POLÍTICA NACIONAL

Junqueras está impaciente, y quiere la independencia “ya”

Para Mas, la cosa es más com­pli­cada, y no darse prisa le da li­bertad

Oriol Junqueras de ERC
Oriol Junqueras de ERC

El líder de Esquerra re­pu­bli­cana de Catalunya (ERC), Oriol Junqueras, quiere la in­de­pen­dencia “ya”. Para al­can­zarla asume la con­fron­ta­ción in­me­diata con el go­bierno de España.

El líder de Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) y presidente de la Generalidad, Artur Mas, prefiere una confrontación lenta, evolutiva y, por si acaso, con freno y marcha atrás.

Como se ve, lo que diferencia el temple de los dos es su grado de arrojo ante el vacío: Junqueras está dispuesto a lanzarse sin paracaídas pero Mas, aunque es bastante temerario, no ha perdido del todo el sentido común. Si hay que lanzarse, mejor de parachutista.

Junqueras describió este domingo, en un artículo en ‘Ara’ (“Hagámoslo bien y hagámoslo ya”), la rampa desde la que se dispone a saltar: “Necesitamos poner fecha a la democracia, y no valen condiciones de ningún tipo para hacer lo que es imprescindible hacer: votar por la libertad, votar para tener éxito como país y para avanzar con paso firme y decidido hacia la independencia”. Suscitaba así, en la memoria de los mayores, el recuerdo de aquel verso de un himno muy cantado en los 40s y 50s, que anunciaba la marcha invencible de las escuadras “al paso alegre de la paz”.

Muy en el espíritu de la época así evocada, para Junqueras la voluntad es el motor de la historia, la cual, como se sabe, no tiene otra forma de forjarse sino con decisiones contundentes, de las que todos los pueblos deben tomar nota: “Europa sólo atenderá hechos consumados”, nos asegura en su artículo. Por tanto, es necesario “un parlamento de Cataluña con mayoría de diputados independentistas comprometidos en una hoja de ruta común, y dispuestos a implicarse o apoyar un gobierno de concentración que actúe como el gobierno de una República Independiente desde el primer día”.

Junqueras planifica la acción política necesaria para alcanzar la independencia de un modo igualmente directo y desenfadado. Tal como expuso el 2 de diciembre en lo que en Cataluña llaman “su hoja de ruta” (Mas tiene otra), deben celebrarse elecciones “cuanto antes”. Los partidos independentistas acudirán a ellas con listas separadas, pero todas compartirán un punto común: la independencia.

Tras las elecciones, según esa hoja de ruta ya oficializada, las fuerzas vencedoras, dotadas ya de “un mandato democrático”, formarán “un gobierno de la máxima unidad posible”; es decir, un gobierno de “unidad nacional”, el cual ejercerá “la independencia desde el primer día, construyendo estructuras de estado, abriendo un proceso constituyente y hablando de ‘igual a igual’ al estado español”. Para cubrir el entretanto, promulgará una Ley de Transitoriedad Jurídica.

¿Declaración de independencia? Sobra, según aclaran los intérpretes del plan Junqueras, porque la independencia ya se habrá ido ejerciendo desde el primer día del nuevo gobierno, aunque se consagrará en una nueva constitución.

La última encuesta, un disgusto. Y encima viene Podemos

La hoja de ruta de Mas, presentada una semana antes que la de ERC, es más taimada, como se nota en que muestra rasgos de una generosidad y desprendimiento impostados. Veamos. Mas propuso entonces “la superación de la dinámica partidista” mediante la presentación de una lista única, sin acepción alguna de partido, y formada también por ciudadanos independientes y expertos en diversas materias necesarias para ejercer la independencia.

Desafiando toda credibilidad, Mas asegura que los ciudadanos independientes se comprometerían a servir sólo un año y medio en el ‘parlament’, hasta la proclamación de la independencia. Después se sacrificarían, “como un acto de servicio al país”. Él también se sacrificará, y estaría igual de feliz si fuera el primero de la candidatura, o el último. Aunque la “hoja” no lo dice, esos candidatos deberán poco menos que jurar que no tratarán de renovar sus escaños para el siguiente parlamento, el de la post-independencia. Padres de la patria sí, pero no en su nómina.

Este requisito es tan contrario a la práctica y el espíritu de la política, que se pregunta uno por qué lo incluye Mas en su hoja de ruta. Lo mismo que esta otra cuestión, en ella incluida: la financiación de la campaña se hará al margen de los partidos políticos y por medio de una fundación, que distribuirá los fondos entre las fuerzas que se hayan comprometido al sacrificio de sus legítimos derechos políticos, en beneficio de la candidatura única. Ahora resulta que el sueño de la independencia no es cosa a la medida de los hombres: ¡es cosa de ángeles providentes e imparciales! ¿Por qué estas ideas inanes, estas ‘bobaditas’ metidas en el programa para una cosa tan seria como el alumbramiento de un nuevo estado? Porque sólo están para enfatizar el aura de autosacrificio, de heroísmo a la par que prudencia, que Mas quiere imprimir a su intento, para afianzar su objetivo principal y personal: la prolongación, todo lo que se pueda (digamos, año y medio, más sería imprudente ante los republicanos) de su libertad política, para negociar con Madrid las condiciones para la constitución del nuevo estado, de un modo que sea “justo y respetuoso” para todos, como dice su hoja de ruta.

Y mientras se negocia con el estado español, se va escribiendo la constitución del estado catalán, que lo mismo puede conducir a una república que a una corona bicéfala, o a un estado federado de la Unión Federal Española o a una autonomía con pacto fiscal. Para Mas todo es posible; porque sabe lo que en esta España constitucional, en esta Europa en grados cada vez mayores de unidad y en este mundo sacudido por separatismos lo último que necesitan los catalanes (y los españoles y los europeos) es otra aventura, hoy por hoy ilegal, a contracorriente histórica y además con dudoso futuro.

La última encuesta de opinión patrocinada por la Generalidad indica claramente un descenso de la adhesión a la independencia: nada menos que diez puntos sobre la anterior. Para complicar las cosas un poco más, en Cataluña (igual que en el resto de España, por cierto) todo son cábalas sobre el impacto que tendrá sobre la hegemonía política del independentismo el fenómeno de Podemos, esa fuerza antihegemónica por naturaleza. La fidelidad de Barcelona, de su cinturón obrero, a “la causa” ya no le debe parecer tan clara a su alcalde. Celebraron la caída del PSC en intención de voto en Barcelona, “¡y ahora vienen éstos!”.

Llega pues, para las fuerzas nacionalistas, un momento de reflexión, antes de verse empujados por los suyos a saltar.

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