Comisión y Consejo, las tres instituciones que respectivamente dicen  hablar por, trabajar para y representar a los 28 estados miembros de la Unión. Desafortunadamente, de vez en cuando tienen que echar cuenta de que entre ellos se mueve una ‘huéspeda' reglamentista, el Banco Central Europeo, que supervisa las cuentas de todos ellos y les da o no les da las soldadas que dicen necesitar para seguir militando en la causa europea, sin que ni unos ni otros tengan autoridad para que la tacaña de Francfort abra la bolsa.

Todo ello, naturalmente, va contra la lógica del estado democrático de derecho, basado en la supremacía de la soberanía de los estados. Pero el BCE es independiente. Con mantener la inflación bajo control ya ha cumplido su tarea y ningún gobierno podrá reprocharle nada. A pesar de que el BCE esté gobernado por funcionarios, y que normalmente los funcionarios obedecen a los políticos elegidos.

Naturalmente, la lógica institucional no tarda en reclamar sus derechos. Y esta reclamación llega por dos vías: de un lado la de los que quieren disolver el euro, o salirse del euro, y dejar reducida la Unión al Mercado Común que ya fue, y devolver a los estados la soberanía perdida. Y de otro la vía de los que, trascendiendo la actual unión monetaria, quieren llegar a una Unión política en que las soberanías estatales converjan y se anuden por arriba, y desde arriba controlar el BCE y el euro, como han hecho siempre los gobiernos sobre sus bancos emisores. Por ejemplo, los de Estados Unidos y Reino Unido.

Lo malo es que ni unos ni otros están todavía en condiciones de alterar el status quo europeo, entre otras cosas por el gran prestigio que el BCE ha adquirido al sostener la moneda común, facilitando el mínimo de liquidez necesario para evitar la bancarrota de una serie de estados sumidos en crisis de deuda y salvando de momento la moneda común. Sin embargo, el BCE carece de margen y de autoridad estatutaria para seguir expandiendo la liquidez que le reclaman los apurados países del euro, que son la mayoría, para financiar el crecimiento que alivie el paro que afecta a casi todos ellos en mayor o menor medida. A lo sumo, podrá adoptar tasas negativas de interés para los depósitos, o bien dejar correr los vencimientos de los bonos que compró para ayudar a los países en crisis.

Es previsible que el nuevo europarlamento refleje las tensiones vividas en torno a los problemas de liquidez y de la política del BCE. De un lado se situarán el grueso de  los europarlamentarios de Francia, Italia, España y algunos países del sur, y de otro Alemania y sus afines del norte de Europa. El grupo que se mostrará más combativo será probablemente el francés. La oposición al gobierno socialista está infligiendo golpe tras golpe a Hollande por causa del estancamiento económico. El presidente ya ha alcanzado una cuota de impopularidad sin precedentes, y ahora previsiblemente sufrirá la humillación de la victoria del derechista y "anti europeísta" Frente Nacional (24% según la última encuesta liderada por Le Monde), por delante del conservador UMP (21,5%)  y del partido socialista (17%).

Para Alemania, todo está perfecto

El grado de éxito electoral de las fuerzas políticas que exigen una política monetaria expansionista determinará el grado de respuesta de la canciller Merkel a las demandas de menos austeridad. El hecho de que los socialdemócratas formen parte de su gobierno es tomado como prenda de que habrá algún alivio monetario en la zona euro. Posiblemente el alivio podría llegar en forma de emisión de bonos en la medida que no devaluase el euro, a lo que se opondría de modo terminante la canciller.

Para los democristianos alemanes, el euro ya fue significativamente devaluado cuando Alemania renunció al marco, una moneda que en su día, según ellos, era mucho más fuerte. Desde entonces, arguyen los próximos a Merkel, Alemania ha generado excedentes comerciales gracias a la contención salarial, a la disciplina en los métodos de trabajo y a la producción de bienes de alto valor añadido, deseados por gran parte del mundo.

El gran incremento de reservas derivadas de su comercio exterior permite a las empresas alemanas fuertes inversiones en los países que han saneado sus mercados laborales y sus finanzas, y así es como deben ser las cosas, piensan invariablemente en Berlín. Los otros países son libres de seguir o no su ejemplo. Por otra parte, añaden, el BCE no puede hacer mucho para mejorar el grado de competitividad de los países afectados por sus diversas variedades de crisis.

Lo que no quiere decir que el BCE no sepa lo que le está pasando a la mayor parte de las empresas del sur de Europa. Su ‘Survey on the Access to Finance of Small and Medium Sized Enterprises in the Euro Area' pregunta a las pequeñas empresas cuál es su principal problema: el 38% de los empresarios griegos y el 24% de los españoles señalaron la obtención de créditos, mientras que esa proporción es en Alemania del 8%. Empresarios de Alemania, Francia y Austria declararon que sus condiciones de financiación han mejorado desde 2012, mientras empeoraban en Italia, España y todo el Sur. También fuera del área euro el momento es favorable a más flexibilidad financiera. A finales de abril, el Banco de Inglaterra anunció estímulos para que la banca incremente el crédito extendido a las empresas medianas y pequeñas.

La escasez de crédito hace de los excedentes por exportación que se producen en España y otros países la principal fuente de financiación de las empresas. Ahora bien, cada empresa debe distinguir bien cuánto de ese incremento se debe a la sustitución de un menor consumo interno por un incremento del excedente exportado, y cuánto de ese incremento se podrá sostener una vez reactivado el consumo interno. Es obvio que conservar el potencial exportador alcanzado, una vez recuperado el consumo interno, sólo será posible si hay crédito disponible para sostener y ampliar el esfuerzo productivo con nuevas inversiones.

¿Estará el nuevo parlamento europeo en condiciones de ganar centralidad en la cuestión del euro, en colaboración con los gobiernos o a contrapelo de ellos? En mitad de la campaña, aún no es fácil formarse una idea. El debate de los dos principales candidatos españoles, Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano, no pasó de un inflamado alegato de un partido (el PP) contra otro (el PSOE) y viceversa, sin más sustancia ni referencia a los problemas que debieran ocupar el costoso tiempo de los eurodiputados. La prensa europea informa de que el otro debate principal, el de Bruselas entre los cinco cabezas de lista de los principales grupos políticos, no fue muy estimulante. Es posible que no la aprovechen, pero los 751 nuevos eurodiputados tienen una oportunidad única de darle un vuelco a la crisis del euro, y ayudar a Europa de camino. Veremos.

Artículos relacionados