En Francia y otros países co­mu­ni­ta­rios hacen de la cul­tura una apuesta eco­nó­mica

Todo Portugal se escandaliza por la renuncia del Gobierno conservador a vender una colección de 85 'mirós'

Herido por la in­ter­ven­ción co­mu­ni­ta­ria, el país deja de in­gresar más de 35 mi­llones en una subasta apla­zada "in ex­tre­mis"

Miró
Miró

Portugal no gana para es­cán­dalos en su ex­trema si­tua­ción eco­nó­mica. El úl­timo ha sido, es, el de los 85 óleos, di­bujos y "collages" de Miró, ad­qui­ridos a me­diados de la dé­cada de 2000 por el Banco Portugues de Negocios (BPN), que fue na­cio­na­li­zado en 2008 con un agu­jero des­co­munal y que luego fue re­pri­va­ti­zado en 2011 por apenas 40 mi­llones de eu­ros. Pero el lío na­cio­nal, con­ver­tido en po­lé­mica in­ter­na­cio­nal, se re­sume a una sen­cilla ecua­ción. El saber hasta qué punto un pe­queño país in­ter­ve­nido por la po­lé­mica "troika" FMI/BCE/UE -que a cambio de una ayuda fi­nan­ciera de 78.000 mi­llones de euros im­puso a los por­tu­gueses un duro plan de re­formas es­truc­tu­rales y drás­ticas me­didas de aus­te­ri­dad, y que lleva tres años su­mido en la re­ce­sión, con la deuda a ni­veles ré­cord y bajo la fuerte pre­sión de los mer­ca­dos-, podrla jus­ti­ficar ante los su­fridos ciu­da­danos man­tener une co­lec­ción por la cual po­dría re­caudar unos 35 mi­llones de eu­ros. Una co­le­ción, ade­más, a la que nadie tuvo la idea de atri­buir la ca­lidad de pa­tri­monio na­cio­nal, que ahora reivin­dica la opo­si­ción so­cia­lista y al­gunos in­te­lec­tua­les.

Nadie entiende sobre la importancia real de la colección, adquirida entre 2000 y 2006 por el BPN, que pagó unos 34 millones de euros, no tanto en función de la calidad de las obras, sino como simples garantía de un fondo de inversiones. Antes de llegar al BPN, que distribuyó buena parte de los "miró" por diversas sociedades "off shores" instaladas en "paraísos fiscales", la colección había viajado mucho, no tanto por su valor artístico (no queda constancia de ninguna exposición internacional), sino como objeto de especulación. Lo único claro, en todo o caso, es que la colección original, constituida por dos centenares de obras, pasó por las manos de un importante galerista de New York, Pierre Matisse (hijo del pintor francés Henry Matisse), y que allá por el 1991 fue adquirida por un inversor japonés. Pero sobre el proceso de su llegada al BPN, que no era un modelo de transparencia, todo son conjeturas.

Lo cierto es que fue cuando el gobierno conservador dirigido por Passos Coelho decidió confiar a Christie's la subasta de la colección, al margen de lo que opine la Dirección General del Patrimonio Nacional y sobre todo del habitual proceso legal exigido para la exportación de obras de arte, se generó la polémica. Y con fuertes dosis de demagogia por ambas partes enfrentadas. Para el gobierno, en la situación actual del país, con drásticas medidas de austeridad y una deuda cercana al 130% del PIB (30 puntos más que antes la dimisión del gobierno socialista de José Sócrates, la llegada de la "troika" y la victoria de la coalición de centro-derecha PSD/CDS), los 35 millones previstos en la subasta vendrían bien al Estado.

Escaso valor salvo excepción

Otro dato importante es que, según algunos expertos, solo un puñado de piezas de los mirós en cuestión, como el óleo de dos metros y medio de altura "Femmes et Oiseaux" (Mujeres y pájaros), valorado por Christie`s en ocho millones de euros, tendrían calidad y entidad suficientes para figurar en una colección oficial. Los defensores de la subastan hasta utilizan argumentos nacionalistas, según los cuales nada justifica, en las circunstancias actuales, que el país deje de ingresar 35 millones de euros para integrar al Patrimonio Nacional un conjunto de obras de un pintor catalán, cuyo talento artístico nadie cuestiona, pero que en toda su vida no mantuvo ningún vinculo con la cultura portuguesa.

