EL MONITOR DEL DÍA

Construcción: las infraestructuras dejan de ser estratégicas

El Gobierno deja de contar con el sector para la re­cu­pe­ra­ción que viene

Brasilia
Brasilia

En el ima­gi­na­tivo e in­tere­sante es­tudio del Deutsche Bank "Intercambio de mo­delos de cre­ci­miento en Europa" se con­cluye que España coin­cide cada vez más con el mo­delo ale­mán, ya que el apli­cado en nuestro país para salir de la crisis ha sido im­pulsar las ex­por­ta­ciones y el tu­rismo, frente al mo­delo an­te­rior a la cri­sis, que fue el de po­ten­ciar el cre­ci­miento in­terno in­vir­tiendo de ma­nera cre­ciente en vi­vienda e in­fra­es­truc­tu­ras, y po­ten­ciar al má­ximo el con­sumo. Es de­cir, que el dis­curso "canónico" de que las in­fra­es­truc­turas son un factor clave en el desa­rrollo eco­nó­mico porque im­pulsan la com­pe­ti­ti­vi­dad, etc. ya no es el que con­forma las de­ci­siones de la in­ver­sión pú­blica en España, y solo lo son en la ac­ti­vidad cons­truc­tora y con­ce­sional que rea­lizan al­gunas em­presas en el ex­te­rior y que está siendo, por otra parte, el sal­va­vidas de la ma­yoría de co­ti­zadas del sec­tor, que en pocos años han pa­sado de ex­portar una ter­cera parte de su ac­ti­vidad a ha­cerlo por más del 60% con picos aún ma­yo­res, como es el caso de OHL.

La mayoría de los analistas coinciden en señalar que la construcción -tanto la obra pública como la edificación- no cuenta para la recuperación, ni estará presente entre las actividades productivas que aliente el nuevo modelo de crecimiento que se dibuja para el próximo futuro. La consolidación fiscal ha dejado muchas víctimas por el camino, pero la más "muerta" de todos es la construcción. De manera continuada y recurrente se ha venido recortando la inversión en obra pública desde 2008; ha sido para el Gobierno una salida a las duras presiones de las instituciones comunitarias y multilaterales para reducir el déficit público.

Esto ya no es una medida coyuntural, aunque fuera dilatada en el tiempo por la agresiva duración de la crisis. Es una decisión política estratégica que se recoge en todos los instrumentos de política económica, en especial en los presupuestos públicos y en las sucesivas actualizaciones del Plan de Estabilidad. Como señala el informe de SEOPAN sobre la construcción en 2012, el Programa de Estabilidad de principios de 2010 anunció un duro ajuste de la inversión en infraestructuras para el período 2010-2013, y su posterior actualización para este año añadió ajustes adicionales, de modo que las previsiones de inversión en esta materia en los sucesivos Presupuestos Generales del Estado -y en los de las CC.AA.- han visto reducirse de manera dramática estas inversiones desde 2012 en adelante, lo que ha llevado al sector empresarial dedicado a ello a una situación límite, puesto que ha significado no solo la práctica desaparición de este mercado a futuro, sino el retraso -con la consiguiente reprogramación de anualidades- o la rescisión directa de muchos proyectos ya iniciados.

Las previsiones del Programa de Estabilidad para 2013-2016 continúan siendo muy negativas puesto que prolongan sucesivas reducciones de la inversión pública. Con estas previsiones de inversión pública en obra civil para este año y 2014 y con el vertiginoso descenso de actividad en el resto de subsectores, las perspectivas para la actividad de la construcción son demoledoras, y así se refleja en los datos macro del sector en los dos primeros trimestres de este año. Según el informe correspondiente a este período de la CNC, la demanda en construcción cayó un -5,8% en el primer trimestre de este año y una décima más en el segundo. La FBCF en construcción cayó un -10,2% en el primer trimestre y un -15% en el segundo; el VAB en construcción cayó en términos interanuales un -5,9% en el segundo trimestre de 2013, también una décima más que en el primer trimestre. La evolución de la relación de la licitación pública con el PIB ha sido también negativa y creciente de manera vertiginosa; ha caído desde el máximo del ciclo observado en 2006, año en que esta licitación representó el 4,7% del PIB, hasta un mínimo del 0,7% en 2012 y que previsiblemente se reducirá aún más en 2013 y años siguientes, al menos hasta 2016 ó 2017.

Este deterioro, no solo intenso sino progresivo, se refleja en el número de empresas desaparecidas y se amplifica en los datos de empleo sectorial. Según el INE, y en puestos de trabajo a tiempo completo en cómputo interanual, descendieron un 13,3% en el primer trimestre de este año y aún más, hasta el -15%, en el segundo trimestre, habiendo sido el único sector productivo en el que se incrementó el descenso del trimestre anterior. Uno de los indicadores cualitativos que mejor reflejan este declive es el Indicador Sintético del Clima de la Construcción, que si ya mostraba claramente el pesimismo empresarial situándose en el primer trimestre en 51,2 puntos negativos, este pesimismo se incrementó en el segundo trimestre hasta los 54 puntos negativos.

Cuando se imponen dinámicas negativas, todo parece amplificar esta deriva; no ocurre de manera diferente en lo que se refiere a la inversión en infraestructuras. Al enorme sacrificio impuesto por la política del Gobierno al sector empresarial dedicado a la obra pública se une la progresiva desaparición de fondos estructurales comunitarios -fondos de Cohesión y fondos FEDER, en continua disminución desde 2007- de los que tanto se benefició España en el pasado y que tanto han coadyuvado a levantar la red de infraestructuras existente que, si bien pueden discutirse algunas de sus prioridades, no es ni por asomo suficiente ni excesiva; según la CEOE, en el período 1995-2012 en España se invirtieron en torno a los 580.000 millones de euros en obra pública, mientras que en Francia fueron casi mil cien millones, en Alemania un 18,5% más que nosotros y en Italia un 9% más.

Su reducción ha repercutido inevitablemente en las dotaciones para estos fines contenidas en los Presupuestos Generales del Estado. Entre 2009 y 2012 la cofinanciación de proyectos por parte de estos fondos estructurales europeos fue del 11,2% cuando en el período 2005 a 2008 esta participación se elevó al 21,8%. Tampoco han funcionado los planes para compensar este déficit de financiación privada.  Ante esto no es muy creíble que el PITVI de Fomento mantenga la previsión de que van a invertirse por el Estado 225.000 millones de euros en los próximos 14 años, en todo caso, será en los últimos de ese período. La conclusión es que la decisión política de prescindir, durante al menos una década, de la inversión pública en infraestructuras, es inamovible.

 

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