MI PALCO SOBERANO

El estallido del PSC

Nueva brecha entre los so­cia­listas ca­ta­la­nes, ya en plena crisis de iden­tidad

Alfonso Guerra
Alfonso Guerra

El lo­cuaz Alfonso Guerra, ex vi­ce­pre­si­dente en los go­biernos so­cia­listas de Felipe González y hombre sin ma­tices en re­la­ción con el en­caje de Cataluña en España -fue el líder en "cepillar" un Estatut del que ya nadie se acuer­da-, lo tiene claro: el PSC "no es so­cia­lista" ¿Cuál será, pues, su fu­turo, en un mo­mento en que las en­cuestas de in­ten­ción elec­toral lo si­túan en plana de­bacle elec­toral y como quinta fuerza po­lí­tica en Cataluña? El fu­turo, según Guerra, pasa por usar la marca PSOE en Cataluña y ol­vi­darse de los pe­ce­seros .

La abstención de los diputados del PSC en el Congreso, cuando el resto del PSOE se alineo a las propuestas de Rosa Diez, de UPyD, de rechazar de pleno la idea de una consulta-referéndum sobre el derecho a decidir en Cataluña, no hizo, ni más, ni menos, que exponer las profundas diferencias en el seno de la familia socialista. Una familia en la que Alfonso Guerra se erige en San Alfonso, patrón del socialismo, hasta excomulgar a sus colegas catalanes acusándoles de "no ser socialistas". El PSOE, o al menos su barones, anulan la patente de corso de sus diputados en Cataluña, porque rompieron, en realidad, la disciplina de voto en el Congreso.

Horas antes de la intervención de Rosa Diez, aplaudida desde las filas del Partido Popular que también voto a favor, el PSOE tenía claro que se abstendría. Habría sido lo lógico en un partido que propone una reforma constitucional federal, en la línea de la "tercera vía", propuesta por el demócrata cristiano y socio de CiU, Duran Lleida, a la hora de buscar salidas al atolladero en Cataluña. Así estaba previsto, hasta que los barones del PSOE, con Guerra en la cabeza, decidieron dar un paso al frente cargándose las posturas del debilitado Alfredo Pérez Rubalcaba. Lo lograron, pero a coste de la rebelión del ala socialista catalana que se abstuvo.

Ahora, Soraya Rodríguez, portavoz del PSOE en el Congreso, dice que "lo más importante" es que "el PSOE y el PSC comparten el mismo proyecto político, que es el socialismo y la unidad de España", porque ambas formaciones de la misma familia socialista - aunque Guerra lo pone en duda - están "contra la independencia y a favor de la convivencia". Aunque, Soraya Rodríguez reconoce, que no es poco, que hay discrepancias sobre "el derecho a decidir", o sea, la celebración de una consulta que, por cierto, tiene fecha y propuesta de pregunta para el próximo 20 de noviembre, el "20-N", cuando el Consell Asesor creado por el gobierno de Artur Mas presente sus propuestas.

Pere Navarro, secretario general de los socialistas catalanes, recuerda también que no habrá "ruptura" entre el PSOE y el PSC, porque lo sucedido en el Congreso, la ruptura de la disciplina de voto, "no es nuevo". Cierto, ya ocurrió en el pasado, pero originando serias advertencias y sanciones del PSOE sobre los diputados del PSC que, cada vez, marcan mayor perfil propio en Madrid.

Al final, posiblemente, habrá que darle la razón a Alfonso Guerra - excepto en su prepotencia de considerarse autorizado para determinar quién es, o no, socialista en el mundo - de que la única salida será romper la baraja en la familia socialista catalana. El problema, el grave problema para los socialistas y especial el PSOE, es que sin los votos un amplio soporte de diputados en Cataluña, del PSOE o del PSC, será muy difícil, si no imposible, la recuperación de una mayoría con aspiraciones de gobernabilidad del PSOE en España. Pero, esto, para muchos votantes del PSC ya no es un problema que les interese, porque se han pasado, cuando menos, a defender el derecho a decidir sobre el futuro de Cataluña, con, o sin, la bendición de San Alfonso Guerra, autoproclamado patrón del socialismo.

 

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