Su ratio de ren­ta­bi­lidad sobre ac­tivos me­jora por una dieta de adel­ga­za­miento que ya ha ter­mi­nado

Bankia tendrá que aumentar el negocio para mantener sus actuales cifras de beneficio

Las re­duc­ciones de gastos de per­sonal y las plus­va­lías han man­te­nido su au­mento de re­sul­tados

Jose Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia
Goirigolzarri, pte. de Bankia

Tras la buena no­ticia de que toda la banca es­pañola ha apro­bado los fa­mosos test de es­trés del Banco Central Europeo y de la EBA, llega la hora del aná­lisis fino de las cuentas que estos días pre­sentan las en­ti­dades fi­nan­cieras co­rres­pon­dientes al tercer tri­mestre de 2014. Las dos pri­meras en ha­cerlo, sin es­perar si­quiera a que el BCE hi­ciera pú­blicas las notas de los tests de es­trés, fueron Bankia y CaixaBank. No fueron nada ma­las, pero hay al­gunas la­gunas en la pri­mera.

A falta de conocer las del Popular, que es el tercer banco de tamaño suficiente para poder compararse con las anteriores y cuyo negocio se centra casi exclusivamente en España igual que ellas, las cifras muestran que Bankia necesita imperiosamente crecer en volumen de negocio para poder mantener la evolución al alza de sus principales indicadores.

Hasta ahora los ha mejorado gracias a una estricta dieta de adelgazamiento que ya ha terminado y que dejará de sumar atractivo a los ratios de rentabilidad. Ahora toca crecer para poder mantener el tipo, sobre todo teniendo en cuenta que el Gobierno quiere privatizar la mayor parte posible de su capital antes de las elecciones generales de 2015.

A 30 de septiembre último, el beneficio atribuible de Bankia sumaba 698 millones de euros, frente a los 461 millones de un año antes. Esto significa que dicho beneficio ha subido en 237 millones, o lo que es lo mismo, un 51,4%. Vista así, en frío, la cifra es impactante porque supone dar un salto muy importante en la rentabilidad de este banco nacionalizado. Pero si se miran los rincones de las cuentas se puede ver que no es oro todo lo que reluce. Para empezar, y según señala en la propia documentación oficial, en los nueve primeros meses del año Bankia se ha anotado como beneficios 92 millones de euros procedentes de ventas de acciones de empresas participadas, entre las que destacan NH Hoteles y Deoleo, entre otras. Sin esta aportación de las desinversiones, el incremento del beneficio habría quedado en un 31,2%, que tampoco es mala cifra tal y como está el sector financiero.

Bankia contabiliza estas plusvalías en una línea de su cuenta de resultados que denomina “otras pérdidas y ganancias” en la que incluye también, por ejemplo, los quebrantos que le suponen cada trimestre el ajuste del valor de los activos adjudicados, es decir de los inmuebles o fincas que se queda por impago de las hipotecas. Pero mirando un poco más arriba en la cascada de resultados de la entidad, concretamente en la línea del resultado de explotación antes de provisiones, puede verse cómo la dieta de adelgazamiento ha surtido efecto.

Este concepto, que recoge los ingresos de la actividad bancaria y los gastos necesarios para mantener la entidad en funcionamiento ha pasado de 1.414 millones en los nueve primeros meses de 2013 a 1.631 millones en el mismo período de 2014. En total la diferencia positiva es de 216 millones de euros.

Esta última cantidad, nada despreciable tampoco, pierde sin embargo parte de su encanto cuando se mira de dónde proviene. Los dos principales componentes son el incremento del margen bruto (donde están los ingresos ordinarios) y el comportamiento de los gastos de administración de la entidad. Pues bien, el primero de los dos epígrafes suma 77 millones.

La madre del cordero de la cifra de aumento del resultado de explotación está en la disminución del coste de personal, que asciende a 116 millones de euros, o lo que es lo mismo, al 54% de la mejora general del resultado de explotación. Esto, que contablemente deja una huella importante en los datos comparados cuando se lleva a cabo, no es algo que pueda mantenerse en el tiempo, puesto que reducciones de personal del calibre que ha hecho Bankia entre septiembre de 2013 y el mismo mes de 2014 no pueden repetirse. En concreto, ha pasado de 17.230 a 14.482 empleados en dicho período.

A diciembre de 2012 el grupo tenía en plantilla 20.005 empleados, lo que da idea del ajuste realizado y que, según confiesan en la entidad, ha llegado a su fin.

