CONSOLIDACIÓN FINANCIERA

Credit Agricole encara un duro peaje por irse de Bankinter

El grupo francés di­luye su par­ti­ci­pa­ción por de­bajo del 20%, con mi­nus­va­lías de más de 1.000 mi­llones

Credit Agricole ha visto en poco menos de un lustro como ha de­ri­vado su im­por­tante par­ti­ci­pa­ción en Bankinter de una con­si­de­ra­ción algo más que es­tra­té­gica a una ré­mora más en sus planes ex­pan­sivos en el ca­pital de al­gunos bancos de Grecia, Italia o Portugal. La re­ciente am­plia­ción de ca­pital del banco con­tro­lado por la fa­milia de Jaime Botín para hacer frente al canje de par­ti­ci­pa­ciones pre­fe­rentes por nuevas ac­cio­nes, con las que la en­tidad me­jora además su ratio de ca­pi­tal, ha des­pla­zado aún más el peso del grupo fi­nan­ciero galo a un se­gundo plano y su re­so­nada in­ver­sión en el banco es­pañol acu­mula unas mi­nus­va­lías la­tentes de más de 1.162 mi­llones de euros sobre el precio que pa­garon por el 15% que tenía el in­versor de origen indio y afin­cado en Tenerife, Ram Bhavnani.

En plena retirada de sus aventuras en algunos países mediterráneos (Italia, Grecia y, si se permite la inclusión, Portugal), Credit Agricole se encuentra ante una difícil tesitura si quiere replegar posiciones en Bankinter. Su inversión no le ha servido para tener el control de la entidad que preside Pedro Guerrero y, en todos estos años, ha visto cómo su presencia en el consejo de administración del banco español ha sido reiteradamente negada.

La ampliación de capital de Bankinter para hacer frente al canje de las participaciones preferentes, ese estigmatizado producto tan comercializado en los últimos años por la banca española, no sólo permite al banco bajo el control de la familia de Jaime Botín  incrementar su ratio de capital según criterios EBA (Autoridad Bancaria Europea, según sus siglas en inglés) sino que sirve para arrinconar aún más presencias nunca deseadas, como la Credit Agricole en su capital.

El grupo financiero galo, que entró en noviembre de 2007 con toda fuerza en el capital del banco español al comprar la participación del controvertido inversor Ram Bhavnani, ha visto en el último lustro cómo su inversión en uno de los principales bancos españoles, aunque de los más pequeños por tamaño, no ha tenido una recompensa estratégica o económica.

Credit Agricole acumula hasta la fecha unas minusvalías superiores a los 1.162 millones de euros con sus inversiones en Bankinter, donde pretendía, aunque oficialmente lo negaran, tener una posición de control que le permitiera una mayor presencia en el sistema financiero español, donde había logrado abrirse una discreta senda con la toma de control de Bankoa en 1997.

El grupo francés, en una delicada situación desde el estallido de la burbuja de las hipotecas basura en Estados Unidos, llegó a pagar 809 millones de euros por el 15% que Bhavnani, que sí logró sentarse en el consejo de administración, tenía del capital de Bankinter. La operación suponía una sobreprima considerable al ofrecer 13,6 euros por título, cuando las acciones del banco español cotizaban algo por encima de los 12 euros.

En la actualidad, los títulos de Bankinter cotizan en torno a los tres euros, por lo que el valor de la participación de Credit Agricole sería de unos 326 millones de euros, frente a los casi 1.500 millones en los que se valoraba en el momento de su entrada. La diferencia de cifras es la que cuestiona que el grupo galo vaya a planear una retirada firme del capital de Bankinter, en un momento en el que sus cuentas semestrales ya se resienten de algunas otras inversiones poco rentables realizadas en el capital de algunas entidades de países mediterráneos, incluida su presencia en el portugués Banco Espírito Santo (BES).

Presencia incómoda

Credit Agricole ha dejado que su participación se haya diluido con la reciente ampliación de capital que Bankinter ha realizado para el canje de las participaciones preferentes de sus clientes, por un valor nominal de 168,2 millones de euros. El grupo galo, que había pedido en reiteradas ocasiones permiso al Banco de España, para alcanzar hasta el 29,99% del capital del banco español (porcentaje límite antes de estar obligados a lanzar una OPA por la totalidad de las acciones),  ha visto frenadas todas sus estrategias para hacerse fuerte en Bankinter, tanto desde el punto de vista accionarial como del comercial, con el desarrollo de algunos proyectos conjuntos.

Jaime Botín, ex presidente de Bankinter y principal accionista de la entidad, se ha encargado durante todos estos años en situar a su sociedad de inversiones, Cartival, como el principal accionista del banco. De esta manera, y con la negación continua a algún puesto en el consejo de administración como llegó a disfrutar en su momento Bhavnani, ha arrinconado al segundo mayor accionista.

Ante esta situación, no es de extrañar que el director general de Credit Agricole, Jean-Paul Chifflet, haya dejado abiertas todas las posibilidades sobre su participación en Bankinter. Eso sí, las pérdidas que podría entrañar su retirada del capital son demasiado abultadas para encararlas en unos momentos en los que busca comprador para su filial en Grecia (Emporiki Bank), las minusvalías en Italia por su participación en Intesa San Paolo (unos 427 millones de euros) y los propios costes por la reevaluación de su propia deuda y los costes de reestructuración.

Credit Agricole bien podría esperar a un buen postor, como el grupo galo lo fue para Ram Bhavnani en su momento. Sin embargo, la agudización de la crisis limita muy mucho que aparezca un inversor que asume un sobreprecio con el que, al menos en parte, el grupo galo pueda paliar las pérdidas latentes que ha acumulado con su inversión en Bankinter.

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