Tarjetas black: la teoría de la venganza de Neguri

El ob­je­tivo po­lí­tico sería Aznar y eso exige acabar con Rato, su punto vul­ne­rable

Jose Ignacio Goirigolzarri y Luis de Guindos
Jose Ignacio Goirigolzarri y Luis de Guindos

Menudo lío se ha ar­mado du­rante las úl­timas horas en Madrid a cuenta de lo que se es­conde de­trás del es­cán­dalo de las tar­jetas black de Bankia. Boca a boca, por te­lé­fono o por mail, se ha ex­ten­dido la teoría de que la in­ves­ti­ga­ción y pos­te­rior fil­tra­ción del es­cán­dalo de las tar­jetas black de Bankia no es más que la ven­ganza del viejo y ex­tin­guido Neguri contra José María Aznar y Rodrigo Rato. ¿Por qué?

La respuesta es muy sencilla. Aznar y Rato, Rato y Aznar, utilizaron a Francisco González para privar al exclusivo Neguri (personificado en Emilio Ybarra), mediante el escándalo de las cuentas opacas del BBV en Jersey, del control del entonces primer banco español. Ahora, quince años después, los bilbainos quieren tomarse la revancha y castigar a los culpables de aquel "expolio". Sólo hace falta identificar al angel exterminador.

La teoría, aunque parezca verosímil, no deja de ser rebuscada pero sobre todo ridícula. Ni al inspector Clouseau, acostumbrado a sumar cinco con dos más dos, podría ocurrírsele tal desatino. Pero, mira por donde: el héroe de la saga de películas de Blake Edwards parece que cabalga de nuevo y se ha personificado en José Ignacio Goirigolzarri, ese vasco de Plentzia que, aunque graduado por la prestigiosa Deusto, poco o nada tuvo que ver con la Neguri más rancia, pese a crecer profesionalmente con Emilio Ybarra y su fiel e inteligente escudero, Pedro Luis Uriarte.

Habría que rebuscar en Google para saber qué sucedió entonces (años de 2002 a 2004, periodo de esplendor de la primera legislatura del tándem Aznar/Rato) para encajar las piezas. Pero se lo resumimos: Ybarra y Francisco González eran co-presidentes del BBVA, entidad resultado de la fusión entre BBVA y Argentaria, una unión forzada desde la Moncloa del PP bajo la sospecha de que el BBV de Ybarra financiaba bajo presión terrorista a ETA y, lo que les resultaba peor para sus intereses cortoplacistas, al Partido Socialista de Euskadi, PSE, su principal enemigo electoral en el País Vasco en aquellas fechas. Todo ello desde unas cuentas secretas en Jersey abiertas por Pedro Toledo (Banco Vizcaya, después BBV, tras la fusión con el Banco Bilbao) para defenderse de un delirante y jugoso asalto hostil del financiero delincuente Javier de la Rosa y su brazo armado inversor, el fondo kuwaití KIO.

Resulta que, terminada su función defensiva frente al catalán presidiario y fusionado el Vizcaya con el Bilbao, las cuentas seguían operativas en Jersey y crecían y crecían gracias a las sustanciosas inversiones (opacas también el fisco y al control del Banco de España) que desde allí se realizaban. Entre otras, adquirir títulos de la recién privatizada Argentaria para forzar una fusión con el BBV y bajo control vasco. Materalizada la ansiada alianza bajo presión de Rato y de Aznar, el torpe Ybarra contó su existencia al Gobierno Aznar y al BdE de Jaime Caruana, con su co-presidente Francisco González haciéndose pasar por un mero convidado de piedra.

Aparentemente, ya que no tardaría un minuto el ínclito y tortuoso gallego de Chantada en filtrar el asunto a la prensa y presentar una denuncia en el Juzgado de Guardia, no sin calcular milimétricamente que con ello se llevaba por delante al propio Ybarra y a todo su consejo de administración.

Paralelismo

Se preguntarán donde está el paralelismo con las tarjetas black de Miguel Blesa y Rodrigo Rato. A eso vamos: Ybarra tuvo la feliz idea de repartir unos dudosos fondos de pensiones entre sus consejeros con cargo a aquellas cuentas y, obviamente, opacos al fisco español. Misterio, misterio, el cura en adulterio. Con esa información en sus manos, FG se cargó en el proceso a Ybarra, Uriarte y a punto estuvo de llevarse también por delante a José Ignacio Goirigolzarri, en aquel momento el delfín de Uriarte, a su vez el delfín de Ybarra. Es decir: presidente in pectore y a plazo fijo del flamante BBV-A.

