Sánchez-Barcoj, que se des­liga de la trama, llegó y se marchó en taxi

Cúpula de Caja Madrid: maneras dispares de entrar y salir de la Audiencia Nacional

Blesa, el más pun­tual, y Rato, el más tar­dío, afrontan fianzas su­pe­riores al monto de las tar­jetas black

Rodrigo Rato y Blesa
Rodrigo Rato y Miguel Blesa

Con de­cenas de ma­ni­fes­tantes bien aco­tados y ale­jados de la Audiencia Nacional en la calle Prim de Madrid, la Policía Nacional ya se en­car­gaba, horas antes de la pre­vista para la de­cla­ra­ción, de con­trolar cual­quier des­mán. Incluso, el propio trán­sito por la ca­lle. Desde luego, los tres impu­tados por el caso de las tar­jetas black han te­nido formas muy dis­tintas de en­trar y de sa­lir. La única coin­ci­dencia puede ser la de Rodrigo Rato y Miguel Blesa, que se en­frentan a una fianza ci­vil, pero de di­fe­rente cuantía y por un mon­tante su­pe­rior al gas­tado con las tar­jetas opacas entre 2003 y 2012.

Poco antes de las 14 horas, el ex presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, llegaba en un Nissan Juke que despistó a manifestantes y casi a los informadores. Bien aparcado quedaba el Mercedes Clase A utilizado en otras comparecencias de Blesa ante la Justicia, por los distintos casos abiertos. Una fórmula de burlar protestas directas, hasta cuando han apelado su vehículo en otras ocasiones.

20 minutos antes de la cita con el juez Fernando Andreu, llegaba el exdirector financiero, Ildefonso Sánchez-Barcoj, en un taxi (el mismo medio que utilizó para ser el primero en marcharse). El directivo se desvinculó por completo de ser el cerebro de haber diseñado la trama de las tarjetas opacas. Según su abogado, Jesús Castillo, “cuando se creó el sistema ni siquiera estaba en Madrid”.

Desde luego, Sánchez-Barcoj llegaba con un rostro algo más que serio, a sabiendas de que entre los dos imputados él era el punto más débil de la cadena. Tanto con Blesa como luego con rato, este directivo se convirtió en el hombre de gran confianza de los dos últimos presidentes de Caja Madrid. Sus andares encorvados para entrar en la Audiencia Nacional contrastaban con los pasos firmes sobre las moquetas de la torre actual de Bankia en la Plaza de Castilla.

Rodrigo Rato, en un Renault Laguna, no aparecía hasta 40 minutos antes de la hora fijada para su declaración ante el magistrado. La atención de preferentistas e informadores, sobre todo gráficos, se centraba en cualquier vehículo de alta gama que pudiera aparecer desde el Paseo de la Castellana para encarar la calle Prim. Desde algunos Mercedes o BMW se llegaba a saludar por parte de sus pasajeros ante la expectación que suscitaban entre todos los congregados en torno a la Audiencia Nacional. Eso sí, más a los medios de comunicación que a los preferentistas y manifestantes que coreaban lemas contra los antiguos responsables de Caja Madrid.

Alguna manifestante, de avanzada edad, lograba romper los férreos controles policiales y se situaba justo delante de la puerta de la Audiencia Nacional, sobre la que llegó a tener ciertas dudas el exdirector general financiero al apearse del taxi con el que llegaba a la sede judicial. Sánchez-Barcoj señalaba, con la mirada puesta en los agentes que custodiaban la puerta, si entraba por esa entrada o por el acceso al garaje.

Salidas dispares

Si las llegadas de los tres imputados por el caso de las tarjetas opacas eran muy diferentes a la Audiencia Nacional, sus salidas también ha sido muy dispar. Ildefonso Sánchez-Barcoj abandonaban las dependencias judiciales tras desligarse de la creación de toda la trama y tan sólo unos minutos después de declarar ante el juez Fernando Andreu. Su marcha coincidía con el inicio de la declaración de Miguel Blesa y pocos minutos después de la llegada de Rodrigo Rato a la sede judicial.

Cuando Blesa terminó su declaración ante el magistrado, tuvo que permanecer en las dependencias de la Audiencia Nacional. La Fiscalía Anticorrupción y el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) habían pedido que se impusiera una fianza de responsabilidad civil de 15,5 millones de euros en conjunto para Blesa y Rato.

Sin embargo, el juez ha decretado que la fianza sea de 16 millones de euros para el que más tiempo (siete años) ocupó la presidencia de Caja Madrid y de tres millones para el que estuvo menos años (tan sólo dos) y ya se encontró todo el entramado de las tarjetas opacas de las que se beneficiaron cerca de un centenar de consejeros y directivos.

La pregunta que surge ahora es si las responsabilidades por todo este entramado se ciñe tan sólo a los dos expresidentes o aún puedan quedar flecos pendientes que puedan conllevar medidas contra los consejeros y directivos que se beneficiaron de las tarjetas opacas al fisco y justificadas como gastos de representación, aunque su uso diverge bastante del estricto concepto que se puede tener por esa actividad al frente de una entidad financiera.

Lecciones desde la distancia

Mientras la cúpula de Caja Madrid y de Bankia declaraba ante el juez de la Audiencia Nacional, el actual presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, se volcaba desde Burgos en dar algunas lecciones de cómo se debe gestionar un banco. “La frase de que ningún objetivo ni ningún resultado puede justificar la transgresión de nuestros principios forma hoy parte del ADN de Bankia”.

Goirigolzarri coincide con muchos que, tanto dentro como fuera del sector, consideran que es necesario que los banqueros recuperen la imagen perdida. “La banca necesita volver a ganarse la confianza de los clientes, de los ciudadanos”, decía el presidente de Bankia desde Burgos mientras que en la capital de España se ondeaban chorizos colgados en palos por parte de los manifestantes agolpados en las proximidades de la calle Prim.

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