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¿Ha declarado España la guerra sólo a Google o a todo internet?

El Canon Aede, sín­toma del cerco a la li­bertad de in­for­ma­ción

Página de Google
Guerra de Rajoy contra Google News-

España es una po­tencia pe­queña o en todo caso de nivel me­dio. Google, en cam­bio, ha cam­biado el mundo, o al menos la ma­nera en que la gente se en­tera de las co­sas. De las no­ti­cias y de casi todo lo de­más. Los edi­tores miem­bros de Aede, a esos ni­ve­les, son unos al­feñi­ques. Pero bajo la po­lé­mica del Canon Aede y la des­apa­ri­ción mañana martes de Google News bulle un océano pro­ce­loso, una guerra fe­roz.

Este es el punto de discusión que lanza sobre la mesa de debate la mítica y casi centenaria revista cultural The New Yorker, que algún medio algo despistado confunde con un diario. No es ni siquiera una tesis, pero a medida que han ido pasando los días desde el anuncio de cierra del servicio de noticias del gigante tecnológico, la pugna España-Google ahonda en su significado, en los antecedentes y en las consecuencias.

El artículo-ensayo de The New Yorker, firmado por Vauhini Vara, se titula en este sentido apropiadamente así: ‘España versus internet’. Vara, que fue redactora-jefe de Economía en la revista y bastantes años redactora encargada de tecnología en The Wall Street Journal, da un paso más que Emily Greenhouse en Bloomberg, que titula de esta otra forma su análisis: ‘La guerra de España contra Google’.

Y ambos van todavía un poco más allá de las primeras reacciones. En ellas, la sorpresa se unió al estupor, y la indignación a las críticas más severas contra los editores españoles y sobre todo contra un Gobierno que ha propiciado la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual con la infumable cláusula de compensanción ‘irrenunciable’ por parte de quienes enlacen contenidos de los medios con inclusión de extractos, por mínimos aunque sean. Como ejemplo definitorio, el titular de Gizmodo: ‘Una ovación cerrada a Google por avegonzar a España en todo el mundo’.

No es que Emily Greenhouse, también como ejemplo, no atice las pavesas, aunque con la inevitable metáfora taurina: ‘Para un gigante como Google, el mercado periodístico español es una minurria, un maletilla frente a un miura asesino’. Pero también reconoce que al conseguir que Google mueva ficha, ‘al menos es posible que la decisión española pueda ser un punto de inflexión’ en la búsqueda por parte de los editores de recibir un pago por sus contenidos. Por eso añade: ‘De modo que aunque España no sea un gran negocio, la apuesta puede tener alcance europeo’.

Tanto Bloomberg como The New Yorker citan en este sentido una vez más una frase bastante reciente que ha pasado a primer plano en la tesitura actual. Fue una declaración al diario financiero alemán Handelsblatt del comisario para la Economía y Sociedad Digital, Günther Oettinger: ‘Si Google toma propiedad intelectual de la UE y hace uso de ella, la UE puede proteger esa propiedad y exigir que Google pague por ello’.

Si se llegara a ese punto, ¿cerraría Google News en los demás países de la UE? Pues probablemente no, porque hay mucho en juego. Greenhouse entrevista a este respecto a Angela Mills-Wade, directora ejecutiva del Consejo Europeo de Editores, que muestra su ‘asombro’ por que Google haya dicho que no obtiene beneficios con Google News al no insertar publicidad: hace seis años, en 2008, la vicepresidenta de Google Marissa Mayer reveló que el servicio Google News a escala mundial valía al menos 100 millones de dólares. Y las autoridades fiscales y de competencia de la UE tratan también de sacar tajada ante el poderío de Google y otras tecnológicas.

Pero no es dinero todo lo que reluce, o lo que no queda claro en este caso. También está en juego la libertad de información, de enlaces, de puertas abiertas al conocimiento y a la iniciativa en el mundo de internet. Ahí hay dinero, claro que sí, pero para los Gobiernos puede ser un quebradero de cabeza. La segunda consecuencia del Cano Aede y del cierre de Google News en España es que se ha desencadenado una batalla dentro de la guerra.

China ha obligado a Google a aceptar filtros de censura a informaciones del exterior. Rusia está trabajando para cerrar su espacio cibernético totalmente en un momento dado si considera que hay peligro para la seguridad nacional. La Justicia europea ha validado el ‘derecho al olvido’, a instancias precisamente de un ciudadano español.

The New Yorker incorpora como materia de reflexión el comentario de Jeremy Malcolm, de la Fundación por la Libertad Electrónica: ‘El enlace es fundamental en el funcionamiento de la Web’, pero ‘dicho esto, no existe nada escrito que avale legalmente el derecho a enlazar, ni ningún acuerdo internacional’.

Malcolm visualiza un futuro posiblemente más restrictivo: ‘Una vez que sea ilegal que los agregadores enlacen noticias de portales públicamente disponibles, les sería mucho más fácil hacer a quienes pretenden prohibir otros tipos de enlaces, como a los videos políticos de YouTube’. Y la propia Vauhini Vara, sin compartir del todo ese temor, está de acuerdo en que ‘la libertad en internet está en declive en todo el mundo’.

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