POLÍTICA NACIONAL

El diálogo comienza por uno mismo

Un sector del em­pre­sa­riado ca­talán re­chaza de plano los Presupuestos

Diada de Cataluña
Diada de Cataluña

Por las reac­ciones de los me­dios po­lí­ticos y em­pre­sa­riales ca­ta­lanes al anuncio de las in­ver­siones del es­tado en Cataluña con­tem­pladas en el pro­yecto de pre­su­puesto para 2014, po­dría creerse que con éste se ha in­fli­gido un golpe mortal a la vo­luntad de diá­logo de la que dicen estar po­seídas todas las fuerzas po­lí­ticas e ins­ti­tu­cio­na­les, tanto de España en ge­neral como de Cataluña en par­ti­cu­lar. Se trata de que la co­mu­nidad au­tó­noma ca­ta­lana va a re­cibir "sólo" 944 mi­llones de euros para in­ver­siones pú­bli­cas. Esta can­tidad es, por vo­lu­men, la cuarta asig­na­ción de entre todas las atri­buidas a las 17 co­mu­ni­da­des.

Es mayor en 35 millones que la que recibirá Madrid, que tiene una economía comparable con la de Cataluña, e inferior en 753 millones a la de Andalucía, una región más populosa pero con un nivel de vida promedio muy inferior al de los catalanes.

Aquella cifra de 944 millones provocó, a bote pronto, la condena del vicepresidente de la Generalidad, Francesc Homs, por ser una muestra de la falta de "lealtad institucional" del gobierno central. Consistiría esa deslealtad en el hecho de que la inversión pública no respeta la disposición adicional tercera del Estatut, que fija la inversión del estado en Cataluña en proporción al peso de su PIB en el de la economía española.

Homs reclamó prioridad a las inversiones en Cataluña, dado que "tendrían un retorno inmediato". Cabe la pregunta de por qué las inversiones en cualquier otra región habrían de dar menos retorno inmediato. Por ejemplo en Galicia, una región mucho menos desarrollada que Cataluña, que recibirá €1.353 millones, o en la Comunidad Valenciana, que recibirá 605 millones, cantidad que sin duda los valencianos considerarán insuficiente debido al histórico déficit de inversiones que vienen denunciando desde hace años, y que además tiene en marcha programas de infraestructuras que son necesariamente comunes con Cataluña, como el eje mediterráneo.

Esta cuestión de las inversiones públicas y las balanzas fiscales es uno de los más ásperos motivos de disputa y celos entre comunidades, ya que proporciona leña para los ardores soberanistas o querellas interregionales, sin que sea posible, al parecer,  apaciguar la cuestión. Este tipo de problemática se aborda en las democracias avanzadas mediante la aplicación de técnicas de debate estructurado, que comienza generalmente por su análisis por economistas que todas las partes puedan reputar como solventes, y su posterior examen y discusión por los políticos, con vuelta a los economistas, esta vez reforzados por los politólogos, para someter a los políticos a un test de realismo. Y a partir de ahí, que los políticos hagan lo que consideren posible, y no sólo lo deseable.

Ese es el curso normal que en el mundo desarrollado abren los Libros Blancos sobre las políticas esenciales de las democracias, ayudando a objetivar y circunscribir el marco de las soluciones posibles, expulsando del sistema el victimismo y la reivindicación inconstitucional

La desagradable tarea de establecer prioridades

La presentación del presupuesto 2014 ha sido ocasión en Cataluña, una vez más, para el diálogo de sordos. El más dialogante de los nacionalistas catalanes, Josep Antonio Durán i Lleida, saludó los presupuestos este miércoles como "infumables e inconstitucionales", lo que hace que el diálogo "se vuelva más difícil". Más terminante se mostró Esquerra Republicana, para la que el proyecto presupuestario "es totalmente hostil". Pere Navarro, el líder del PSC, cree que la inversión en Cataluña no se corresponde con el diálogo ofrecido por el gobierno de Madrid.

Las opiniones expresadas por un selecto grupo del empresariado catalán son en general de rechazo de las previsiones presupuestarias, y van desde la descalificación a la reticencia. El presidente de Foment del Treball, Joaquim Gay de Montellà, cree que "la propuesta de presupuestos generales del estado no ayuda a fortalecer el diálogo ni fomenta el necesario entendimiento institucional". Miquel Valls, de la Cámara de Comercio, cree que los presupuestos "provocarán más asfixia económica", y son "un castigo para empresas y ciudadanos".

Miquel Martí, de la fundación empresarial Femcat, cree que los presupuestos "son una broma de mal gusto". Josep González, de la patronal para la microempresa Pimec, no sabe si los presupuestos son una provocación, "pero creo que hay gente que sí piensa que son una provocación".

En fin, Antoni Abad, de la patronal Cecot, no da puntada sin hilo;  aprovecha el anuncio de los presupuestos para darle un alfilerazo a la defensa nacional: "a título personal, no entiendo el presupuesto de defensa". Este caballero propone como ideal de sociedad "un coliderazgo entre el mundo empresarial y el político".

El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, salió el miércoles día 2 al paso de esta cerrada crítica de parte del empresariado catalán mediante unas puntualizaciones, aquí resumidas: el debate independentista no tiene nada que ver con el presupuesto, aclaró. En el año próximo se va a emprender la reforma del modelo de financiación de las autonomías. Un presupuesto público supone elegir. La política no gira sólo sobre las inversiones. Éste es "un planteamiento del pasado". España está dejando atrás la recesión sin incremento de la inversión pública. Para salir de la crisis hay que reducir primero el déficit público, resumió Montoro.

Cataluña, puntualizó el ministro, no necesita más inversión sino más financiación para las pymes y autónomos, y para los servicios públicos. En esto último estarán de acuerdo todos los miembros del gobierno catalán, que culpan a Madrid de los recortes sanitarios y al sueldo de los funcionarios, así como de la falta de recursos para terminar obras de transporte urbano. ¿Qué falta entonces para que uno y otro gobierno se pongan de acuerdo sobre lo que es necesario y lo que es posible? ¿Será ése el diálogo del que todo el mundo habla pero nadie parece encontrar?

El lunes pasado, el vicepresidente de la Unión Europea, Joaquín Almunia, al tiempo que enfriaba el ardor nacionalista al decir que no creía en la hipótesis de la independencia de Cataluña, ponía las cosas "donde tienen que estar, que es en el diálogo, aquí en Bruselas, pero sobre todo en España", declaró a Radio Nacional.

"Diálogo" se ha convertido en el tótem más venerado por Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE. En el último debate sobre el estado de la nación, recordaba a primeros de semana, "ofrecimos diálogo, y en eso seguimos". Pues eso, a dialogar. Aunque nadie parece saber cómo empezar.

 

 

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