Pablo Abejas pre­sidía la Comisión de Control en pleno pro­ceso elec­toral y co­braba con las tar­jetas opacas

Caso tarjetas: otra bomba de 'los suyos' contra Esperanza Aguirre

Su ariete contra Blesa para con­trolar Caja Madrid cae por co­brar y no de­clarar a Hacienda

El Consejo de Caja Madrid forzará la salida de Pablo Abejas de la ...
Miguel Blesa y Esperanza Aguirre.

El caso de las tar­jetas opacas se ha co­brado las pri­meras piezas po­lí­ti­cas, tanto en el PP como en UGT. Mientras, un buen nú­mero de con­se­jeros se de­fienden del uso que hi­cieron de los plás­ticos que Caja Madrid les asignó por su cargo. Pablo Abejas, el con­tro­ver­tido pre­si­dente de la Comisión de Control cuando se abrió el pro­ceso elec­toral para sus­ti­tuir a Miguel Blesa tras 14 años de man­dato, ha sido ce­sado como di­rector ge­neral de Economía de la Comunidad de Madrid. "Todo el mundo co­nocía la exis­tencia de las tar­jetas y nadie pen­saba que no era le­gal". "Fue Jaime Terceiro (antecesor de Blesa) el que las ins­tauró en 1988", ha seña­lado en su de­fensa.

Abejas se consideraba el infiltrado de la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, para que Blesa no optara a un nuevo mandato. Además, la presidenta de la Fundación Caja Madrid, Carmen Cafranga, se ha visto obligada a dejar este cargo.

20 de octubre de 2008. Esta fecha es en la que se abrió el proceso electoral por el que se tenía que renovar la Asamblea de Caja Madrid y que, tras varios cambios normativos por parte del Gobierno regional de Esperanza Aguirre, suponía todo un órdago para que Miguel Blesa pudiera optar a un nuevo mandato al frente de la entonces cuarta entidad financiera del país, en la que llevaba como presidente desde 1996.

En aquel momento, todo el enfrentamiento se veía como un nuevo capítulo más de los encontronazos entre la lideresa Aguirre y el entonces alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que asistía a cómo se reducía el número de consejeros que el consistorio de la capital de España podía nombrar en la Asamblea General de Caja Madrid.

En medio de aquella polémica emergía un personaje controvertido, llamado Pablo Abejas y que presidía la Comisión de Control de la entidad de ahorros madrileña, que con el proceso de renovación abierto se convertía en pieza clave como comisión electoral. Sus reuniones que acababan a horas intempestivas y llenas de polémica, acabaron con el cese en enero de 2009 de Abejas y el nombramiento de Fernando Serrano, defensor del contribuyente del Ayuntamiento de Madrid.

Eso sí, la esquizofrenia llegó a tal punto de tener una doble convocatoria de la Comisión de Control con dos presidentes distintos. Si Serrano se consideraba la cuña de Ruiz-Gallardón en el grupo financiero, Abejas era visto como el verdadero ariete de Esperanza Aguirre para derribar a Miguel Blesa.

El propio Blesa sospechaba que Pablo Abejas era el que había filtrado la compra de un BMW Serie 7, con todo tipo de extras, por más de 500.000 euros en 2009 para el uso del presidente de Caja Madrid y que pudiera viajar con mayor seguridad que en un enorme Mercedes-Benz que ya disponía. La polémica y la repercusión de la compra del utilitario de lujo generó más de un temblor en la torre Kío que aún ocupa Bankia, el grupo resultante de la fusión de seis cajas con la entidad madrileña.

Sin precedentes

Aquella lucha por hacerse con el poder en Caja Madrid se vio como una de las mayores injerencias políticas en el sector de las cajas de ahorros y así se defendió incluso por el entonces presidente de la patronal. “Se ha roto el principio fundamental de la representación de los grupos con intereses. Algunos partidos ya pueden pactar fuera el futuro de la entidad. Es el mayor caso de intervencionismo público que yo recuerdo. Es esperpéntico, como una pelea en un patio de colegio”, sostenía a finales de marzo de 2009 el entonces presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), Juan Ramón Quintás.

