Monitor de Latinoamérica

Levy, apo­dado Manos Tijeras por su rigor en el con­trol del gasto, nuevo mi­nistro de Hacienda

Dilma Rousseff gira su política económica

La pre­si­dente de Brasil hace un guiño el mer­cado al nom­brar un equipo eco­nó­mico li­de­rado por el ban­quero Joaquim Levy

Dilma Roussel,  ex Presidenta Brasil
Dilma Roussel, presidenta Brasil

Tras ganar in ex­tremis la re­elec­ción y ver su se­gundo man­dato aco­gido con enorme frialdad por mer­cados e in­ver­sores in­ter­na­cio­na­les, la pre­si­denta Dilma Rousseff, acaba de en­viar señales de que pa­rece estar dis­puesta a mo­di­ficar su po­lí­tica eco­nó­mica, algo que ve­nían re­cla­mando sector pri­vado y or­ga­nismos in­ter­na­cio­na­les. O, al me­nos, a hacer un guiño pro mer­cado para tratar de re­animar una eco­nomía en horas ba­jas, a la que las me­didas dic­tadas hasta ahora por la pre­si­denta apenas han lo­grado re­su­ci­tar.

Acosada también por el nuevo y gigantesco escándalo de corrupción detectado en la estatal Petrobras, Dilma está más cerca que nunca de cambiar por fin el rumbo de su planteamiento económico cuando asuma, el 1 de enero, su segundo mandato. De momento, ha anunciado un equipo de perfil pro mercado que liderará un banquero experto en recorte del gasto, Joaquim Levy, al que se conoce bajo el apodo de Manos Tijeras por su extremo rigor en los ajustes.

El primer indicio del cambio lo escenifica el nombramiento del nuevo equipo económico, del que sale el hasta ahora incombustible Guido Mantega, como ya había anunciado Rousseff en la reñida campaña electoral. El equipo estará dirigido, como ministro de Hacienda, por el economista Levy y por el también economista Joaquim Barbosa, que asumirá el Ministerio de Planificación en sustitución de Miriam Belchior. En el banco central, Alexandre Tombini permanecerá en el cargo de presidente que asumió en enero de 2011.

La presidenta ha acabado por admitir que debe reducir el gasto público en su segundo mandato, ya que enfrenta un déficit excesivo. Y la designación de Levy, un conservador ideológicamente más próximo al que fuera gran rival de Rousseff, el liberal Aécio Neves, va en esa dirección, pero levanta ampollas en el Partido de los Trabajadores (PT). Levy ya ha indicado que sus prioridades serán ajustar deuda y déficit, ahorrar gastos e impulsar el crecimiento.

Las designaciones, saludadas por el mercado con subidas, han sido acogidas por el sector privado como primera muestra de que Rousseff ha escuchado por fin los reclamos de empresarios e inversores. Levy, de 53 años, es un admirado banquero, ex presidente de la Secretaría del Tesoro de Brasil, ex vicepresidente de Finanzas del BID y el hombre que logró reducir la deuda como miembro del Gabinete del antecesor de Rousseff, Lula. Actualmente, Levy, que también trabajó en el FMI y en el Gobierno Cardoso, era director de fondos de inversión del banco Bradesco, uno de los más grandes de Brasil.

Ajuste a la vista

Mantega y Belchior seguirán hasta que concluya la transición y la formación de los equipos de sus sucesores, que ya han anunciado un plan de ajuste. En este período se conocerán las primeras medidas para restablecer el equilibrio fiscal, que el mercado espera con expectación para constatar si marcan el cambio. De momento, Levy ha evitado detallar en exceso las medidas de ajuste fiscal, pero ha indicado que sus prioridades serán más transparencia y el reequilibrio fiscal.

Como medida inmediata anunció la fijación de un objetivo de superávit primario para los próximos años: el 1,2% del PIB para 2015 y no inferior al 2% del PIB para 2016 y 2017. “La estabilidad macro y la credibilidad de la política oficial son esenciales para hacer aumentar inversión y reactivar la economía”, indicó Levy, quien añadió que “alcanzar esas metas es fundamental para generar confianza y retomar el crecimiento”. El superávit fiscal primario es el principal indicador usado en Brasil para medir la salud de las cuentas públicas.

