EL MOINITOR DEL DÍA

Construcción: siete años para olvidar

Entre 2007 y 2014 han des­apa­re­cido seis de cada diez tra­ba­ja­dores del sector

Trabajos en la Construcción
Trabajos en la Construcción

Seis de cada diez tra­ba­ja­dores dados de alta en la Seguridad Social en el Régimen General en enero de 2007 han des­apa­re­cido en enero de 2014, lo que da una idea cabal de la enorme caída de la ac­ti­vidad cons­truc­tora, que ha pro­pi­ciado una au­tén­tica ca­tás­trofe para el em­pleo. La cons­truc­ción ha pa­sado de ocupar a 1.902.641 afi­liados en enero de 2007, a solo 595.448 en enero de este año, un 68,7% menos que en­ton­ces. Es el mayor des­plome sec­to­rial de em­pleo de toda la eco­nomía es­pañola du­rante esta cri­sis, des­plome que en ningún mo­mento ni por nin­guna de las ad­mi­nis­tra­ciones pú­blicas ha sido te­nido en cuenta ni ha re­ci­bido la mí­nima aten­ción; por el con­tra­rio, ha sido ob­jeto de me­didas contra su re­cu­pe­ra­ción de tal mag­nitud que no se re­cuerdan en nuestra re­ciente his­toria eco­nó­mica.

No puede decirse que no haya habido constancia del desastre que ha venido suponiendo el declive de la actividad constructora a lo largo de los últimos años, que alguien ha comparado con el de la ciudad de Detroit desde los pasados años setenta. Ya a lo largo de 2007 el empleo en el sector cayó un -4% (pasó de 1.902.641 afiliados en el Régimen General en enero de ese año a 1.827.789 en enero de 2008). En el mismo periodo de 2008 la pérdida de afiliación a este régimen ya fue mucho más impactante, comenzando la catástrofe que aún se cierne sobre esta actividad; en ese año se perdieron 441.402 afiliados a este régimen, nada menos que una disminución de ocupados del -24%. Aunque reduciéndose durante los tres años siguientes, la destrucción de empleo en la construcción continuó imparable.

De enero 2009 a enero 2010 siguió la sangría en niveles insoportables; en ese período el descenso de afiliación fue de 262.451 bajas, lo que representó una pérdida del -23,4% del total. En el ejercicio 2010 se perdieron 117.811 afilados más al Régimen mencionado, una pérdida del -10,5% acumulada sobre las anteriores, porcentaje que comenzó de nuevo a aumentar en 2011, en el que se alcanzó una caída del -19% (190.143 afiliados menos). La tendencia continuó invariable; el 2012 vuelve a descender la afiliación otro -20% (contabilizándose 164.288 afiliados menos) y, aunque sin variar el signo negativo de su evolución, en 2013 "sólo" se pierden en la construcción 56.246 afiliados al Régimen General, un -8,6%.

**Baja de dos dígitos **

Es la primera vez en seis años que la reducción de ocupación en este sector baja de los dos dígitos negativos. Pudiera estar gestándose, desde niveles inusitadamente bajos, un principio de recuperación entendiendo ésta, desde luego, como un tocar fondo inicialmente hasta invertir la curva, cosa que no está aún claro cuándo será ni si será sostenida.

Los datos de febrero de este año pueden afianzar esta percepción de inicio de la recuperación que, aunque parece sustentarse cada vez más con mayor solidez, no por ello dejará de ser lenta y de sufrir altibajos. En febrero pasado y términos interanuales, el sector aún retrocede en número de afiliados a este régimen en un -7,4% respecto al mismo mes del año anterior, descenso aún importante, pero que de nuevo se reduce en estos términos respecto al mes anterior. Este porcentaje es el menor descenso interanual desde el inicio de la crisis. A expensas de lo que suceda a lo largo del año, puede atisbarse una evolución mucho más positiva de esta afiliación sectorial, excepto hechos sobrevenidos no previsibles en estos momentos. Tocar suelo ya sería una buena noticia después de tantos meses consecutivos de pérdida de fuerza de trabajo pero el sector no debe echar las campanas al vuelo; desde febrero de 2007 ha perdido 1.328.742 afiliados a este régimen.

En cuanto al Régimen de Autónomos, aunque en febrero pasado el sector perdió 542 afiliados, un -0,2% sobre el mes anterior -evolución que se ha situado en la tónica de los tres meses inmediatamente anteriores-, se trata del menor retroceso de esta magnitud desde el inicio de la crisis. Aún así en este régimen el sector ha pasado de tener afiliados 557.843 autónomos en enero de 2008 a 346.172 en febrero de este año, una pérdida de casi el 40% en ese periodo. En el año 2009 perdió el -5,6%, el 2010 aumentó esta caída al -12,7%, tendencia creciente que se redujo a partir de entonces; los autónomos de la construcción afiliados a la Seguridad Social descendieron el -7,6% en 2011, el -7,3% en 2012, el -7,6% en 2013 y el -3,4% en los dos primeros meses de este año.

En total, sumando los dos regímenes de afiliación, hay en el sector a finales de febrero de este año 952.283 afiliados, mientras que en febrero de 2007 había 2.449.321. Por tanto se han perdido en la crisis seis de cada diez afiliados totales en la construcción, equivalente a 1.497.038 afiliados menos de los que había a primeros de 2007. Si se referencia la pérdida de afiliados sectoriales con el total nacional se puede colegir -con aún más razón que si se referencia a los recortes de inversión pública y a la caída de la actividad inmobiliaria- que este sector ha cargado, está cargando y seguirá cargando por mucho tiempo, si no se remedia de algún modo (que no parece vaya a ocurrir), con los peores y mayores efectos de la crisis.

 

 

Y nadie ha protestado demasiado. No ha habido, en estos duros años de caídas en picado de todas las magnitudes de la actividad constructora, ninguna unidad de acción de los agentes sociales, ni de las patronales del sector (extremadamente numerosas a su comienzo y aún hoy muy dispersas; muchas ellas sin haber mostrado la menor capacidad de respuesta al desarrollo de la crisis, ni hacia fuera ni hacia sus propias empresas). Han brillado hasta ahora por su ausencia las iniciativas para proponer soluciones, remedios o incluso para denunciar la sangría social que está representado la caída del empleo en esta actividad, si se exceptúa la de "por pedir que no quede". El sector de la construcción ha perdido totalmente su antaño poderosa capacidad de lobby. Es incapaz de movilizar ni a la sociedad ni a sus trabajadores. No ha sido capaz hasta ahora de hacer llegar a la estructura política ni a la sociedad en general la necesidad de mantener en cotas aceptables esta actividad a causa de su importancia en el empleo nacional y de los sólidos valores sociales que se cimentan en su adecuado desarrollo.

 

 

 

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