El sector del la­drillo se con­vierte en re­fugio para in­ver­sores a pesar de la crisis

FCC, que ha subido un 79% desde junio, confirma el año de oro que viven las constructoras

El final de las gue­rras em­pre­sa­riales y la marcha atrás en al­gunas apuestas con­so­lidan la con­fianza de los mer­cados

Esther Alcocer Koplowitz, pta. de FCC.
FCC

Ver para creer. A punto de ce­rrarse el sexto año con­se­cu­tivo de crisis en la cons­truc­ción, las em­presas del sector viven uno de sus me­jores pe­ríodos en Bolsa. Todas, menos Acciona, suben con fuerza y pro­ta­go­nizan es­pec­ta­cu­lares re­mon­ta­das. Los nú­meros cantan y re­velan que, por una parte, las cons­truc­toras se han rein­ven­tado. Que en al­gunos casos han aban­do­nado gue­rras ab­surdas y que en otros, como el lla­ma­tivo inicio de se­mestre de FCC, ni si­quiera las pér­didas pre­sen­tadas a 30 de junio han hecho dudar a los in­ver­so­res, que si­guen apos­tando por el va­lor. Y es que si hay algo que asusta a los mer­cados son las gue­rras, y no sólo las pu­ra­mente bé­li­cas, sino las que en­frentan a com­pañías co­ti­zadas por cues­tiones no del todo em­pre­sa­ria­les. Del mismo modo, dar marcha atrás, como en el caso de FCC, puede pro­vocar en­tu­siasmo y re­mon­tadas de cine en las co­ti­za­cio­nes.

En lo que va de año, el récord absoluto en el sector lo tiene Sacyr Vallehermoso, que ha subido en Bolsa un 76%. Este 2013 es el segundo año en el que la constructora vive centrada en sus negocios y no en la pugna que durante años mantuvo con Repsol su anterior presidente, Luis del Rivero. Desde que en noviembre de 2011 diera el relevo a Manuel Manrique, la sociedad ha recuperado el brío y en 2013 ha demostrado que su nueva estrategia de pasar de ser enemigo a ser aliado de Repsol (ver Capitalmadrid del pasado 6 de julio) da sus frutos. De hecho, de los 61 millones de euros que ha ganado la constructora en el primer semestre del año, un total de 55 millones provienen de la aportación a sus cuentas de la participación del 9,5% que mantiene en Repsol. La cifra es el resultado de anotarse los 85 millones que le corresponden por la puesta en equivalencia de su porcentaje en Repsol y restarle los 30 millones que se ha apuntado en negativo para dejar esa participación en balance a valor razonable según los criterios de los auditores y las normas internacionales de valoración.

Puede decirse que Sacyr se ha reinventado y que después de absorber la caída en desgracia de la actividad inmobiliaria (que ha afectado al negocio de Vallehermoso), ha comenzado a hacer lo que todas: buscar fuera la facturación que les niega en España la crisis de la construcción. En el caso de Sacyr, según las cuentas remitidas a la CNMV, el volumen de negocio internacional ha crecido en el primer semestre de 2013 un 19% sobre el mismo período del año anterior, elevando al 52% el porcentaje de facturación de la compañía que proviene ya de fuera de España. Esta diversificación, unida a la mayor estabilidad de su consejo de administración, a la paz firmada con Repsol y al castigo que durante años sufrió en Bolsa, han llevado a esta constructora a perfilarse como uno de los valores protagonistas de 2013. Algo, por cierto, que no ha sabido ver el financiero Juan Abelló, que vendió su participación en la sociedad, abandonó el consejo y ha perdido una oportunidad histórica de generar plusvalías (ver capitalmadrid del 7 de agosto último).

FCC por su parte ha protagonizado otra de las remontadas del año. Entre el 1 de julio y el cierre de la sesión de este último viernes, 8 de agosto, ha subido la friolera de un 79% en Bolsa, en una carrera que se inició el 4 de julio y que no ha parado de dar sorpresas positivas a los accionistas de la constructora presidida por Esther Alcocer Koplowitz. La madre de la actual presidenta, Esther Koplowitz, había decidido en abril último un relevo en el puente de mando de la compañía. Juan Béjar, un hombre de la casa, ligado durante los últimos años al negocio del cemento, pero conocedor de los intríngulis de la sociedad, tomaba el mando efectivo del día a día. Esther Alcocer comenzaba a ejercer de presidenta en el que seguramente era el momento más difícil de FCC en los últimos años. Béjar se comprometió públicamente a reducir la deuda hasta los 5.200 millones de euros (en diciembre tenía algo más de 7.000 millones) mediante un plan de desinversiones de 2.200 millones de euros en un plazo no superior a tres años. La cosa parecía que iba muy en serio cuando Esther Alcocer estampó su firma en la documentación que suponía el primer despido masivo (mediante un ERE) registrado nunca en la empresa. El mal trago de las principales accionistas de la sociedad no fue asimilado inicialmente por los mercados, que esperaban más señales.

