Fumar mata

El ta­baco es uno de los pocos pro­ductos que lleva en sí mismo pu­bli­cidad contra su propio con­sumo. “Fumar ma­ta”, se ad­vierte os­ten­to­sa­mente en su en­vase, “fumar per­ju­dica gra­ve­mente su salud y a los que están a su al­re­de­dor”. La gente ya se ha en­te­rado so­bra­da­mente del men­saje, si es que no lo sa­bía. Miles de ca­je­ti­llas se han con­ver­tido en una es­quela fu­ne­raria que nos asusta a todas ho­ras. Ya va siendo hora de que vayan des­apa­re­ciendo esos avisos fú­ne­bres.

Lo que mata no es el tabaco en sí sino las substancias que van incluidas en cada cigarrillo: 10 mg de alquitrán y 10 mg de monóxido de carbono. Las advertencias están más que justificadas. La prohibición en locales públicos, también. El Estado se lleva casi un 50% del total de la recaudación. Pero también asume los ingentes gastos que proporcionan a la sanidad pública las enfermedades derivadas del tabaco.

Los Estados se puede decir que toleran los aditamentos de cada cigarrillo. Las industrias tabaqueras únicamente añaden las sustancias permitidas por la ley. No son ellas las causantes de la muerte, sino las leyes internacionales al respecto. Para que desaparezcan esos aditamentos sería necesario que las leyes los prohibieran. Y para eso es preciso un consenso entre todos los Estados.

Pero la publicidad agresiva en cada cajetilla tiene que cambiar. Por otra parte, con el mismo criterio, cada botella de alcohol debería llevar bien claro un aviso sobre los peligros que su consumo conlleva. Asimismo debería haber advertencias ostentosas en la calle de este tenor: “respirar mata”, “los coches matan y contaminan el aire” y así números ejemplos. Pero, claro, eso convertiría a las ciudades en esquelas fúnebres, y abrumaría a los ciudadanos más de lo que están. En las tiendas de tabaco se debería advertir también bien claro:”esta tienda puede matar”. Casi todo mata en nuestra sociedad, incluida la propia vida.

¿Es necesario incluir en los cigarrillos alquitrán y monóxido de carbono? ¿Por qué entonces las industrias tabaqueras no los eliminan? Estos aditamentos deberían llamarse adictamento porque provocan las adicciones. Esos productos ya son señalados de forma discreta en cada cajetilla. Quizá deberían constar de forma más patente. Pero volvemos de nuevo a la pregunta que nos hacíamos: ¿Son necesarias esas substancias en los cigarrillos? ¿Cambiaria sustancialmente el tabaco la eliminación de esos productos. Lo que es cierto es que el tabaco no produciría tan gravemente los daños que produce. Y a lo mejor se vendería más, cosa que interesa mucho a los Estados y a la industria tabaquera. Aquí debería mandar el pragmatismo político y económico.

Artículos relacionados