POLÍTICA NACIONAL

España contra Cataluña: primero indiferencia, luego quién sabe

El me­mo­rial de agra­vios de Artur Mas juega un papel en su es­tra­tegia ante el go­bierno

El se­mi­nario "España contra Cataluña", que co­mienza el jueves 12 en Barcelona, ha sido re­ci­bido con in­dig­na­ción por todos los me­dios de co­mu­ni­ca­ción y la de mu­chos in­te­lec­tuales del resto de España. Es un error. Debería ser aco­gido con in­di­fe­ren­cia. La reunión no es algo que con­cierna en primer lugar a España y a los es­paño­les. Concierne sobre todo a los que lu­chan por el li­de­razgo del mo­vi­miento so­be­ra­nista de Cataluña, es de­cir, al ac­tual pre­si­dente de la Generalidad, Artur Mas, y al líder de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras. Es Mas quien por ahora está per­diendo la ba­ta­lla.

Los movimientos populares siguen a las personalidades fuertes, y en el caso del soberanismo catalán la más fuerte es la de Junqueras. Él representa la causa en su estado puro y genuino: independentismo directo e innegociable, mientras que el soberanismo de Mas está lastrado por difíciles cálculos institucionales, legales y  políticos, resultantes de su condición de autoridad del estado según la Constitución española, lo que le hace aparecer ambiguo y dubitativo. De ahí la pérdida de votos de su formación entre los nacionalistas; él es el sucedáneo.

El seminario "España contra Cataluña" debe contemplarse por los observadores desde dos perspectivas: la de su validez científica y la de su utilidad en la estrategia soberanista de Mas, que lo ha convocado y sufragado.

Dudas sobre su valor historiográfico

Desde el primer punto de vista, tómese nota de que gran parte de los ponentes tienen un nombre más o menos acreditado como investigadores e historiadores. Por tanto, llama la atención que adopten como cosa juzgada que España está contra Cataluña. Aunque esta premisa podría ser la tesis de una proposición legítima, su validez científica sólo podría ser probada si se sometiese a un examen independiente según los métodos de la crítica historiográfica. No parecer ser éste el caso. Los títulos de las ponencias corroboran la premisa, lo que no parece muy científico.

La mayoría de los historiadores-ponentes conocen su profesión; por tanto no esperan que a ese seminario se le reconozca solvencia científica. Cabe preguntarse, pues, por qué lo aceptan. Si quisieran ganar para el seminario esa solvencia habrían sometido la tesis de la que parten al examen de otros historiadores independientes no comprometidos con fines nacionalistas. A pesar de que en la lista de ponentes no aparece ninguno que no lo sea, no debemos perder la esperanza de que del mundo académico catalán surjan voces que en el curso de las sesiones descalifiquen el parti pris de la convocatoria o refuten puntos concretos de lo que allí se exponga. Si no se hace en Cataluña, en todo caso debería hacerse en cualquier otra parte de España. Pero primero que expongan sus deliberaciones como una proposición merecedora de consideración, no antes.

El énfasis puesto por el director del seminario, Jaume Sobrequés, en la fuerza demostrativa de los documentos españoles "contra Cataluña", con especial referencia al Boletín Oficial del Estado, hace sospechar que de las múltiples técnicas de investigación histórica posibles, a este caso se aplica una de las más básicas: la aportación de documentos político-administrativos. A primera vista, las tesis del simposio se sustraen al examen por otros recursos propios de las ciencias sociales,  que permitirían tratar los problemas comunes de Cataluña y España en los planos de las ideologías de clase, los conflictos sociales y políticos, las limitaciones económicas, la historia constitucional, el contexto internacional y los intereses de otros reinos y estados, etc., en relación con España y Cataluña

Los ponentes ya han incurrido en un grave defecto historiográfico: no guardar ninguna cautela respecto del grado de subjetividad que todo historiador debería evitar en sus investigaciones, y dejar que en sus proposiciones se cuele el "objeto psicológico" que ellos han instalado en sus mentes como representación de Cataluña. Su imagen es la de una Cataluña que no ha sido libre desde hace 300 años, desde 1714, cuando la ciudad de Barcelona fue tomada por las fuerzas de Felipe V, que había heredado en 1700 la corona de España. De ahí la obsesión por realizar la "consulta" sobre la independencia en 2014, característica de los independentistas más enragés, aunque no tanto de Mas.

Cambios de fidelidad, inseguridad geopolìtica

Suele pasarse por alto por la propaganda historicista que Felipe V fue jurado por las instituciones de Cataluña, primero en Lérida y después en Barcelona, en 1702. Dos años después gran parte de los catalanes faltaron al juramento, y prestaron fidelidad al adversario de Felipe, al pretendiente archiduque Carlos de Habsburgo. No era el primer volte-face de las instituciones catalanas contra un Borbón: en los 40s del s. XVII juraron fidelidad a Luis XIII como su rey pero años después se rebelaron contra Luis XIV. Su nieto Felipe sabía con quién se las jugaba. Seguramente por eso dio el decreto de Nueva Planta, que quería erradicar de una vez por todas esas veleidades de la burguesía y el pueblo menudo de Cataluña.