El propio Miguel Blesa, en su despedida el 19 de enero de 2009, aseguraba que había sido “un proceso enormemente agitado” y que carecía “de precedentes en el sistema financiero español”. Aunque se apunta al expresidente de Caja Madrid como el artífice de la distribución de las tarjetas del escándalo, algunos ya se remontan a etapas anteriores, como la de Jaime Terceiro (ahora consejero en Bankinter), en las que facilitó los plásticos para gastos de representación institucional, como ocurre en otras empresas.

Si Blesa fue cuestionado al final de su mandato, durante el tiempo que estuvo en Caja Madrid logró un equilibrio sustancial de las fuerzas representadas por distintos consejeros. El representante de Izquierda Unida, José Antonio Moral Santín, fue clave en su mantenimiento, junto al apoyo recibido por Comisiones Obreras (CCOO).

La pareja de Paredes

Tanto Moral Santín como los representantes del sindicato mayoritario en banca (como Rodolfo Benito o Francisco Baquero, pareja de la ex líder sindical de banca María Jesús Paredes) figuran entre los grandes beneficiados de las denominadas “tarjetas black”. Baquero cobró 266.700 euros y recibió además un aval de la entidad bacanria de más de 700.000 euros.

Bien es cierto, que el que más usó esos plásticos fue el director general financiero, Ildefonso Sánchez-Barcoj. El hombre gris de Caja Madrid, aquel que presentaba las cuentas trimestrales aunque sus explicaciones siempre aparecían como “fuentes de la entidad”, ha llegado a gastar cerca de medio millón de euros y permaneció en sus responsabilidades con la llegada de Rodrigo Rato y el nombramiento de Francisco Verdú como consejero delegado.

También las usaron miembros de UGT. De hecho, el secretario general de UGT-Madrid, José Ricardo Martínez, dimitía este viernes a consecuencia del informe de Bankia que revela que gastó algo más de 44.000 euros con la tarjeta "opaca" que tenía de Caja Madrid por su condición de consejero de la entidad.

Expertos fiscales

Al margen de las consecuencias judiciales que pudiera tener todo este escándalo de las tarjetas en negro, los técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) se cuestionan ahora la defraudación tributaria que pudieron cometer los más de 80 consejeros salpicados por este caso, aunque no fuera una práctica delictiva.

Lo más curioso es que entre los consejeros de Caja Madrid implicados figura Estanislao Rodríguez-Ponga, quien fuera secretario de Estado de Hacienda entre 2001 y 2004 bajo el segundo Gobierno de José María Aznar. Rodríguez-Ponga, que antes de estas responsabilidades ofrecía consejos desde los medios de comunicación para “optimizar” las cargas fiscales, no debió de ofrecer sus conocimientos al resto de los consejeros de Caja Madrid y tampoco debió de aplicárselos así mismo, ya que su uso de las polémicas tarjetas alcanzó los 255.400 euros. Otro de los beneficiarios fue Rafael Spottorno, jefe de la Casa del Rey Juan Carlos, cuando prestaba servicios en Caja Madrid. Y algún familiar de sindicalistas.

Desde luego, que desde los distintos partidos políticos, sindicatos, asociaciones e instituciones pueden anunciar ahora la depuración de todas las responsabilidades. Incluso, el juez Fernando Andreu puede pedir ahora la opinión de los peritos del Banco de España sobre el uso delictivo de las tarjetas.

Pero durante bastante tiempo (y bajo al menos dos gobernadores, Jaime Caruana y Miguel Ángel Fernández Ordóñez), el Banco de España no supo nada al respecto o tal vez prefirió no ver lo que ocurría, como pasó con el estado real de algunas entidades pese a las advertencias de distintos inspectores.

Artículos relacionados