También se cargó, en el asalto al cielo, a todo el consejo de administración de Ybarra, poblado de ilustres miembros del empresariado español, como los Entrecanales, Abellós y hasta un hombre misterioso, Óscar Fanjul, muy próximo al PSOE y a Carlos Solchaga, pero muy celoso de su imagen pública y que, en su día, llegaría a confensar a varios confidentes: "esto lo pagarán; a mí nadie me ha llamado ni me llamará ladrón".

El escándalo de las pensiones opacas del BBVA se judicializó y muchos quisieron echar la culpa del muerto, aparte de a Ybarra, a Uriarte y por extensión a Goirigolzarri, su presunto fiscalizador. La cantidad repartida entre el consejo era, por cierto, mínima, de apenas unas decenas de millones de pesetas de entonces. Nada comparable con las supermillonarias indemnizaciones y pensiones que FG se atribuyó después (casi 100 millones de euros para él) o los 52 millones de euros que se llevó el propio Goirigolzarri. Y más cuando casi todos los miembros de aquel consejo eran ya ricos "de familia".

El caso es que, abiertas diligencias, el asunto quedó olvidado en los tribunales después de un pacto perpretado entre Ybarra, su extinto consejo y FG, gracias a la mediación de otro hombre de confianza de Uriarte, hoy ya jubilado.

Información insider

Pero volvamos al principio de la teoría conspiratoria en Bankia y la misteriosa investigación de las tarjetas opacas. Según ella, Goirigolzarri, con información procedente de dentro de Bankia ( ¿el cuarto hombre que no usó la tarjeta black en tiempos de Rato, Francisco Verdú, nacido en la cuna de BBV-Argentaria y fichado por el propio Rato; o quizá Pepe Sevilla, aterrizado dos meses antes en Bankia por cuenta de unos fondos extranjeros y hoy número dos de Goirigolzarri?) habría encontrado en las tarjetas black el instrumento idóneo parta vengar caro el coito interruptus de su dorada futura presidencia en el entonces flamante BBVA.

Como teoría conspirativa vale. Pero seamos serios. El chico de Plentzia tiene ya bastantes problemas en Bankia como para entretenerse en un perverso juego de rol donde se sabe donde se comienza pero nunca donde se termina. Sobre todo cuando toda su gestión está vigilada por un ejército de auditores y de políticos responsables de su nombramiento . Sería más sencillo pensar que, con la experiencia de las cuentas en Jersey del BBV, donde un torpe Emilio Ybarra le trató de implicar y responsabilizar en su gestión y vigilancia, Gorigolzarri hizo lo que sus abogados le dijeron que hiciera y que sin duda era lo más saludable desde el punto de vista personal y necesariamentye obligatorio desde el jurídico. Investigar e informar de sus pesquisas al que le nombró, el FROB. Lo mismo puede decirse de Verdú y de Sevilla...

Otra cosa puede ser lo que hizo el FROB, es decir Luis de Guindos, polémico ministro donde los haya de un Gobierno como el Mariano Rajoy, necesitado electoralmente de convertirse en el campeón de una batalla titánica contra la corrupción , cruzada que de momento no parece que parece que vaya a ir muy lejos.

Pero, ¡¡¡Oh my God!!! La cosa no se va a quedar ahí. Ahora vendrán, según de Guindos, los créditos fallidos de las cajas de ahorro. Aquí si que hay tomate y no sólo en Bankia. Pero todo el mundo parece olvidar otros asuntos más serios y graves que las tarjetas black .

¿Para cuando la casa y los gastos estrambóticos de Blesa y Matías Amat y otros muchos en la mansión (adquirida a precios de oro) del que fuera delegado de Bankia en Miami. ¿Y que hay del banco judío adquirido allí, vaciado pos sus vendedores a las pocas semanas de ser adquirido por un Blesa plétotico?

Y todo ello sin Gallardón ya en el Ministerio de Justicia... Quizá Rajoy tenga la osadía de nombrarle, ahora que está sin trabajo, Fiscal General del Estado para la Corrupción. Sería sarcástico.

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