MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Lo que son sobresueldos en el PP son dietas en 'El País'

La doble moral se im­pone en los me­dios que no ven la viga en el ojo propio Diario El País

Diario El País
Diario El País

Hace unos años, al­mor­zando con un co­lega que pasó más de un dé­cada tra­ba­jando en los pri­meros años de "El País", cuando el pe­rió­dico líder de España era mucho más lí­der, me contó una anéc­dota que no ha hecho más que darme vueltas por la ca­beza a pro­pó­sito del caso Bárcenas y de sus aún su­puestos pa­pe­les. Se re­monta el re­lato a los pri­meros años del pe­rió­dico cuando aquello debía ser un dia­rio, no sólo una em­presa (por cierto, en pé­sima si­tua­ción fi­nan­ciera y bur­sátil en estos mo­men­tos). Se la oyó contar al ex pre­si­dente del Real Madrid, Ramón Mendoza, y se re­fería a Jesús Aguirre , el des­apa­re­cido duque (consorte) de Alba, cuando ambos com­par­tían mesa en el con­sejo de ad­mi­nis­tra­ción de Prisa, la so­ciedad edi­tora del diario que aún di­rige Javier Moreno . Según el cuento, el des­pis­tado Aguirre solía llegar siempre tarde a los con­sejos y lo pri­mero que hacía era pre­guntar al ve­cino de silla si ya se ha­bían re­par­tido "los so­bres". Una vez rea­li­zada la dis­tri­bu­ción, Aguirre lo abría, con­taba y se iba.

Años más tarde, al consejo mensual se le añadió una especie de consejo de dirección, o mal llamado editorial, al que asistían miembros de la alta dirección, cargos destacados de la redacción y firmas invitadas. Allí se repetía la misma costumbre, aunque algo más recortada la cantidad, y como es comprensible, solía haber reparto de tortas para hacer méritos e integrarse en aquellas reuniones. Éstas eran semanales y aunque la cantidad repartida era inferior a las que percibía el consejo, también estaban expresadas en billetes. No le pregunté -me pareció una descortesía- si se firmaban recibos o no, pero mi intuición personal es qué no. Se trataban, al parecer, de las habituales "dietas" de asistencia -así se califican en otras empresas- y supongo que quedaba al arbitrio de cada receptor qué se hacía con ellas: si gastarlas en taxis, almuerzos de representación, viajes a Nueva York o, simplememnte, se invertían en trajes y corbatas de El Corte Inglés. Por cierto, aquella comida la abonó mi compañero de mesa tras extraer sin rubor una pequeña parte del contenido del sobre. Le tocaba.

No me he molestado en confirmar si esta costumbre se mantiene en el periódico que preside Juan Luis Cebrián. Supongo que no, a la vista de lo que está lloviendo dento y fuera de su cuenta de resultados. Pero puede que aún se mantenga si hacemos caso a un reciente editorial de su competidor ABC, que hace unos días hacía una autoreflexión de que la Prensa debería entonar también algún mea culpa que otro (no digamos si, como dice Cristobal Montoro, muchos no están al día de sus obligaciones tributarias y con la SS) a propósito de los mal llamados "papeles de Bárcenas", publicados por el diario que llevara al paroxismo empresarial el desaparecido Jesús de Polanco. Resulta que para "El País" estos papeles de Bárcenas prueban la existencia de "sobresueldos" en el Partido Popular mientras que yo recuerde de la anécdota que me contaba mi amigo, lo que en los consejos de administración y editorial del periódico se repartían no eran sobresueldos sino simplemente "dietas".

Deberíamos consultar a un fiscalista aventajado cuál es la diferencia, desde el punto de vista legal, entra unos y otras. Pero me parece que no deber ser más que una. Siempre se puede cobrar en metálico cualquier servicio profesional (Hacienda lo ha limitado a 2.500 euros en una reciente modificación tributaria) aunque la diferencia si el pago es A ó B dependerá del receptor, que debe firmar un recibo con la retención obligatoria y luego declararlo como ingreso o, si así lo estima, como dieta: eso sí, con el límite marcado por la ley.

Que nadie se llame a engaño. No estamos justificando al PP ni a nadie por supuestamente realizar pagos en metálico ni por lo obsceno que resulta percibir "dietas" de determinadas cuantías cuando ya se ingresa cantidades exorbitantes en concepto de salario o de retribución. Y menos cuando se trata de políticos en ejercicio o incluso de altos cargos de la Administración. Ya se sabe aquello de la mujer del César, que no sólo tiene que ser honesta sino también parecerlo.

Como resulta obvio, el problema que pretendemos apuntar es bien distinto. Y no es otro que la falta de profesionalidad en el manejo de unos supuestos papeles de Bárcenas (últimamente los redactores implicados se refieren a ellos como los "apuntes") y el necesario proceso de confirmación. También llama la atención la doble moral, por no hablar de cinismo, cuando se pontifica desde sesudos y poco baladis editoriales y se termina viendo sólo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Ante una situación así me da la impresión de que resulta obligado y urgente que actúen los órganos e instancias adecuadas, sobre todo la legislativa y la judicial (ésta ya ha empezado, aunque no con la celeridad que el clamor social demanda), y que comencemos a poner las cosas en su sitio. Es decir, que se llamen las cosas por su nombre, sean dietas o sobresueldos. O simplemente un ingreso adicional que, por el mecanismo utilizado, es toda una manifiesta invitación a la corrupción. Venga de políticos, de empresarios o simplemente de profesionales.

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