CUATRO DÉCADAS DESDE CARRERO BLANCO

Marcha atrás (y 3) 

Primer Gobierno de Arias Cañete
Primer Gobierno de Arias Cañete

Las con­se­cuen­cias del aten­tado fueron in­me­dia­tas: 1) el ines­pe­rado y trá­gico acon­te­ci­miento for­ta­leció a los hal­cones del ré­gimen que, con la es­posa y el yerno de Franco a la ca­beza, con­si­guieron im­poner su can­di­dato, el duro y nada pro­clive a una evo­lu­ción po­lí­tica, Arias Navarro. 2) La vo­la­dura del coche ofi­cial se llevó tam­bién por los aires el plan de Fernández-Miranda de avanzar sua­ve­mente y sin so­bre­saltos en la trans­for­ma­ción del ré­gimen hacia otro más acorde con el en­torno eu­ro­peo.

El preceptor de Juan Carlos, en la toma de posesión de Arias Navarro, recurrió a una metáfora, que ninguno de los presentes entendió y que la prensa no supo valorar, para lamentar el retroceso político y expresar su confianza de que se recuperaría lo que hoy llamaríamos la hoja de ruta hacia un cambio de rumbo. Aludió a que los asturianos -él había nacido en Gijón- sabían disfrutar del sol, pero cuando llegaba la niebla por la noche, aguardaban en su casa el momento en que reapareciera el astro rey.

  1. El PCE tenía ahora la iniciativa política de la oposición. Preveía imparable su ascenso social, porque si bien se avecinaba una época más dura en la persecución policial contra sus militantes, a medio plazo la represión les iba a granjear una aureola de héroes, de luchadores por la libertad y la justicia social, y de  ser los únicos combatientes contra la dictadura. El PSOE y las demás fuerzas democráticas apenas existían ni podían exhibir como propaganda una trayectoria de oposición al régimen.

  2. La organización terrorista ETA obtuvo un éxito absoluto. El atentado la convirtió en una fuerza fáctica (tanto a los terroristas como a Batasuna, la fuerza política que los respaldaba) con la que ha habido que contar durante los 40 años siguientes. Al mismo tiempo consiguió un gran éxito publicitario en todo el mundo, hasta el punto de que tuviera un reconocimiento al mismo nivel que el del IRA.

  3. En el teatro internacional de la guerra fría, EEUU sufrió un golpe en sus planes de instaurar la democracia en los dos países de la Península Ibérica. Por el contrario, la URSS concibió grandes esperanzas de estar presente en España y Portugal por medio de los respectivos partidos comunistas. La revolución de los claveles, protagonizada por un sector del ejército lusitano, estaba a cuatro meses vista. Fueron los militares en sintonía con Moscú los que, en un principio, se llevaron el gato al agua.

  4. Con la desaparición del almirante Carrero y la salida del gobierno de Fernández-Miranda, el príncipe Juan Carlos se quedaba política y personalmente muy aislado hasta que se produjera la sucesión. Ocurrió dos años más tarde. El pulso entre búnker y reformistas estaba asegurado  y el resultado no estaba claro.

Durante ese periodo Juan Carlos sufrió muchos desprecios y ninguneo por parte de Arias y del búnker. Tras la coronación (en 1975), fue recuperando la iniciativa hasta deshacerse de Arias Navarro, pero entonces el plan era otro. Ahora habría que ir más rápido y atajar de cara la previsible obstrucción de los franquistas recalcitrantes.

Con ese objetivo, Fernández-Miranda ocuparía la presidencia de las últimas Cortes franquistas para lidiar con los procuradores y consejeros del Reino y que se hicieran lo que entonces la prensa denominó el harakiri. Es decir, que aprobaran una ley de Reforma Política que aboliese las Leyes Fundamentales de la dictadura y permitiera elegir por sufragio universal una nueva cámara legislativa.

Para presidir el gobierno de la transición, el ya rey Juan Carlos I había escogido a un joven político de su misma generación y que procedía de las filas del régimen, pero compartía con el monarca la ilusión de un cambio político profundo, pero evolutivo: Adolfo Suárez. Había sido director general de RTVE, cargo que había aprovechado para dar a conocer a través de la pantalla y las ondas al futuro rey.

En la transición política era muy importante respetar la legalidad vigente del franquismo y disolverla con arreglo a sus preceptos para construir luego un nuevo sistema regido por una Constitución democrática. Ésta nacería así con un vigor y una fuerza inusitados y sería un precedente que, en la actualidad, contribuye a que se respeten sus disposiciones ante los embates independentistas.

En definitiva, el general panameño Omar Torrijos había acertado cuando corrigió al director de la Agencia EFE para precisar que se trataba de un atentado. Había presentido así su propia muerte, ocurrida en 1981, al explosionar el helicóptero en el que viajaba. En este caso estaba en juego la devolución completa de EEUU a Panamá del control del canal que comunica el Atlántico con el Pacífico. En esta ocasión nadie podría poner la mano en el fuego para afirmar de forma rotunda que la CIA -o cualquier otro servicio norteamericano- no estuvo implicada.

**Los capítulos uno y dos fueron publicados en las ediciones del martes y miércoles de esta semana de www.capitalmadrid.com  **

 

Artículos relacionados