El país ve­cino aún que­dará dos dé­cadas más bajo la su­per­vi­sión del FMI y de la UE

Portugal: más sombras que luces en su salida 'limpia'

Pese al fin del res­cate, la sos­te­ni­bi­lidad a largo plazo de la deuda lusa sus­cita se­rias dudas

Passos Coelho
Passos Coelho

El pa­sado 17 de mayo, vier­nes, mar­cará un antes y un des­pués en la his­toria re­ciente de Portugal. Después de tres años bajo la tu­tela fi­nan­ciera y po­lí­tica de la troika FMI/BCE/UE, el Gobierno de Lisboa ha hecho lo que nadie creía po­sible hace solo un par de me­ses: una sa­lida limpia del plan de res­cate de 78.000 mi­llones de eu­ros. En los dis­cursos ofi­ciales solo cabe una ex­pli­ca­ción: todo el mé­rito ha­bría que atri­buirlo a la coa­li­ción gu­ber­na­mental de centro de­recha (PSD/CDS) di­ri­gida por Pedro Passos Coelho, al que nunca le tembló el pulso a la hora de aplicar so­lu­ciones de ca­ballo para que el país pu­diera volver a los mer­ca­dos, fi­nan­ciar su gi­gan­tesa deuda en re­la­ción a su PIB y equi­li­brar los fuertes dé­fi­cits pre­su­pues­ta­rios sin ne­ce­sidad de más ayuda in­ter­na­cio­nal. De he­cho, la aus­te­ridad que los por­tu­gueses han te­nido que su­frir desde 2011 ha su­pe­rado con creces todo lo pac­tado con la "troika", en tér­minos de au­mentos bru­tales de im­pues­tos, re­cortes sa­la­riales y pen­sio­nes, des­pidos de fun­cio­na­rios, cie­rres de cen­tros de salud y de es­cue­las, y un largo et­cé­tera.

La explicación de la salida limpia de Portugal del plan de rescate puede estar en su entorno. Hace menos de un año, ningún experto de los mercados financieros podía prever una evolución de los tipos de interés que colocaría el coste de financiación de la deuda lusa prácticamente en mínimos históricos, incluso inferiores a los de 2006, poco antes del inicio de la crisis. Y también que las tasas de la deuda a 10 años de Irlanda se pondrían por debajo de las aplicadas a la deuda soberana del Reino Unido, y que hasta el bono español tendría tasas de interés inferiores a las aplicadas a la sacro-santa deuda norteamericana. Pero el mejor ejemplo es el de Grecia, que pese a sumar 170.000 millones de euros de rescate y haber forzado una renegociación  de su deuda (con pérdidas del 50% para los acreedores) también vuelve a seducir a los inversores.

Cabe recordar, que en mayo de 2011, cuando el gobierno dirigido por el socialista José Sócrates no tuvo más remedio que solicitar la ayuda de la "troika", bajo la fuerte presión de la banca nacional y de la oposición de centro-derecha (el PSD y el CDS tenía muchas prisas para llegar al Poder a través elecciones anticipadas), el principal argumento fue que con tasas del 7% era imposible financiar la deuda de forma sostenible. De hecho, en los peores momentos de la crisis, ya entonces con Portugal bajo la tutela financiera y política de la troika, el coste de la deuda portuguesa a 10 años llegó a casi al 16%, justificándose así ampliamente el recurso al rescate de 78.000 millones de euros, cuyo pago se extenderá hasta el 2040, siempre bajo la supervisión del FMI y de la UE, y con tasas superiores a las aplicadas ahora en los mercados.

Lo más curioso es que el cambio registrado los últimos tres años en cuanto a la deuda no fue para mejor, sino para peor. Tanto es así que el ratio de la deuda en relación con el PIB paso del 94% a prácticamente el 130%. Y son muchos los expertos, de todos los colores, que ponen abiertamente en cuestión de la sostenibilidad de la deuda, insistiendo en la necesidad y en la urgencia de una renegociación o, dicho de otro modo, de una restructuración. Lo único que ha cambiado a mejor, desde el 2011, fue el clima general en los mercados, en beneficio principalmente de la deuda de países emergentes y de aquellos de la zona euro en dificultades. Así, pese al fuerte incremento del ratio de la deuda lusa (casi 36 puntos porcentuales más en tres años), los inversores aplican ahora al bono portugués a 10 años tasas cercanas al 3,5%, inferiores por lo tanto a las aplicadas por la troika hasta que Portugal no termine de pagar el rescate.

