La subasta de Catalunya Banc y los planes de NCG (Banesco) y EVO (Apollo), claves en el pro­ceso

El ajuste laboral y en oficinas no ha hecho más que empezar en los bancos con ayudas públicas

Aunque las ci­fras se apro­ximan a los ob­je­tivos pre­vis­tos, los ba­lances sólo se han re­du­cido a la mitad (16%) de lo cal­cu­lado (35%)

EVO Banco
EVO Banco

Las au­to­ri­dades in­ter­na­cio­nales y es­pañolas ha­brán po­dido dar por fi­na­li­zado, de ma­nera ofi­cial, el res­cate a la banca es­pañola. Pero la re­es­truc­tu­ra­ción del sector fi­nan­ciero es­pañol aún dista mucho de cum­plir los ob­je­tivos pre­fi­jados de re­duc­ción del ex­ceso de ca­pa­cidad ins­ta­lada para aque­llas en­ti­dades que han re­ci­bido ayudas pú­blicas tanto como in­yec­ciones de ca­pital di­rectas o me­diante bonos obli­ga­to­ria­mente con­ver­ti­bles, los co­no­cidos como cocos . Si los ajustes en ofi­cinas (27% a fi­nales de di­ciem­bre, según datos del Banco de España y el Fondo de Reestructuración Bancaria, FROB) se apro­ximan al ob­je­tivo del 35% y la re­duc­ción de las plan­ti­llas (23%) se apro­xima al 30% pre­visto, la dis­mi­nu­ción de los ac­tivos o ba­lances de los bancos con ayudas aún se en­cuentra a la mitad de lo pre­visto (16% frente al ob­je­tivo de 35%), lo que pone de ma­ni­fiesto que la ma­yoría de los ges­tores de las en­ti­dades con ayudas aún no han apli­cado la cura de adel­ga­za­miento im­puesta por los mi­llones re­ci­bi­dos.

El considerable esfuerzo realizado por el sector financiero español para adecuarse a la nueva realidad económica, con una menor actividad ante la actual coyuntura, aún no ha sido suficiente para que las entidades en proceso de resolución (aquellas inviables por sí solas, de las que aún queda por aclarar el futuro de Catalunya Caixa) o de reestructuración (aquellas con ayudas pero que podrán mantenerse de manera independiente, como Bankia) hayan cumplido con los deberes impuestos a cambio de las ayudas millonarias recibidas, bien mediante inyecciones de capital o con bonos obligatoriamente convertibles (los conocidos como cocos).

Al igual que los bancos considerados sanos, que han reducido de manera importante su red de oficinas y plantillas en el último año, el esfuerzo de las entidades con ayudas parece que se ha centrado en estas dos variables, mientras que la obligada disminución de sus balances aún están a medio camino del objetivo fijado.

La reducción de los activos de las entidades con ayudas públicas se ha situado a finales de diciembre en un 16%, según los datos facilitados por el presidente del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) y subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, en su última comparecencia ante la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados. Ese porcentaje dista mucho el 35% previsto y manejado por el propio Restoy, aunque en su última comparecencia hablara de "cerca del 25% de contracción media del balance".

Bien es cierto que, tanto en el ajuste de los balances como en la disminución de sucursales o de plantillas, los bancos con ayudas públicas han avanzado de manera muy significativa. El pasado 4 de diciembre, en la primera comparecencia del presidente del FROB ante la Comisión de Economía del Senado, la reducción de las oficinas tan sólo era del 16%, frente al 27% alcanzado a finales de 2013, pero aún lejos del 35% previsto para este tipo de entidades.

La disminución de las plantillas alcanzaba, a primeros de diciembre y según los datos proporcionados por el subgobernador del Banco de España, el 17%, mientras que a finales de año ya se había alcanzado el 23%. Desde luego, es el avance más significativo que se ha conseguido, pero aún está por debajo del 30% previsto.

Casos claves

Bankia, según su presidente José Ignacio Goirigolzarri, ya ha dado por concluida la reestructuración de su red de oficinas (un millar menos) al cierre del pasado ejercicio y también se da por finalizado el proceso de ajuste de sus plantilla. Además, el grupo sistémico nacionalizado ha realizado importantes desinversiones en algunas de las participaciones que tenía en empresas cotizadas y fuera del mercado bursátil, como era el caso de Inversis.

La adjudicación de NCG Banco a Banesco el pasado mes de diciembre y la anterior venta de su filial EVO a un fondo de Apollo son dos entidades claves para que se acabe de determinar el ajuste que los nuevos propietarios tendrán que imponer en las dos entidades adquiridas.

La subasta de Catalunya Banc es toda una incógnita, ya no tan sólo por los modos y plazos de ejecución. Pese al intenso trabajo de su presidente, José Carlos Pla, desde mediados de 2013, los potenciales compradores del grupo financiero catalán tendrán que imponer los ajustes necesarios según sus necsidades.

Los objetivos prefijados de reducción de la capacidad instalada tal vez se puedan ver superados con la modificación del plan de resolución de Banco CEISS para que pueda cerrarse su integración en Unicaja. Los nuevos objetivos fijan una disminución adicional del 10% sobre el volumen máximo de la cartera crediticia y un 15% más en la reducción del balance. El banco surgido de la fusión de Caja España y Caja Duero ya había reducido en un 30% su balance en mayo de 2013 y la nueva imposición supondría, por tanto, un adelgazamiento del 45% (por encima del objetivo medio fijado por las autoridades).

Algo similar ocurrirá con la red de oficinas de Banco CEISS, al se le aplicará un ajuste adicional del 5%. Por el momento, los objetivos de reducción de la plantilla se mantiene en los mismos términos para 2014, pero ya se ha incluido un recorte extraordinario del 5% antes del 31 de diciembre de 2016.

Ya el Banco Central Europeo (BCE) había indicado que el ajuste de las redes de oficinas de los bancos españoles suponía, según datos al cierre de 2012, el 35,7% de todos los cierres acometidos en la zona euro durante ese ejercicio y del 53,6% desde 2008, aunque España se situaba aún como el segundo país con mayor número de sucursales.

Los dos principales sindicatos, CCOO y UGT, ya han advertido en diversas ocasiones que esta "brutal" reducción del número de oficinas ha condenado a algunas zonas geográficas a una exclusión financiera muy severa. Algunas localidades ya no cuentan con una oficina bancaria en varios kilómetros a la redonda, sobre todo en zonas rurales o de los extrarradios de las ciudades.

 

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