A Cataluña llegaron con los borbones, igual que al resto de España, criterios de administración moderna, que eliminaron prácticas administrativas y sociales, ya obsoletas en todos los reinos. En el XVIII Cataluña pudo reemprender con nuevas fuerza el crecimiento económico que había conocido en época de Carlos II. Esa expansión se produjo en estrecha cooperación con las otras regiones de España e Hispanoamérica, y ha durado, con diversas alternativas, hasta la crisis económica que sufrimos por igual todos los españoles, con una ventaja relativa notable de Cataluña.

Lo que esos episodios de la historia de España reflejan es la inestabilidad geopolítica propia de las regiones de frontera, situadas entre estados poderosos. La formación de un estado es una convención entre otros estados. Por eso la "pertenencia" de Cataluña a España no se ha debido sólo a la sed de hegemonía de Castilla, sino que también es parte de un pacto entre estados europeos, que todavía resuena en la reticencia de los países de la Unión Europea a prestar oído a las reivindicaciones de los independentistas catalanes. En los siglos XIX y XX Europa entera no veía otra cosa sino que Cataluña vivía las mismas vicisitudes de guerra y paz que el resto de España, y también observó cómo  prosperaba bastante más que las demás regiones. Es dudoso que en Europa se pueda encontrar algún grado significativo de simpatía o comprensión por la causa independentista catalana.

La experiencia de país de frontera

Una visión geopolítica sobre los problemas de Cataluña arrojaría algo más de luz sobre el simposio de Barcelona. Las regiones de frontera siempre tienen la tentación de extraer ventajas de su situación como lugares desde los que regular el tránsito obligado de los otros. Es la mentalidad aduanera, muy notable desde la Edad Media en el País Vasco como lugar de tránsito de la lana de Castilla, y de Cataluña en el siglo XIX y XX como centro de oposición al libre comercio (proteccionismo comercial). En los dos casos se usa la lengua como refuerzo cultural a la mentalidad de frontera. Por ese método la historia común decae en historia del grupo nacional al que se quiere dar nacimiento, una vez asegurado un determinado número de ventajas. El efecto es doblemente productivo en un caso como el de Cataluña, caracterizado por la laboriosidad y espíritu asociativo de su gente, indiscutible ventaja sobre otros pueblos de España

Con él grupo nacional que se quiere forjar surge la visión de un hombre que debería ser libre en tanto que hombre, como quiere Rousseau, pero que es inmediatamente aherrojado por el otro, por el "castellano" y sus instituciones. El título del cuarto bloque temático del simposio de Barcelona lo explica claramente: "La humillación como desencadenante de la eclosión independentista".

Antes de pasar al lugar del seminario en la estrategia de la Generalidad y Artur Mas, hagamos un voto por que las ponencias y conclusiones de Barcelona queden formuladas de tal manera que no se descalifiquen por sí mismas, lo que no es fácil. Si no lo hiciesen, y quedaran abiertas a la discusión y posible refutación, valdría la pena tomarlas como aporte polémico a un examen por un grupo de historiadores y otros intelectuales, en que independentistas y no independentistas discutieran libremente, sin patrocinios partidarios. Sería una forma de que, de una vez, los soberanistas catalanes presentaran su Grand Remonstrance, su alegato sumario contra los abusos e injusticias que al parecer España ha cometido contra Cataluña, para que con el auxilio de las ciencias sociales y políticas, y de la historiografía, en el resto de España puedan ser tomadas sin reserva mental alguna.

La estrategia de Artur Mas

Lo que nos lleva a la segunda cuestión: el lugar de esa causa general en la estrategia de Artur Mas y su gobierno. Si además de memorial de agravios y alegato contra España, las conclusiones del simposio constituyeran un documento reivindicativo, habría quizás materia para su evaluación, valoración y discusión en medios científicos y políticos. En fin, podrían quizás ser la base para ese diálogo del que todo el mundo habla en Cataluña como modo de resolver los problemas, excepto ERC, la CUP y cada vez menos CiU, que no creen en él ni lo quieren.

Si el seminario y sus conclusiones, a pesar de su tono dogmático de salida,  son "salvables" desde el punto de vista científico, y además pasibles de tratamiento desde las políticas públicas,  constituirían un arma de reserva de CiU y de Artur Mas para cualquier sobrepaso de la izquierda nacionalista, y un modo de salirse de la espiral  independentista que le arrastra y que le ha hecho perder la hegemonía de la que no hace mucho gozaba. En fin, su última esperanza de lograr que el gobierno se avenga a discutir a fondo los problemas de Cataluña, sin verse cogidos en la trampa del tacticismo independentista.

Resumiendo lo dicho al objeto de contestar a la pregunta "¿qué hacer?" a partir de ahora: si el seminario no es un fiasco científico, que los medios académicos y científicos de España lo tomen en consideración, y lo traten como un tema más de nuestra España en crisis, y dejarlo medio digerido para su asimilación por el cuerpo político del país.

Pero en fin, eso es mucho pedir a unos "seminaristas" de Barcelona que de una forma tan sesgada han lanzado el desafío. De momento, la única intención que se les discierne es ensanchar la brecha con el resto de España, "fer poble" y "fer nació". Veremos.

 

Artículos relacionados