El gran éxito reivindicado por el gobierno de Passos Coelho, con evidentes preocupaciones electorales (las próximas europeas y las legislativas del 2015, que según los sondeos serán favorables a la izquierda en general), tendría por lo tanto más a ver con factores externos que internos. La clave para la mejora general de los mercados, según los expertos, fue la firmeza con que el presidente del BCE Mario Draghi asumió la defensa el euro (julio de 2012), y también otros factores como las presiones deflacionistas registradas ahora en la zona euro y la notable mejora de la liquidez de los mercados. Lo cierto es que los inversores internacionales vuelven a apostar fuerte en la deuda de países como Portugal, que aunque siga con ratings basura (Ba2 para Moody's, BB para Standard & Poors, BB+ para Fitch) tiene ahora perspectivas positivas.

Agencias de rating

En todo o caso, no cabe duda que las agencias de calificación y los mercados financieros valoran los esfuerzos desarrollados durante los tres últimos años por el gobierno portugués, que en términos de sacrificios superó de largo las exigencias de los miembros de la_ troika_, principalmente el FMI, cuya directora gerente Christine Lagarde llegó a criticar públicamente la dureza de las medidas de austeridad por el impacto que tendrían sobre el empleo y la economía en general. Buena prueba de ello fue el "brutal aumento de impuestos" confesado por el ex-ministro de las Finanzas Vítor Gaspar antes de presentar su dimisión, y sobre todo el peso de la austeridad y de la consolidación financiera, de hasta 30.000 millones de euros (18% del PIB), o sea un 69% más del esfuerzo que el gobierno de Sócrates había pactado (18.000 millones).

Lo cierto es que con la excepción del cambio del clima en los mercados, la notable rebaja de los tipos de interés aplicados a la deuda y la reducción del déficit, que pasó del 9,8% a final del 2010 al 4,9% en 2013 (gracias también a ingresos extraordinarios por privatizaciones y alguna "contabilidad creativa"), prácticamente todos los demás parámetros socio-económicos han ido de mal en peor. La tasa de paro, por ejemplo, supera el 15%, alcanzando el 37,5% entre los jóvenes, mientras que los parados con más de 45 años representan casi la mitad del total y el 75% de ellos llevan más de un año buscando trabajo. También llamativos son los recortes de salarios y pensiones (entre 10% y 30%) en la administración, que perdió además 50.000 funcionarios. Portugal pasó así de importar a exportar mano de obra, y la emigración vuelve a ser la principal salida principalmente para los jóvenes, los profesionales, los ingenieros, etc.

Cabos sueltos

Y quedan todavía muchos cabos sueltos en las "reformas estructurales" realizadas durante los últimos años a favor de la "flexibilidad" del mercado laboral, la eliminación de las "rentas excesivas" en sectores clave como la energía, y un largo etcétera, sin olvidar el ambicioso proyecto de la reforma del Estado. Las intenciones de la actual mayoría de centro derecha, tal como han sido transmitidas al FMI y a la Comisión Europea, van por lo menos en esa dirección. Sin embargo es posible que todo quede a ese nivel: pese a la salida limpia del rescate, sin necesidad por lo tanto de ningún programa cautelar (porque provocaba la división en la UE y  porque hubiera hipotecado aun más las ya magras posibilidades de vitoria del centro-derecha en las europeas del próximo domingo), son muchos los analistas que no ven ningún futuro al gobierno de Pasos Coelho y los sondeos son ahora más favorables a los socialistas y a la izquierda en general.

Además, la coalición PSD/CDS no descarta en absoluto la necesidad de nuevos aumentos de impuestos y otras medidas de austeridad. Sobre todo si el Tribunal Constitucional decide al final decretar la inconstitucionalidad de los nuevos cortes de salarios y de pensiones  de los funcionarios contemplados en el Presupuesto 2014. Otro dato a tener en cuenta es el riesgo latente de un cambio de dirección de los mercados financieros, ante la idea de que a partir del nivel actual las tasas de interés ya no podrán bajar más y solo podrán crecer. Y en relación con la deuda portuguesa, el problema es aun más  delicado: los mercados estarán muy atentos a los riesgos de inestabilidad polititica, tras las elecciones europeas y con vista a las legislativas de 2015, y de una nueva recesión, tras el descenso del 0,7% del PIB registrado en el 1º Trimestre.          

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