La de­manda na­cional del pro­ducto ha caído más del 80% desde el inicio de la crisis del la­drillo

El consumo de cemento frena su sangría pero afronta ahora la fatiga de la exportación

Las ventas es­pañolas al ex­te­rior su­fren un se­vero re­tro­ceso ge­neral del 5% que im­pacta en todos los sec­tores

Cemento
Cemento

El fondo del pozo en que se en­cuentra su­mida la de­manda de ce­mento en España ya se palpa por las em­presas pro­duc­to­ras. Tras siete años de des­censo, la pre­vi­sión de este año es prác­ti­ca­mente un cierre plano, lejos de las caídas en pi­cado de ejer­ci­cios an­te­rior. En con­creto la es­ti­ma­ción más re­ciente para 2014 es una caída del 1%, muy in­fe­rior al 7%-8% que pro­nos­ticó la pa­tronal a co­mienzos de año, pero que no im­pe­dirá que el sector en­ca­dene su sép­timo año en ne­ga­tivo y que la caída ex­pe­ri­men­tada por el mer­cado do­més­tico desde que se inició la crisis su­pere el 81%.

De momento, en septiembre, el consumo de cemento registró el segundo incremento interanual desde que empezó la crisis. Ese mes se contabilizó una demanda de 959.150 toneladas, un 6,1% más que en 2013, según informó la patronal del sector Oficemen. Por el momento, en el conjunto de los nueve primeros meses del año, la demanda de cemento disminuyó también un 1%, hasta situarse en 8,07 millones de toneladas.

Pero "la recuperación del sector está aún muy lejana", afirma el director general de Oficemen, Aniceto Zaragoza, quien subraya la necesidad de que los Presupuestos "estén seriamente comprometidos con la competitividad del país y potencien las inversiones productivas". Así, la patronal considera "insuficiente" el aumento de la inversión en infraestructuras que contemplan los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2015".

"La inversión del Gobierno y las empresas públicas en infraestructuras alcanzó los 30.000 millones de euros en 2007 y llegó a superar los 22.000 millones en 2009, más del doble de lo presupuestado para 2015", destaca Zaragoza.

Sin embargo, no puede negarse que, pese a encontrarse el sector en el fondo de una profunda sima, el escenario cambia de color de cara al próximo ejercicio, en el que la inversión pública crece por primera vez desde el inicio de la crisis, la inversión privada remonta y algunos indicadores del mercado de la vivienda empiezan, con titubeos, a girar hacia signo positivo.

Para paliar los efectos devastadores de este septenio negro, el sector cementero español está concentrando sus esfuerzos en la exportación. Un balón de oxígeno que empieza a dar señales de agotamiento debido al agónico estancamiento de Europa y la ralentización de algunas economías emergentes. Los últimos datos de comercio exterior revelan ya un desplome exportador del país en el mes de agosto que afecta todas las categorías. En su conjunto, las exportaciones de mercancías españolas descendieron un 5,1% con respecto al mismo mes de 2013, mientras las importaciones crecieron un 0,5%.

Retroceso total

Este retroceso anual es el mayor desde los meses finales de 2009, cuando el comercio mundial empezaba a sacudirse las consecuencias de la gran recesión, que originó un desplome comercial en el mundo sin precedentes en las últimas décadas.

En el primer semestre de 2014 las exportaciones de cemento estaban creciendo por encima del 35%, alcanzando los 4, 9 millones de toneladas. “Nuestra competitividad en mercados exteriores es hoy por hoy un elemento crítico si queremos mantener la actual capacidad instalada y los empleos que ello conlleva”, afirmaba al cierre del semestre el director general de Oficemen, Aniceto Zaragoza.

El desfondamiento de la demanda externa de productos españoles en general a partir del pasado verano puede pasar factura también al sector cementero. A falta de que se difundan los datos concretos de esta industria, el subsector que la engloba, el de semimanufacturas no químicas, registra ya en el acumulado del año un descenso de las exportaciones del 1%.

Para preservar la capacidad exportadora y mantener la competitividad de la industria y potencia, Oficemen insiste en que el elemento determinante es disponer de un precio competitivo y estable de la energía eléctrica. El sector cementero español, aunque eficiente –lidera el ranking de eficiencia energética junto con Corea y Japón con dos puntos de ventaja sobre la media europea-, es intensivo en cuanto a consumo energético.

La energía eléctrica supone el 33% de los costes variables y el 18% de los costes totales de producción en el sector, lo que supone, cuando el precio es superior al de los países competidores del entorno, un duro golpe para la exportación, “clave para la supervivencia de nuestro sector”, reitera Zaragoza.

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