EL MONITOR DEL DÍA

Construcción: el abandono del mantenimiento de las carreteras

El des­censo pre­su­pues­tario por parte de Fomento ha sido con­ti­nuado y cre­ciente desde hace al menos cinco años

Baches en carretera
Baches en carretera

La ne­ce­sidad o el placer de via­jar, que estas fe­chas se agu­diza con mo­tivo de las fies­tas, nos ha hecho su­frir a mu­chos ciu­da­danos el mal es­tado de nues­tras ca­rre­te­ras, que no solo se está agu­di­zando en al­gunas de ellas, sino que es om­ni­pre­sente en toda la red, na­cional y au­to­nó­mica. Uno no puede menos de son­reír re­cor­dando los ju­ra­mentos y demás in­ter­jec­ciones irri­tadas con las que ha ido ja­lo­nando sus viajes na­vi­deños. Y es que lo de la con­ser­va­ción viaria en nuestro país co­mienza a ser un con­cepto ar­queo­ló­gico que solo se co­noce ya en las aulas uni­ver­si­ta­rias de las ca­rreras de in­ge­nie­ría. Los hu­mildes usua­rios ya ni sa­bemos que es eso y nos con­ten­tamos con gastar cada vez más com­bus­tible por re­co­rrer el mismo tramo -dado que su pro­gre­sivo de­te­rioro fuerza a uti­lizar mucho más a me­nudo de lo con­ve­niente el cambio de mar­chas-, a ace­lerar y frenar cons­tan­te­mente dado que los firmes están llenos de sor­presas des­agra­da­bles, cuando no atender a señales de obras inexis­tentes que pa­rece van a per­ma­necer eternas a pesar de su re­co­no­cido ca­rácter pro­vi­sio­nal. En suma, viajar por ca­rre­tera es cada vez más en­tre­te­nido, im­pre­vi­si­ble, caro y pe­li­groso.

Sobre el papel nadie pone en duda la necesidad de planificar y programar la conservación viaria. Que uno recuerde, ya en la segunda mitad de los años ochenta del pasado siglo una patronal ya desaparecida, Aserpetrol (que agrupaba a las empresas petroleras que fabricaban asfaltos y betunes, y cuyo mayor cliente era la carretera) promovía de la mano de Juan Vigueras hijo los primeros estudios sobre la conservación de las redes de carreteras de España, estudios que se realizaban cada dos años y que luego asumió la Asociación Española de la Carretera, hasta nuestro días. Asimismo, el RACC continúa haciendo estudios periódicos sobre los puntos negros detectados en la red nacional. Entonces se comenzó a barajar el concepto de conservación preventiva para mantener -o incrementar- el valor patrimonial de la red de carreteras, concepto hoy básico para calibrar el esfuerzo inversor en esa partida.

Pero de eso a que se haya estructurado en España una verdadera política de conservación de carreteras, hay  un abismo. Para poder llevar a cabo en una red viaria una conservación eficiente -decía ya en 2010 el profesor e ingeniero Miguel Ángel del Val- es preciso que hay unas directrices políticas bien estructuradas, es decir, debe haber una política de conservación que asuma las inquietudes de la ciudadanía. Lo más habitual es, sin embargo, que la preocupación de los responsables políticos por el estado de las carreteras  en servicio sea algo marginal dentro de la política de infraestructuras del transporte. Debe quedar claro que una verdadera política de conservación no puede reducirse a meras declaraciones de intenciones. "Una verdadera política de conservación supone la voluntad y el compromiso expresos de hacerlo que deben plasmarse no solo en una planificación viaria sino en la propia organización de las administraciones públicas en la gestión de la conservación y, en última instancia, en la política presupuestaria".

Situación calamitosa

A tenor de la actual situación, estamos cada vez más lejos de ello. El descenso presupuestario de la partida dedicada a este fin por parte del ministerio de Fomento ha sido continuado y creciente desde hace al menos cinco años. Los intentos llevados a cabo en la última parte de la legislatura pasada por el entonces ministro del ramo, José Blanco, han sido un fracaso como muestran la paralización e incumplimiento por ambas partes de los famosos "contratos público-privados de gestión integral de las autovías de primera generación", que lo único tangible que han dejado es algún parcheo general, pequeños tramos renovados y cantidad de señales de tráfico sobre fondo amarillo en tramos donde no hay nadie trabajando hace años. En esta legislatura las dotaciones para conservación han sido sonrojantes por lo exiguo y este año pasado, 2013, Fomento ha tenido que adjudicar a toda prisa en la parte final del año algunos contratos de mantenimiento... para cumplir un presupuesto anual de menos de 900 millones de euros para toda la red.

El deterioro de la carretera no solo empobrece al país por la depreciación del valor de su red de carreteras. También tiene enormes costes para sus usuarios, coste económicos derivados de mayor desgaste de neumáticos, mayor coste del combustible y más averías provocadas por la exigencia de mayores esfuerzos a los vehículos. Y costes sociales, inaceptables por supuesto, derivados de la merma de seguridad preventiva que colabora enormemente a aumentar la siniestralidad vial. Es verdad que ésta va disminuyendo, pero aún  se producen muchos accidentes -con su secuela de fallecidos y heridos, lo cual también representa un exceso de coste sanitarios- y sería posible reducirlos si el tercer pilar de la seguridad vial, el estado de la carretera -junto al estado del vehículo y el conductor- estuviera siempre en el mejor estado de conservación y mantenimiento.

Coinciden los expertos en señalar que el estado de conservación de las carreteras españolas ha empeorado notablemente  hasta situarse en niveles que no se registraban desde los años ochenta. Según la Asociación Española de la Carretera actualmente las carreteras españolas se encuentran en estado de conservación "deficiente y deplorable, con un déficit acumulado de casi 6.000 millones de euros. O lo que es lo mismo, el patrimonio vial nacional se ha deteriorado en los últimos seis años a un ritmo del 5% anual, el 25% en poco más de un lustro. El valor de este patrimonio se ha depreciado en uno de cada cuatro euros de su valor inicial actualizado.

Según estos expertos, el coste de mantenimiento crece casi exponencialmente si no se atiende a tiempo; cada euro no invertido en el momento adecuado en refuerzo de firmes se transforma en cinco euros a los tres años y en 25 euros a partir del quinto año, y que la conservación óptima de las carreteras exige una inversión anual cercana al 2% del valor estimado del patrimonio viario, tanto el dependiente del Estado como el dependiente de cada comunidad autónoma. Esto supondría una inversión anual en torno a los 1.600 millones de euros, prácticamente el doble de lo que viene dedicándose en los últimos años.

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