Desde el pre­si­dente a Spottorno, los eje­cu­tivos sin bonus fueron los más de­rro­chones

Blesa redujo salarios por la crisis mientras duplicaba el gasto de las tarjetas black

La con­ge­la­ción de 2009 se jus­ti­ficó como una “medida ejem­plar y so­li­da­ria"

Rafael Spottorno, jefe de la Casa del Rey, asistió a la boda de ...
Spottorno presentó anoche su renuncia.

Las tar­jetas ‘black’ de Caja Madrid se po­ten­ciaron a raíz de las con­ge­la­ciones que el con­sejo de ad­mi­nis­tra­ción y la alta di­rec­ción de la en­tidad pre­si­dida por Miguel Blesa tu­vieron que asu­mir, como ocu­rrió en 2009 cuando el be­ne­ficio en el ejer­cicio an­te­rior se des­plomó más de un 70%. Ya con Rodrigo Rato al frente de la en­ti­dad, una de­cena de di­rec­tivos se que­daron sin el bonus del pe­ríodo 2007-2011, ya que el FROB había in­yec­tado más de 4.000 mi­llones y una di­rec­tiva de la Unión Europea lo im­pe­día.

Los 10 perjudicados, desde Blesa a Rafael Spottorno, que en la noche del martes presentó su renuncia de su actual cargo (consejero del Rey), figuran como los activos con los plásticos del escándalo.

Las tarjetas de representación en Caja Madrid, como en un buen número de empresas y organismos, existían mucho antes de la llegada de Miguel Blesa a la entidad, pero su uso obligaba a la justificación de los gastos realizados. La potenciación de las conocidas como tarjetas ‘black’ u opacas a Hacienda se potenciaron ya en la década de los 2000 como una medida para compensar las congelaciones salariales, muy puntuales, que tuvieron que asumir el consejo de administración y la alta dirección, según explican fuentes conocedoras por aquel entonces de la entidad de ahorros.

Uno de esos momentos ocurrió en la Asamblea General celebrada en junio de 2009, cuando se aprobó una congelación salarial del consejo de administración y de la alta dirección como una “medida ejemplar ante la crisis” y cuando ya se había abierto un proceso electoral que acorralaba a un Miguel Blesa que intentaba optar a un nuevo mandato al frente de Caja Madrid pese a los cambios normativos del Gobierno de Esperanza Aguirre. La decisión se tomaba después de que el beneficio del último ejercicio se había derrumbado un 70,6%, hasta los 840 millones de euros, ya que en 2007 había logrado unas plusvalías de más de 2.300 millones de euros por la venta de la participación de la caja madrileña en Endesa.

Las cuentas anuales y el informe de gestión del equipo directivo por aquel entonces fueron aprobadas por más de 300 votos, tan sólo una abstención y tan sólo el voto en contra de la Asociación de Usuarios de Banca (Ausbanc), del siempre polémico y aventurero Luis Pineda.

Pérdida de bonus

Uno de los mayores golpes a los bolsillos particulares de los altos directivos de confianza de Miguel Blesa llegaría, no obstante, en febrero de 2011 cuando el consejo de administración que ya presidía Rodrigo Rato aprobaba por “unanimidad finalizar, no renovar y no reconocer” el derecho de cobro del plan de incentivos a largo plazo para los altos directivos durante el periodo comprendido entre 2007 y 2011.

Dicho complemento, que ascendía a unos 25 millones de euros y que hubiera sido superior si el beneficio de la entidad no se hubiera hundido en los últimos ejercicios, se había aprobado en 2006. Entre los beneficiados estaba el propio Miguel Blesa que, antes de su salida de la presidencia de Caja Madrid, aún pudo cobrar un finiquito de unos dos millones de euros.

La supresión del bonus se justificó porque el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) ya había inyectado casi 4.500 millones de euros en la entidad, ante su déficit de capital, y por la imposición de una directiva de la Comunidad Europea. La decisión se acogió con el beneplácito de la mayoría de la clase política y sindical, aunque no debió de recibirse de igual manera por los que se veían perjudicados.

Ildefonso Sánchez-Barcoj era uno de ellos y figura como el que mayor uso ha hecho de las denominadas tarjetas ‘black’: unos 484.000 euros entre 2003 y 2012, con una media anual superior a los 65.000 euros, por encima de los 50.000 euros que se habían fijado como máximo permitido en el uso de dichas tarjetas que no requerían de justificantes de gastos.

Ricardo Morado, director de organización de Caja Madrid, también figura como uno de los que más han utilizados estos polémicos plásticos (448.300 euros) y que también estaba entre los 10 consejeros con derecho al bonus que fue suprimido por el consejo de administración de Rodrigo Rato. Los directivos Matías Amat y Mariano Pérez Claver, también con gastos cercanos a los 400.000 euros con las tarjetas opacas, eran otros de los que se vieron privados del cobro del bonus.

Algo por detrás de ambos, con unos gastos de unos 293.000 euros, se encuentra Juan Astorqui, director de comunicación en la época de Miguel Blesa, con derecho también a ese plan de incentivos y siempre contrario a que se airearan los salarios existentes en la entidad de ahorros. Carlos Martínez y Carmen Contreras, ambos directores gerentes de la Obra Social, también figuraban entre los beneficiados de los complementos aprobados bajo el mandato de Miguel Blesa. Sus gastos con las tarjetas opacas fueron de 276.000 y 266.400 euros entre 2003 y 2012, respectivamente.

El consejero Ramón Ferraz, con gastos cercanos a los 400.000 euros con la ‘black’ concedida, y Rafael Spottorno, con un uso del plástico por casi 224.000 euros, también figuraban entre la decena de los elegidos para beneficiarse de los planes de incentivos a largo plazo.

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