MI PALCO SOBERANO

El rechazo de la UE y su impacto en el empresariado catalán

La pos­tura ad­versa de Bruselas ante el mo­vi­miento in­de­pen­den­tista sume en dudas al mundo em­pre­sa­rial

Las de­cla­ra­ciones del vi­ce­pre­si­dente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, de que una Cataluña in­de­pen­diente que­daría fuera de la UE, se ana­lizan en me­dios po­lí­ticos y, sobre todo, em­pre­sa­riales ca­ta­la­nes. Pero, sin ol­vidar otros fac­to­res, con sus pros y sus con­tras. Incluido los es­fuerzos aso­cia­tivo por el Dret de Decidir , que cuenta con cen­te­nares de en­ti­dades ad­he­ri­das, y se es­fuerza en vin­cu­lar, in­cluso, a la pa­tronal Foment del Treball que pre­side Joaquim Gay de Montellà.

Tampoco hay que olvidar, en términos de análisis económicos, que mientras el 11 de septiembre un millón y medio de personas cubrían 480 kilómetros de cadena humana, de norte a sur de Cataluña, siguiendo la ruta romana de la Vía Augusta -que en el futuro debería recorrer el eje ferroviario mediterráneo, para enlazar el sur de Europa con el norte de África- centenares de manifestantes rodeaban la sede central de "la Caixa", en Barcelona, aunque con menor impacto mediático.

Se trataba del movimiento social, también proindependentista, que impulsado por la monja benedictina Teresa Forcades y el economista Arcadi Oliveras, plantean un futuro económico para una Cataluña independiente donde la empresa pública esté al servicio del ciudadano, incluida la banca. Cuentan con más de 40.000 seguidores inscritos antes de, posiblemente, convertirse en partido político de cara a unas futuras elecciones plebiscitarias.

Es un hecho que la marea humana proindependetista que, en tres años, ha pasado del 25% al 55%, según varios sondeos, inquieta al mundo empresarial. Primero, impactó en la pequeña y mediana empresa (PYMES), que constituyen el principal tejido industrial catalán. Desde la sombra son muchos los empresarios de PYMES que contribuyen, incluso financieramente, al movimiento proindependentista.

Aunque el fenómeno no es el mismo en grandes empresas ni en multinacionales, tampoco les es del todo ajeno ¿Qué le pasaría a mi empresa si Catalunya se convierte en un Estado independiente? Lo que antes parecía un espejismo, va adquiriendo ribetes de posibilidad.

Muchos temen un movimiento de boicot, que sería reciproco, entre firmas importantes en cada uno de los dos bandos. Pero, superado un momento inicial, es probable que el consumidor no dejaría, por ejemplo, de ser cliente de "laCaixa" en España, o del BBVA o Santander, en Catalunya, por citar sólo ejemplos del sector bancario. El cliente es práctico y va donde tiene mejor oferta.

Otro tema, a tener muy en cuenta, es que a nivel de finanzas públicas España perdería un 18 % del PIB y el 26 % de su potencial exportador, pero, a la vez, también se ahorraría la contribución, por ejemplo, al presupuesto en Seguridad Social o de obra pública. Ambas partes, sin lugar a dudas, saldrían maltrechas en un primer momento.

Y, por último, en el ámbito de la Unión Europea -aunque Catalunya debería solicitar, y que fuese aceptado, su ingreso en la UE, como ha recordado Almunia, al que le quedan ocho meses de mandato, hasta la elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo de 2014- pueden surgir escisiones procatalanas en Estados miembros que se han convertido en independientes en las últimas décadas. Aunque han adoptado una "diplomática" marcha atrás, es un hecho que Lituania y Letonia se han pronunciado y, no hay que excluir, puedan hacerlo algún día Croacia o Eslovenia, pasando por Eslovaquia o Eslovenia.

Una Cataluña independiente fuera de la UE, al menos por una temporada, lo pasaría mal. Pero tampoco quedaría muy bien parada una España con pérdida de peso especifico, dejando de figurar en el grupo de los cuatro grandes actuales, Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia, mientras que una Cataluña independiente -con acuerdos comerciales que, probablemente, respetarían los derechos adquiridos en libre comercio-  cuando fuese readmitida, ocuparía una posición intermedia, por peso económico y demográfico, en una futura Unión Europea Federal, en principio con base a los actuales Estados, en cuyo objetivo trabaja discretamente Bruselas en la perspectiva de la década de 2020-2030.

 

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