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Aviso: en un referéndum de verdad en Cataluña debería votar el 80% del censo

Está en juego ‘la exis­tencia misma de España’

Manifestaciones en  Cataluña
Manifestaciones en Cataluña

Ya hay al­guien que se aleja de las emo­ciones en torno al 9-N y lo que puede y debe pasar en Cataluña. Alguien que se aleja del en­tu­siás­tico ‘éxito to­tal’ que re­vin­dica Artur Mas y del dis­pli­cente ‘profundo fra­caso’ con que Mariano Rajoy re­pudió el re­sul­tado. Alguien que se aparta de la apre­su­rada in­ter­pre­ta­ción en me­dios in­ter­na­cio­nales sobre la su­puesta ‘abrumadora ma­yo­ría’ a favor de la in­de­pen­den­cia.

Ese alguien es el autor del editorial que publica la revista The Economist en su número que se pone a la venta este fin de semana. Y como es un editorial o ‘Leading Article’, se trata de la postura oficial del influyente semanario británico. Es un texto centrado y no cegado en cuanto a lo que debe o no debe ser considerado una mayoría en un eventual referéndum sobre cuestiones fundamentales como la secesión.

En este punto, se fija en el caso de Canadá: desde 1998 están establecidas las condiciones básicas para un referéndum de independencia de Quebec. Entre ellas, dos puntos clave: que la pregunta sea una sola, muy clarita y directa, y que el resultado arroje una ‘clara mayoría’.

¿Qué es una clara mayoría? No está del todo claro. En unos países, una supermayoría, mayoría clara o mayoría cualificada es dos tercios; en otros, tres quintas o incluso cinco sextas partes. Respecto a Canadá, todavía no se ha fijado: no se ha dado la ocasión de decidirlo, porque en los dos referendos celebrados en 1980 y 1995 triunfó el No. En las elecciones del pasado abril, consideradas como plebiscitarias al estilo de las que pretende Artur Mas, también salieron trasquilados los independentistas.

A The Economist le llaman la atención dos datos porcentuales del 9-N: el del 80% del Sí-Sí y el 37% participación del presunto censo de 6,3 millones de posibles votantes. El editorial aplaca los alaridos triunfales de Mas y de Rajoy: ‘Ninguno tiene razón’. Y añade: ‘Hay razones de peso para convocar un referéndum, pero si llega a haberlo, Cataluña debería votar por la permanencia como parte de España’.

Aquí es donde The Economist se columpia y falla lamentablemente en la tesis básica. La expone en el título: ‘El futuro de Cataluña: déjenles votar’. Repite el error en la frase siguiente: ‘El Gobierno de Madrid debería permitir que los catalanes celebren una votación, y derrotar entonces a los separatistas en las urnas’. Aunque hace referencia a la Constitución, no llega al fondo: que la soberanía reside en todos los españoles y por tanto Rajoy no puede autorizar un referéndum, aunque quisiera. Pues anda que no hay cosas que le echan abajo a Cameron en Londres, a Hollande en Francia, a Obama en EEUU.

Está fuera de toda duda que el influyente órgano financiero y económico hace campaña contra de la independencia y a favor de la unión, como hizo en el referéndum escocés. En el caso catalán, niega que puedan sentirse ‘víctimas de la opresión del Gobierno central’. Entre otras cosas, por una fundamental: ‘España ya es el país de Europa donde hay más autonomía’ en las regiones.

Pero el caso es que la cuestión está enquistada y que con el No tajante al llamado ‘derecho a decidir’ Madrid ‘está ayudando a los separatistas’. El editorial comprende el problema de un país donde ‘hay otras regiones inquietas’, y argumenta: ‘Si se va Cataluña, también podrían hacer lo propio el País Vasco y Galicia. Por tanto, la independencia catalana plantearía un serio riesgo a la existencia misma de España’.

Una reflexión del editorialista también muy peligrosa: hay que ser prudente sobre la separación de país, pero si hay una región con singularidades culturales, lingüísticas o étnicas, ‘la negativa a permitir una consulta es perversa’. Abunda en este argumento: ‘habría sido erróneo forzar a Eslovaquia a seguir en Checoslovaquia o a Kosovo en Serbia, lo mismo que se equivocó Gran Bretaña al combatir la independencia irlandesa. Sería igual de erróneo hacer que Flandes permanezca belga, Quebec seguir canadiense o Escocia continuar siendo británica si una clara mayoría de prefiriera la independencia’.

¿Qué hacer en Cataluña, entonces? La propuesta es la siguiente: primero, reparar lo que echó abajo el TC del nuevo Estatuto en 2010; segundo, prometer una convención constitucional para redistribuir los poderes de la Constitución de 1978; y tercero, el referéndum con la pregunta clara y ‘un mínimo del 80% de participación, y puede que una segunda votación tres años después’. No menciona nada sobre la ‘clara mayoría’ de votos efectivos.

Con ese parámetro del 80% de participación respecto al censo, la Generalitat lo va a tener muy crudo, aparte de que ya se votó en 1978 la Constitución y se aceptó por un 90,46 de los votos emitidos. En esa ocasión, la participación fue del 67,91%. Y en las últimas elecciones autonómicas en 2012, hubo una participación del 69,56% sobre un censo de 5.413.850 personas.

El listón de The Economist del 80% de participación exigiría con ese mismo censo de hace dos años que fueran a las urnas 4,3 millones de votantes. Pero si se tiene en cuenta el otro censo informal de 6,3 millones de electores al sumar los jóvenes mayores de 16 años y los extranjeros residentes tres años, tendrían que hacer cola ante las mesas electorales nada menos qu

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