La Universidad de Oxford denuncia que España tiene la luz más cara de la UE

El re­cibo do­més­tico ha subido más de un 59% por los im­puestos que Rajoy ha apli­cado

Ya no son sólo las com­pañías eléc­tricas las que avalan que los im­puestos se llevan más de la mitad de lo que pa­gamos los es­pañoles en el re­cibo de la luz y que la re­forma eléc­trica ha pro­vo­cado que se dis­pare la ta­rifa. Estudios de or­ga­nismos in­ter­na­cio­nales de­mues­tran que España está entre los países de la Unión Europea con la luz más cara, pero no por lo que su­pone ge­nerar la elec­tri­cidad y trans­por­tarla sino por la ele­vada fis­ca­lidad que so­porta. Además, la po­lí­tica me­dioam­biental del Gobierno ha con­ver­tido las ta­rifas eléc­tricas en un so­porte de la po­lí­tica contra el cambio cli­má­tico, cuando ese ob­je­tivo debe lo­grarse por otra vía y no a través de los con­su­mi­dores en el re­cibo eléc­trico.

Desde que estalló la crisis en 2007, los precios de los consumidores domésticos han crecido más de un 59% por culpa de los impuestos que el Gobierno está aplicando. Esto ha provocado que, de ser un país donde estábamos por debajo de la media de la UE, nos encontremos ahora entre los países con las tarifas más altas. Es decir, que en los años en los que la situación económica ha estado peor, cuando más familias se han quedado sin empleo, y cuando menos consumo ha habido, es cuando más ha aumentado la tarifa.

En 2007, España ocupaba un puesto intermedio -concretamente, el 12- entre los países de la UE con mayores precios de la electricidad para consumidores domésticos. Sin embargo, en 2013 hemos pasado al sexto lugar, lo que quiere decir que sólo cinco países comunitarios tienen la electricidad más cara que nosotros.

Un informe presentado por el Doctor en Economía de la Universidad de Oxford, David Robinson, así lo avala. Y es que, según afirma, más de la mitad de lo que cuesta la luz a los españoles son impuestos que el Gobierno ha metido en la tarifa eléctrica en los últimos años. El análisis que se hace pone de manifiesto esta situación, a pesar de que los costes de distribución, es decir lo que cuesta llevar la luz a las ciudades y a los pueblos, y lo que supone producir esa electricidad, son de los más bajos de los países comunitarios.

Según sus cálculos, por cada 100 euros de la factura de la luz, los consumidores domésticos pagamos 40,10 euros por el coste real, mientras que 50,90 euros restantes corresponden a impuestos y a la financiación de políticas públicas. La diferencia que existe entre el precio final de la electricidad en España y los costes reales, el autor del informe del _Oxford for Energy Studies, _lo denomina como cuña gubernamental. Una forma muy elegante de decirlo porque para el consumidor estaría mejor denominarlo: el rejonazo gubernamental.

No le falta tampoco razón a David Robinson cuando denuncia el uso que están haciendo los gobiernos, y en este caso el español, de poner impuestos medioambientales al recibo de la luz, cuando deberían ser otras vías las que se utilizasen para afrontar el cambio climático. En el documento, se hace también especial énfasis en la trasparencia que los gobiernos deben tener sobre las decisiones de las políticas energéticas, de quiénes están pagando esos cambios y qué sectores o empresas se están beneficiando. Por ese motivo, se subraya que algunas decisiones que se han adoptado, como por ejemplo, subvencionar las energías renovables, han provocado ciertos desajustes que hay que corregir con urgencia.

Según sostiene David Robinson, España es junto con Alemania el país donde los precios eléctricos se diferencian más debido a las ayudas que reciben las energías renovables. Entre un 15% y un 16% del coste, se debe a las subvenciones, mientras que en el resto de la UE representa entre un 6% y un 7%.

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