CASO BLESA

Entre pillos anda el juego

Miguel Blesa con­cita odios entre per­sonas y me­dios que des­preció du­rante trece años

Miguel Blesa
Miguel Blesa

Me cuentan que Miguel Blesa , el hombre que go­bernó Caja Madrid a su an­tojo du­rante trece años por la gracia de José María Aznar , se hundió en la noche del miér­coles cuando, a la puerta del penal ma­dri­leño de Soto del Real, fue ca­li­fi­cado de cho­rizo por va­rias do­cenas de per­sonas que le in­cre­paron y le lla­maron de todo -menos bo­ni­to-, cuando el furgón po­li­cial tras­pa­saba la puerta previa a su en­tarda en la celda que com­par­tirá, aunque sea por pro­xi­mi­dad, con Díaz Ferrán , el ex pre­si­dente de los pa­tronos es­paño­les. Nadie puede ale­grarse del dolor ajeno pero si hay algo claro en el caso Blesa es que, en el es­tado ac­tual de cris­pa­ción en que se en­cuentra este país, la pre­po­tencia se paga, aunque luego la Justicia ponga las cosas en su si­tio. Como debe ser.

Que el ex patrono de los patronos y el ex presidente de la que fuera quinta entidad financiera de este país, rescatada de la quiebra gracias a 22.000 millones del erario público, compartan suerte no es casualidad. Es un claro reflejo de que no se puede dirigir o gestionar entes, entidades u organismos -y menos si tienen carácter o participación pública- al margen de la tolerancia y el respeto y, en el caso de Blesa, tampoco dejar un reguero de enemigos que no sólo vienen de la época que echó a su antecesor, Jaime Terceiro, con malas artes (algunos periodistas recuerdan los dossier que distribuyó en la cafeteria del Eurobuilding contra su antecesor, al que acusó de casi todo), sino que se incrementaron con el manejo irresponsable de la caja de la primera entidad financiera de Madrid, saltándose a la torera las buenas formas, al menos las del respeto a los demás, desde los clientes hasta los medios de comunicación.

Lo de Blesa suena, además de a Justicia, a venganza. Lo primero lo decidirán los Tribunales. Lo segundo basta comprobar los que están sentados en los bancos de los denunciantes o querellantes. Manos Limpias, un sindicato que nunca contó para Caja Madrid, no tanto al menos como Comisiones Obreras, cuyos ex directivos de banca tienen mucho que callar. Tampoco los medios como El Economista, a cuyos periodistas se les llegó a prohibir la entrada en sus ruedas de Prensa. Y ya no digamos a su autocalificado jefe de asesoría jurídica, cuyo nombre ni osamos citar porque, entre razones de índole ética, cada vez que lo hacemos nos envía un burofax con amenazas, tenga o no tenga base para ello.

Juan Astorqui, el polémico jefe de prensa de Blesa, podría ilustrar, si no temiera por los casi cuatro millones de indeminización y compensación por despido que percibió de Caja Madrid, lo que aquí decimos. Me cuentan que Blesa se acuerda de él todas las noches cada vez que apagan la luz en el penal de Soto, no se si para preguntar por la famosa lista de periodistas que muchos buscan y no encuentran. ¿Se habrá unido a la famosa lista de Mario Conde?

Y finalmente, como no pretendemos hacer sangre sobre árbol caído, permitánme un autobombo. Tampoco en la actual Bankia las tienen todas consigo. El lunes pasado anticipamos la imputación en el caso de la querella de UPyD de parte del equipo actual de José Ignacio Goirigolzarri. La misma noche que Blesa ingresaba en prisión por segunda vez, el juez Andreu materializaba nuestra profecía. No serán los únicos imputados, ya lo verán.

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