TURISMO NACIONAL

Viaje a Cataluña para que no se independice

"Les for­ta­leses ca­ta­la­nes", un hecho his­tó­rico de España y Cataluña

Castillo de San Ferran, cataluña
Castillo de San Ferran, cataluña

Acabo de pasar cinco días en Cataluña. Compruebo que otros es­cri­tores in­tere­sados por el fe­nó­meno so­be­ra­nista acuden en estos tiempos a aquella re­gión ani­mados por un mismo ins­tinto, tam­bién so­be­ra­nista, solo que más am­plio - ya que abraza a Cataluña y a todas y cada una de las otras re­giones de España -, con ánimo de com­prender y dis­cu­tir, ad­mitir y re­chazar ideas o he­chos, ale­gados por mu­chos ca­ta­lanes en favor de que aquella as­pi­ra­ción entre en la his­toria por la puerta grande. Uno de esos es­cri­tores es nuestro ad­mi­rado com­pañero de co­lumnas en este me­dio, Luis Alcaide, con una cró­nica de viaje pu­bli­cada hace pocos días. Otra es Carmen Posadas, en ABC de este do­mingo.

Alcaide nos describe su paseíllo en taxi por las calles de Barcelona, cómo hurta el cuerpo a algún asta independentista y cómo termina la faena colocando un par de banderillas por todo lo alto: el gobierno de Madrid, nos anuncia al final de su crónica, va a comprar toda la deuda pública catalana de los dos próximos años. Ahí queda eso.

Carmen Posadas echa mano de la sociología. Traspone la teoría de la ‘ignorancia pluralista' a lo que cree que está ocurriendo en Cataluña. Esta teoría (de la que confieso que nunca había oído hablar), y debida a los Sres. Katz y Allport, afirma que la gente tiende a no expresar lo que siente, y oculta sus verdaderas intenciones, cuando cree que la mayoría piensa de modo unánime otra cosa. Esta teoría, creo, racionaliza el silencio de la mayoría silenciosa, que en el caso de Cataluña muchos creen que "haberla hayla".

Yo fui a Lloret de Mar respondiendo a la invitación de un viejo colega del periodismo, en el diario Madrid y en El País, para celebrar el reencuentro en otro medio común, al cabo de más de tres decenios cumplidos de no saber el uno del otro más que a distancia. Sin apenas fatiga de sus largas estancias en el extranjero (Bruselas, Japón, Filipinas, etc.) mi amigo y colega sigue escribiendo libros, artículos y guiones de documental como si tal cosa.

Misterio de los trenes y las carreteras

Mi viaje es en tren, en el Euromed, que va de Cartagena a Barcelona. Hace lo menos seis años que no viajo en tren. Me sorprenden un montón de cosas. Primero su baratura en comparación con el mismo viaje en coche. Menos de sesenta euros ida y vuelta desde Valencia a Barcelona. Otra sorpresa. Como debo ir a Blanes para de allí ir a Lloret, pido  en ventanilla pasaje suplementario para esa localidad. No se preocupe, me dice el empleado: su viaje Barcelona-Blanes es de cercanías y está incluido en el billete de Renfe.

Cuando hago este último recorrido me percato de que el viaje va a  durar hora y media. Me hago esta pregunta: ¿todo eso, Valencia-Blanes, en cómodos trenes, por menos de treinta euros ida? No es posible. ¿Quién paga la diferencia con el costo real?  ¿Contribuye mi viaje al déficit del estado o al de la Generalidad? Dado que todos hablan muy serios y enfadados del déficit fiscal de Cataluña como una de la causas del desapego catalán, me gustaría que se aclarara. No quisiera contribuir a él con un viaje parecido. ¿Será tan difícil hacer las cuentas? Espero a que el ministro de Hacienda cumpla su promesa de publicar las balanzas fiscales de todas las autonomías. Pero tate, en el tren leo que Durán i Lleida había alertado, el día anterior 16 de octubre, que Cataluña va hacia la independencia unilateral. Ruego a los cielos para que, si eso ocurre, sea después de que yo aproveche el billete de vuelta.

Media hora antes de Blanes el tren hace largas paradas en varias estaciones. Después me cuentan que hay un tramo de 30 km con solo una vía debido a la falta de la inversión para una segunda. Me pregunto de nuevo: ¿por culpa de quién? ¿Es tan difícil atribuir la responsabilidad si la hay, o imputar los costos? ¿Habrá dinero de la Generalidad o del estado para tal obra? ¿Dejarán las fuerzas vivas de los pueblos de la ruta que les expropien terrenos de sus calles y playas para ensanchar el tramo? El "diálogo" que todas las fuerzas económicas de Cataluña creen necesario para hacer frente a los desencuentros con España, ¿solucionará este pequeño problema y otros, mucho mayores? No sé, las fuerzas políticas no se cansan de decir que ya es tarde para dialogar.

Llego a Lloret: hotel muy bien situado, cómodo, anticuado y en manos de una empresa rusa. El capital ruso está volcado en Lloret; compran muchas de las mejores casas, subidas en el monte pero siempre con una playa a los pies. Cuatribarradas estrelladas en  bastantes balcones del pueblo, pero no un número atosigante. Una o dos banderas de España en terrazas de viviendas: también en el ayuntamiento, y otra flameando sobre una mansión que se eleva sobre el monte que domina la playa.

Cena de amigos: uno es independentista y otro desea la independencia..., pero para sus nietos. El primero me da la impresión de que quiere la independencia como la consumación de una Cataluña perfecta. Porque cree en la perfectibilidad de las personas físicas y morales, y lo ha tratado de probar en su personal escala: él y su esposa tienen una historia de dedicación a causas humanitarias, que dan muchas satisfacciones y algún disgusto gordo.