Barbosa, que fue viceministro de Hacienda en 2011-13 confirmó el discurso de austeridad del nuevo mandato de Rousseff y dijo que adecuará el presupuesto del Gobierno a las necesidades de “control riguroso de la inflación (que se quiere reducir al menos al 4,5%), estabilidad fiscal y generación de empleo”.

Con todo, el nuevo equipo económico se esforzó en disipar temores a que el ajuste pueda acabar con los avances sociales, que han posibilitado el crecimiento de la clase media. “Los ajustes no supondrán un retroceso en los programas sociales y de combate a la pobreza vigentes en los últimos 12 años de gobierno del PT”, indicó Barbosa, aunque matizó que “la continuidad de avances sociales depende de la recuperación del crecimiento y de la capacidad del Gobierno de producir un superávit primario más alto. No hay que renunciar a conquistas, sólo adaptar el ritmo de los programas al escenario macro”, dijo.

Otros dos nombramientos, además, permiten barruntar el cambio de aires en el nuevo Gobierno. El ex presidente de la patronal CNI Armando Monteiro será el nuevo ministro de Desarrollo e Industria y la senadora Katia Abreu, presidenta de la Confederación Nacional Agrícola, dirigirá el Ministerio de Agricultura.

Empresarios e inversores han dado una positiva acogida al nuevo equipo. Para la patronal CNI “tiene capacidad para adoptar las medidas necesarias para elevar la competitividad, fundamental para el futuro de la industria”, muy decaída. Se juzga que Rousseff es consciente de que no puede repetir los números mediocres de crecimiento de su primera gestión y se coincide en que no tenía otro remedio que designar a un político querido por los mercados financieros, sobre todo tras un triunfo electoral por estrecho margen.

Mantega, que llevaba al frente de la economía desde 2006 y ha pilotado los grandes y fallidos paquetes de reactivación pergeñados para reanimar la actividad, es considerado por los empresarios el responsable del desequilibrio fiscal, la alta inflación y el estancamiento. El cese de su hombre de confianza, con el que comparte visión económica, no ha sido nada grato para Rousseff.

Tras un contundente crecimiento del 7,5% en 2010, la economía de Brasil inició un declive en su ritmo, cuyo punto más bajo se alcanzó en la primera mitad de 2014, al caer en recesión técnica, acompañada de una elevada inflación que rebasa el tope del 6,5%. En 2012 el país avanzó un mí¬nimo 1%, para mejorar al 2,3% en 2013, tasa que no se logrará ni de lejos este año: se prevé ya un avance del 0,5% que algunos limitan al 0,2%. El FMI recortó en octubre el crecimiento, del 1,3% al 0,3% este año y del 2% al 1,4% en 2015 y advirtió a Brasil que la inversión se ve dañada por una competitividad débil y una baja confianza empresarial y que el consumo no carbura.

Los mercados, que acogieron la reelección de Rousseff con descensos, ya habían avisado que presionarían para un golpe de timón. Antes de las elecciones, Goldman Sachs señaló que un segundo mandato de Rousseff debería ir acompañado de cambios en el equipo económico, medidas im¬po¬pu¬lares como la li¬be¬ra¬ción de pre¬cios de la ga¬so¬lina (a Rousseff se le acusa de intervenir en el sector energético, motor del país, con el control de esos precios), am¬plios re¬cortes en gastos no pro¬duc¬ti¬vos, menos in¬fluencia de la banca pública y un am¬plio ajuste fis¬cal. Los expertos han venido resaltando que la política de Rousseff ha sido intervencionista y proteccionista y que el país sufre de baja productividad y escasa inversión en infraestructuras.

En los últimos meses se ha agravado la pér¬dida de con¬fianza, en medio de reclamaciones sobre la necesidad de generar un en¬torno más fa¬vo¬rable a la in¬ver¬sión y desmontar una excesiva presencia del Estado en la eco¬no¬mía. Desde 2011, Rousseff ha aplicado una ba¬tería de paquetes de reactivación que in¬clu¬yeron reducción de im¬puestos, es¬tí¬mulos a la de¬manda y me¬didas pro¬tec¬cio¬nistas, sin surtir efecto. Ahora parece decidida a cambiar. Pero los expertos se preguntan si realmente dejará a Levy tomar las decisiones que se necesitan.

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