POLÍTICA NACIONAL

El plan de Mas destruye la arquitectura política de Cataluña

Pide a los par­tidos que dejen de fun­cionar como tales y ac­túen como Movimiento Nacional

Artur Mas
Artur Mas

El plan de Mas, de elec­ciones par­la­men­ta­rias ade­lan­tadas a las pri­meras se­manas de 2015, pro­pone formar una cá­mara que re­dacte en die­ci­séis meses un pro­yecto de cons­ti­tu­ción, se­guido de unas elec­ciones para un par­la­mento cons­ti­tu­yente, el cual debe pro­ceder a la pro­cla­ma­ción uni­la­teral de una República Catalana Independiente, para ne­go­ciar des­pués las mo­da­li­dades y con­di­ciones de se­pa­ra­ción fí­sica y legal res­pecto de España.

Este proyecto haría que la vida política, social y económica de Cataluña estuviese embargada, durante por lo menos dos años, por un intento que es más que dudoso que encuentre un respaldo mayoritario de los catalanes, por no hablar siquiera del consentimiento del estado español y del beneplácito de la comunidad internacional.

El órdago lanzado por el presidente Mas invitando a las otras fuerzas nacionalistas a formar una candidatura única, con un solo punto programático común (la declaración unilateral de independencia), entra en conflicto con los intereses electorales de las bases de todas esas mismas fuerzas, incluidas las de su propia formación, Convergencia Democrática de Cataluña (CDC).

No obstante, no debe descartarse que el grueso de las fuerzas populares soberanistas exijan plegarse a la estrategia de Mas. Una organización social tan influyente como la Asamblea Nacional de Cataluña, que estuvo detrás de las movilizaciones populares del 11 de septiembre en los tres últimos años, acaba de pedir precisamente eso: que todos los partidos independentistas se unan al plan de Mas.

Su presidenta, Carme Forcadell, pidió este domingo 30 a Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana, que esté “abierto” a negociar la lista única propuesta por Mas. “No hay otra solución que llegar a acuerdos”, declaró a RAC-1. Ella misma, según confesó, está dispuesta a entrar en la candidatura a favor de una declaración unilateral de independencia.

Sin embargo, el planteamiento de Mas desafía las expectativas de millares de nacionalistas dedicados a la política. Por un lado, lo planteado por él abocaría a los líderes de todas esas fuerzas a seguir un plan en cuyo diseño no han intervenido, y que pone en riesgo, además, los escaños parlamentarios que ahora detentan.

Por otro lado, los millares de afiliados que hoy ocupan cargos de ediles y empleados de las administraciones locales por sus respectivos partidos (alcaldes, concejales, contratados de designación digital, redes clientelares, etc.) se juegan la continuidad de sus cargos o ventajas si la campaña electoral local del 2015 se ve sobrepasada por la agenda política de unas elecciones autonómicas adelantadas, en las que las consideraciones y cuestiones locales quedarían condicionadas por la causa mayor (la independencia), o simplemente marginadas.

No todo el mundo está contento con tener que consagrar sus pequeñas aspiraciones políticas en pro de la gran causa, arriesgándose a salir perjudicados en el nuevo reparto de poder, resultante de unas elecciones autonómicas en clave independentista, con una generación de nombres “de la nueva situación”, en liza por los cargos, y con otras prioridades y alianzas, distintas a las de los actuales titulares.

La propuesta de Mas es que el nuevo ‘parlament’ se forme con una fuerte presencia de personalidades representativas de la sociedad civil, no necesariamente de los partidos políticos. Esta propuesta restringe fuertemente la presencia de los militantes pertenecientes a las ‘cúpulas’ de los partidos en la lista única.

Son militantes que han abrigado legítimas expectativas de labrarse prometedoras carreras políticas, mediante las que esperan tener a un mismo tiempo las ventajas de gozar de parcelas de poder, y de asistir desde sus curules al nacimiento de un estado nacional dentro de unos dos años. Muchos preferirían que el ritmo del proceso lo marcase el calendario político vigente hasta ahora, no las prisas de Mas en pro de un liderazgo sin competidor, con el que se lanza como un iluminado a un proyecto de independencia.

Aunque es probable que la simplicidad del programa de Mas ejerza una fuerte seducción sobre los afiliados y votantes de base de esos partidos, no es tan seguro que los responsables de las estructuras partidarias accedan de buena gana a los deseos de Mas; deseos que éste se propone imponer sin mucha consideración para las expectativas de supervivencia de las formaciones soberanistas, las cuales se van a ver metidas en una situación para la que no están preparadas, porque desde un punto de vista técnico se trata de un intento insurreccional.

Entre la normalidad y el destino

La perentoriedad con que Mas quiere que su propuesta de elecciones plebiscitarias sea abrazada encuentra la dificultad de que todo partido, incluso el suyo, está obligado a la deliberación y a la adopción de resoluciones por medio de procesos demorados de negociación y transacción, cuyos resultados son inciertos por naturaleza. Abrazar el plan de Mas equivale a sacrificar la autonomía partidaria.

De ese modo, una democracia estructurada en torno a los partidos políticos dejaría abierto el camino a movimientos al margen de las pautas regladas, propias de un régimen constitucional, y aumentaría las posibilidades de una sedición que desestabilizaría no sólo a España sino también a la propia Cataluña, y abriría un precedente indeseable en la Unión Europea.

El programa de Mas hace tabla rasa de la cultura política interna de cada partido como entidad independiente, y descompone el equilibrio interno entre sectores, familias y líderes de una misma formación, por no hablar de las expectativas de alianzas posibles que cada una de esas fuerzas abrigan respecto de otras. El líder de Unión Democrática de Cataluña, la formación que forma con CDC la coalición gobernante, ha recibido la propuesta con frialdad y distanciamiento. Iniciativa-Els Verds y la CUP, han rechazado su adhesión al plan de Mas.

La formación más cortejada por el ‘president’, Esquerra Republicana, se pronunciará sobre esta cuestión en una conferencia partidaria dentro de tres días. Hasta ahora, su líder, Oriol Junqueras, ha rechazado la idea de presentarse a unas elecciones autonómicas adelantadas, sobre todo si ha de renunciar a sus siglas.

El plan es un salto en el vacío, en pos de un designio; del cual lo más claro que saldría sería el caudillaje de Artur Mas…, o su alternativa el martirio. Ambas posibilidades ofrecen ‘roles’ muy codiciados por quienes se empeñan en pasar a la historia como alguien que logró para su tierra un destino que, al parecer, Cataluña ansía desde hace cientos de años.

En última instancia, se trata de esta alternativa: seguir las llamadas subjetivas de un supuesto destino histórico, o bien resignarse a servir legal y democráticamente lo que Cataluña, España y Europa tienen derecho a exigir y esperar, aquí y ahora.

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