Pluvalías por desinversiones

Todo esto significa que si se eliminan los 92 millones de plusvalías por desinversiones y los 116 millones por reducción de gastos de personal, que ya no van a volver a producirse, resulta que de los 237 millones de euros en los que ha aumentado el beneficio atribuido de Bankia a 30 de septiembre último, sólo proceden del negocio puro y duro 29 millones. Es verdad que los ajustes de gastos son una parte del negocio.

Pero también lo es que sólo se producen una vez y que en las cifras del año siguiente la comparativa con el ejercicio anterior ya no gozan de ese salto. Es lo que los estadísticos llaman efecto escalón, que hace que en los años posteriores a un ajuste las cifras tiendan a igualarse si no se producen nuevos saltos en otros epígrafes de las cuentas.

Esto es lo que le ocurre a Bankia. Sin muchas más cosas importantes que vender en el próximo año (entre 2013 y 2014 ha vendido sus participaciones en IAG, NH y Deoleo, además de haber colocado en 2014 un total de 1.758 millones de euros en créditos dudosos o fallidos), y con una plantilla ajustada ya a las exigencias de ajuste que le impuso el Fondo de Rescate Europeo (Mede), los resultados de los próximos trimestres sólo pueden mejorar significativamente con respecto a los actuales por la vía de aumentar los ingresos ordinarios y no por la de ajustar los gastos.

Esto requiere un incremento importante de su volumen de negocio, seriamente afectado también por la dieta de adelgazamiento impuesta por Europa. Tanto el presidente de la entidad, José Ignacio Goirigolzarri, como el consejero delegado, José Sevilla, han reiterado últimamente en conversaciones públicas y privadas que en 2015 van a pedir a la Comisión Europea que les levante las restricciones comerciales que ahora tiene Bankia a la hora de competir con sus colegas, ya que no se les permite, por ejemplo, entrar en guerras de depósitos o de hipotecas, para preservar su solvencia.

¿Servirá de algo ese levantamiento de las restricciones?

Está por ver. Y sobre todo después de que la propia entidad haya reconocido que “en este trimestre [el tercero de 2014] se ha continuado bajando el coste de los depósitos a plazo, de manera que las nuevas contrataciones se han realizado en torno a un tipo del 0,85%, 25 puntos básicos menos que en el trimestre anterior, mientras que el stock de depósitos se sitúa en un tipo del 1,83%”.

Es posible que el vencimiento de muchos de esos depósitos que tiene ahora a una media del 1,83% reduzca su gasto en intereses y aumente por tanto su margen, pero pagando menos del 1% va a tener dificultades para mantener a los clientes y, por tanto, para hacer negocio vía comisiones y por fidelización. Y si sube la remuneración a los depósitos reducirá los diferenciales con lo que la comparación con los trimestres actuales tampoco será beneficiosa.

En conjunto, entre septiembre de 2013 y el mismo mes de 2014, Bankia ha reducido el volumen de depósitos de la clientela de 112.003 a 105.854 millones de euros, lo que significa haber perdido 6.149 millones de euros depositados por parte de los clientes. Esto, que según fuentes financieras podría haberle supuesto a la entidad un ahorro de hasta cien millones en el pago de intereses, lleva aparejada, sin embargo, una pérdida de clientes que dejan de dar ingresos por otras vías.

Los activos totales han descendido significativamente, desde los 261.284 a los 247.072 millones de euros. Es precisamente esta caída en el volumen total de la entidad la que contribuye a salvar los muebles del ratio de rentabilidad. Si se mira el resultado de explotación sobre activos totales, resulta que a 30 de septiembre último el ratio era del 0,66%. Un año antes estaba en el 0,54%, lo cual no es desdeñable. Pero el atractivo se vuelve a perder si se compara con lo que Bankia tiene alrededor. CaixaBank, por ejemplo, cuyo negocio también se centra en España, ha visto caer su activo total en un 0,93% durante los doce meses que van de septiembre de 2013 al mismo mes de 2014, cuando en Bankia dicho descenso ha sido del 5,44%.

Si se aplicara a Bankia un descenso similar al de CaixaBank, su ratio de rentabilidad de explotación sobre activos totales se habría quedado en el 0,62%. La cifra está aún lejos en ambos casos, del 0,73% que tiene CaixaBank, y ello a pesar de que esta última tiene aún pendiente de culminar sus ajustes de gastos de administración.

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