La frontera catalana de España

Un día después viajo con estos dos amigos a Figueras, a visitar a otro amigo mío, Juan Manuel Alfaro, que lleva la gerencia del castillo de San Fernando en esa ciudad, cerca de la frontera. Juan Manuel es un catalán de pro, un "self made man" que a partir de la administración de esa fortaleza ha creado una empresa turística titulada "Les Fortaleses Catalanes", con un pie en Francia y otro en España. Somos amigos desde que en 2003 organicé una conferencia del Comité Científico de Europa Nostra sobre la conservación de las grandes fortalezas europeas, precisamente en el castillo de San Fernando. Porque esta fortaleza es una de las dos o tres mayores de Europa.

Camino a Figueras, conduce mi amigo independentista y me cuenta en marcha la historia económica de las comarcas que cruzamos. Yo tenía la impresión de que viajábamos por carreteras comarcales, y le escuchaba lamentar su estrechez, su peligrosidad, el mal servicio que prestan a los pueblos y a las industrias del trayecto, etc., cosas que para mí se hacían evidentes. Al principio no me daba cuenta, pero de pronto caigo en que está hablando de la N-II, es decir, de un vial que trescientos km. más al sur enlaza con la red de autovías de doble carril que recorre el resto de España. En paralelo a este tramo de la N-II, que he recorrido bastantes veces y siempre he maldecido, corre la autopista de pago. Digo a mis acompañantes que no me puedo creer que esta discriminación a Cataluña sea sólo culpa de Madrid. Me dicen que no, claro, que si la Generalidad, que si CiU, que si los intereses creados, que si Abertis. En fin, lo que sospechaba.

Entramos en Figueras. Llama la atención el número de subsaharianos en sus calles. Mi amigo independentista me cuenta que suelen emplearse como jornaleros. Pienso yo: no como los de Madrid, que se dedican a abrir las puertas de los super a las señoras sobrecargadas, o hacen de abrecoches en Valencia.

Llegamos al castillo. En Figueras poca gente sabe de su existencia. Pegado a la ciudad, se llega a él por una calle inconspicua, que solo lleva a la fortaleza.

Juan Manuel nos cuenta la historia del castillo. Fue mandado construir por Fernando VI, con los más avanzados criterios militares y sanitarios. El perímetro, sin contar el de los revellines, es de 3,5km. Podía albergar 7.000 hombres. Cada miembro de la guarnición tenía su propia cama, con su nombre; así se evitaban epidemias. La plaza de armas supera en tamaño la plaza Mayor de Madrid. Su cisterna es navegable con una barca. Su caballeriza es más propia de un palacio que de una guarnición.

El ingeniero militar que lo planeó y construyó fue Juan Martín Cermeño, nacido en Ciudad Rodrigo. Barcelona le debe el barrio de la Barceloneta, así como obras de modernización del puerto. También se le debe el Pont del Diable, de Martorell, y un baluarte de las murallas de Barcelona. Un hijo suyo, también ingeniero militar, construyó iglesias en Cataluña y reformó el castillo de Montjuic.

Historia militar

Los cuatro amigos nos vamos a comer. Le pido a Juan Manuel que nos cuente la historia militar del castillo. Dos guerras con Francia, dos tomas del castillo por los franceses y dos recuperaciones, y durante la guerra civil, víctima de bombardeos italianos que destruyen la puerta monumental, y último refugio del gobierno de la República en fuga. Circunstancia ésta que resultó funesta para el castillo,  puesto que por acción o accidente se produjo una explosión que destruyó uno de los baluartes de la obra principal. Eso es todo en materia de guerra. Fue luego prisión y cuartel temporal. Sigue siendo propiedad del estado, y se rige por un patronato formado por el ministerio de Defensa, el Ayuntamiento y la Generalidad. Recuerdo que en el 2003 los pacifistas e independentistas de Cataluña hicieron campaña para quitárselo al ejército y dedicarlo "a la paz".

Pero como a Alfaro le tengo mucha confianza, le hago a la hora del café una pregunta, precedida de un breve exordio. "Juan Manuel, si el castillo lo mandó levantar un rey de España, lo construyó un ingeniero español, entró en guerras entre España y Francia y fue la última víctima material de la guerra civil española, ¿por qué diablos se le llama ‘fortaleza catalana'?

Le sigo sitiando: "¿Y qué hay en las otras ‘fortaleses catalanes' que presentas en tus publicaciones que no sea también, o sobre todo, español; por ejemplo, los castillos de Salses en el Rosellón, construido por el ingeniero Ramiro de Madrid por orden de Fernando el Católico rey de Aragón y rey consorte de Castilla, y defendido durante siglo y medio por soldados castellanos y catalanes? Idem para el Castillo de San Telmo de Collioure, mandado construir por Carlos I de España, o las murallas de Perpiñán, mandadas construir por el emperador y acabadas por su hijo Felipe II".

Juan Manuel me mira con sonrisa irónica, como diciendo: "Qué bobo eres Antonio, parece que no comprendes nada".

He comprendido. Aunque no me he aclarado mucho en esta cuestión de la independencia, por lo menos me voy con la confirmación de amistad con dos viejos amigos, y la incorporación de un tercero a la lista. Yo, por mi parte, he cumplido mi cuota de ese diálogo que todos echan de menos para solucionar el problema de la pretendida secesión de Cataluña. Por si vale algo.

 

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