Así, la cotización de FCC se mantuvo entre abril y junio entre los 6,50 y los 7,60 euros sin oscilaciones dignas de mención. El viernes 5 de julio, sin embargo, los periódicos económicos llevaban a sus lectores matutinos la noticia de una subida del 13,9% para la constructora en la última sesión. Juan Béjar, que estaba en Londres ese día, explicó a los periodistas algunas cosas que ya había contado 24 horas antes (el día 4) a los analistas internacionales. Eso fue lo que sirvió de chispa para que se iniciara el despegue de FCC en Bolsa. Béjar había anunciado que el plan de desinversiones iba por buen camino (se había cerrado la venta de parte del negocio de agua en Chequia por más dinero del inicialmente previsto) y el semestre terminaría, como así ha sido, con 300 millones de caja generada por desinversiones. Esto ponía sobre la mesa la posibilidad de adelantar la fecha para la reducción de deuda y, lo que es más importante, los bancos habían aceptado comenzar en serio las negociaciones para refinanciar los préstamos (este año vencen 3.900 millones) en octubre.

Aquella subida del 4 de julio también tuvo un componente de "suerte", ya que el anuncio coincidió con cierres de posiciones cortas (ver Capitalmadrid del 8 de julio). Este tipo de operaciones, que normalmente esperan nuevas caídas en la cotización para que sean rentables, copaban a finales de junio el 4,34% del capital de FCC. El cambio de tendencia vivido en aquella sesión provocó que algunos de estos inversores trataran de comprar acciones de la compañía a toda prisa, antes de que subieran más, lo que a su vez hizo de catalizador para animar la remontada. Ahora, según los registros de la CNMV, las posiciones cortas en FCC llevan un mes ancladas en el 3,09% del capital de la empresa, que es el nivel más bajo desde febrero, mes en el que registró un 3,19%. Es evidente pues que este tipo de movimientos no explican ya lo que ha venido ocurriendo en las últimas semanas.

De acuerdo con las cifras semestrales remitidas a la CNMV, FCC obtuvo en el primer semestre un beneficio bruto de explotación (EBITDA) de 294 millones de euros, que suponen una rentabilidad sobre ingresos del 9,38%, cifra superior a la lograda en el mismo período por Ferrovial (8,04%) y la de ACS del primer trimestre (8,44%), ya que aún no ha remitido las cuentas semestrales. Por una vez, y sin que sirva de precedente, la Bolsa ha seguido al pie de la letra esta tendencia, de forma que FCC ha subido en lo que va de año más que Ferrovial y ACS. En concreto, FCC ha logrado ganar un 37% desde el 1 de enero y sus dos compañeras de sector han subido un 17,4% en el caso de ACS y un 18,5% para Ferrovial. Y esto es así con datos presuntamente negativos, como es el de los resultados semestrales. FCC ha declarado unas pérdidas de 607 millones de euros entre enero y junio, debidos en gran parte al apunte contable de dejar a cero el valor de su ya ex filial austriaca Alpine, que está en liquidación judicial. Los mercados, sin embargo, han dado más importancia al hecho de que esta liquidación desconsolida de una vez por todas a Alpine de las cuentas de FCC, lo cual supone, además de un motivo menos de preocupación, la salida del balance de 741 millones de deuda.

Y es que en el caso de las constructoras, la deuda es un elemento crucial. Los proyectos de construcción requieren un tiempo de maduración que oscila entre los 12 y los 18 meses, en los cuales ya tienen que hacer inversiones que habitualmente financian con deuda. A ello se suma el hecho de que algunas de estas compañías, entre las que se encuentra FCC, han diversificado su negocio no sólo internacionalizándolo, sino entrando en el campo de la prestación de servicios ciudadanos. Un rápido análisis de las cuentas de FCC da como resultado que, por ejemplo, el plan de pago a proveedores puesto en marcha el año pasado por Hacienda ha ahorrado a la empresa tres millones de euros mensuales de intereses por créditos de tesorería. No es extraño que los mercados reaccionen al alza cuando el Gobierno anuncia un segundo plan para finales de 2013.

El hecho cierto es que todas las constructoras que cotizan en el Ibex 35 están logrando convertirse en una especie de refugio para inversores. Las hay, como OHL, que han logrado en estos meses un poco menos de subida porcentual que sus colegas, pero es porque nunca ha sufrido un castigo semejante al del resto del sector. Tener un 82% de los ingresos fuera de España la desvincula mucho de la crisis interna. En el extremo contrario está Acciona, que aunque ha sido tradicionalmente una constructora con actividades en el campo de los servicios, lo cierto es que ahora tiene un 35% de los ingresos provenientes del sector energético, y una parte importante está concentrada en el de las renovables. Este factor le ha pasado factura y en lo que va de año ha visto caer un 30,8% su cotización en Bolsa.

 

 

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