Sin embargo, la tesis del Partido Socialista -y que llega hondo a los medio artísticos y a muchos  intelectuales- es que todo lo que transmite el gobierno de Passos Coelho con la subasta de los "mirò", es el desprecio con que mira y trata todo lo relacionado con la cultura y la educación, al tener como única preocupación el saneamiento de la economía y de las finanzas. Además, aunque la subasta prevista (el gobierno volverá a la carga después de solventar los problemas legales planteados por el Tribunal Administrativo y que llevó a Christie's a suspender "in extremis" la venta de las obras) tenga un gran éxito, los ingresos para el Estado representarán solo una pequeña gota de agua, en relación con los costes que el BPN tuvo y aun tendrá para los contribuyentes, desde su nacionalizacion y su posterior venta al banco angoleno BIC.

Queda todavia mucho por hacer para averiguar el alcance de la desastrosa gestión del BPN: una docena y media de antiguos gestores, empezando por el ex-presidente Oliveira Costa (muy cercano al Jefe del Estado Cavaco Silva), tienen aun cuentas pendientes con la Justicia, por delitos como blanqueo de capitales, falsificacion documental, fraude fiscale, etc., pero según las últimas estimaciones oficiales, los daños para los contribuyentes superan los 3.500 millones de euros y hasta podrian alcanzar los 6.500 millones. Si la nacionalizacion fue polémica por parte del gobierno socialista de Socratas, la reprivatización realizada por Passos Coelho lo fue aun más: el BPN cayó en manos del banco angoleno BIC, que pagó 40 millones de euros, pero sin hacerse cargo de los activos tóxicos, que quedaron en manos de una sociedad controlada al 100% por el Estado y que quedó también como proprietaria de los "mirós".

El caso francés

Lo cierto es que la prioridad atribuida por el gobierno conservador luso a la venta de las 85 obras del pintor catalán en manos del Estado, va más allá de la polémica actual. Al margen de la rivalidad partidaria y de altas dosis de demagogia, lo que está en juego es sin duda un cierto "desprecio" por la Cultura. O sea, una actitud que por lo general contrasta radicalmente con lo que pasa en otros países. El mejor ejemplo de ello, quizás, es Francia, cuya defensa intransigente de su proclamada "excepción cultural" no tiene precisamente buena imagen en algunos países vecinos y sobre todo entre los tecnócratas de la Unión Europea. Pero con o sin razón, los resultados son lo que son: nadie duda en Francia del principio de la "excepción cultural", no sólo por "chauvinismo" nacional, sino principalmente por intereses económicos.

Para darse cuenta de la importancia del problema, solo hay que ver el peso económico que la Cultura tiene en Francia. Segùn un estudio realizado por los ministerios de Economía y Cultura, y cuyas conclusiones estan en linea con las sacadas por otro estudio de Ernst & Young, las actividades culturales pesan siete veces más en el PIB galo que el conjunto de la industria del automóvil y su aportación a la riqueza nacional es equivalente a la de todo el sector agricola. Teniendo en cuenta el valor añadido directo, la actividad cultural representa 57.800 millones de euros (3,2% del PIB), pero sumando el impacto indirecto su peso asciente a 107,500 millones (5,8% del PIB). En términos de mano de obra, la activida cultural representa en Francia entre 670.000 y 870.000 empleos, más o menos el 3% del mercado del trabajo.

El reverso de la moneda seria el peso de las subvencions oficiales, pero según el mismo estudio el resultado no tendría nada de escandaloso: el coste anual de la "cultura" para las arcas públicas es de 21.500 millones de euros, de los cuales 13.900 millones salen del poder central y 7.600 millones del poder regional y local. La parte del leon va al audiovisual, o sea a la televisión pública, que recibe del Estado 5.000 millones de euros, contra 1.100 millones para el Patromonio Nacional, 873 millones para la música, 476 millones para el cine, etc., sin olvidar a la prensa, que ingressa del Estado 844 millones. Las ayudas públicas representan así 16% del valor añadido y 7,2% de la productividad del conjunto de actividades culturales.

Además de la subvenciones oficiales, la cultura recibe también en Francia un trato especial al nivel de la fiscalidad. La tasa del IVA, sobre todo, refleja todo el peso que el "lobby" de la Cultura tiene en Francia: en un momento muy delicado, de viraje a la derecha en la política económica de François Hollande, que está ahora más preocupado en "ayudar" a las empresas y en sanear la economía (habrá que reducir gasto por 50.000 millones de euros entre 2015 y 2017), lo que hizo el gobierno en el presupuesto de 2014 fue rebajar el IVA a los espectáculos (cine, teatro, conciertos), libros, etc., del 7% a la tasa mínima del 5,5%, la misma aplicada a los bienes alimentares de "primera necesidad", y también a la factura del gas y de la electricidad. 

 

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