EL MONITOR DEL DÍA

TI elogia los es­fuerzos de Brasil y Colombia contra los so­bornos y las mor­didas

Latinoamérica: la corrupción retrocede pero lentamente

Chile y Uruguay son los países más lim­pios y Venezuela, el menos trans­pa­rente de la re­gión

Corrupcion
Corrupcion

Emprender, hacer ne­go­cios o ins­talar una em­presa o fi­lial en otro país es un aven­tura ex­tra­or­di­naria que se ha con­ver­tido en ne­ce­sidad para mu­chas com­pañías en tiempos de la glo­ba­li­za­ción, en los que no in­ter­na­cio­na­li­zarse resta opor­tu­ni­dades de cre­ci­miento y, mu­chas ve­ces, de su­per­vi­ven­cia. Junto a los as­pectos po­si­tivos de salir fuera , las em­presas suelen en­con­trarse con buen nú­mero de trabas y di­fi­cul­ta­des, desde re­gu­la­ciones poco claras a ex­ceso de bu­ro­cracia ad­mi­nis­tra­tiva, pa­sando por len­titud en per­mi­sos, trá­mites y re­gis­tros, in­su­fi­cientes me­didas de pro­tec­ción a la in­ver­sión, cargas im­po­si­tivas ele­vadas y obs­táculos a la ob­ten­ción de cré­dito. Con todo, uno de los prin­ci­pales hán­di­caps, el que más quejas pro­voca, es el nivel de co­rrup­ción exis­tente en al­gunos paí­ses.

En este aspecto, se constata que Latinoamérica ha mejorado en los últimos cuatro años, pero de forma lenta e insuficiente, por lo que la corrupción sigue constituyendo un grave problema, según los últimos informes de Transparencia Internacional, el BM y el World Economic Forum. En la región, Chile y Uruguay destacan como los países más limpios y Venezuela, como el país con más sobornos e irregularidades.

Tanto el indicador de facilitación de negocios Doing Business del Banco Mundial como el Índice de Competitividad Mundial del WEF y el último informe Índice de Percepción de la Corrupción 2011 de Transparencia Internacional (TI) apuntan a que la corrupción viene registrando un ligero descenso en Latinoamérica, aunque aún resta mucho trabajo por hacer para erradicar una lacra que dificulta y encarece los costes de emprender y establecerse en los mercados de los países de la región.

Para los expertos del BM y de TI, aunque crece el vínculo entre la llegada de inversiones a un país y las buenas prácticas de éste en lucha anticorrupción y mejora del clima de negocios, no siempre es así, porque el interés por posicionarse en un destino lleva a muchas compañías a asumir el sobrecoste de las corruptelas, los sobornos y de la lucha desigual y desleal en licitaciones y adjudicaciones. Y los países de Latinoamérica no constituyen una excepción.

Salvo Chile, líder regional también en cuanto a competitividad y clima de negocios, el resto de países fundamentales a los que va dirigida hoy principalmente la inversión española (Brasil, Colombia, Perú, Argentina, México) se sitúan en zonas que van desde de la corrupción moderada a la corrupción extendida. Brasil, principal economía de la región, queda a mitad del listado elaborado por TI, al igual que Colombia y Perú. Y** **Argentina y México no salen especialmente bien parados.

En conjunto, y pese a una consolidada percepción social, Latinoamérica no se sitúa en conjunto entre las peores áreas del ranking. La mayor parte de los países se ubica en la zona media, y algunas naciones, como Chile, ocupan un papel relevante entre las naciones _muy limpias _en nivel de corrupción. En el extremo contrario, Venezuela sobresale tristemente como el más corrupto de la región, lo que unido a un marco legal inseguro y a un entorno político poco fiable ha disminuido la atracción y reducido las inversiones de las firmas extranjeras en el país, pese a sus enormes recursos.

Un grave problema

Aunque la corrupción continúa siendo un problema grave en la región, se constata que ha disminuido ligeramente en los últimos años debido a la aplicación de normas más estrictas de ética corporativa y a la instauración de de leyes anticorrupción más rigurosas, según el último índice TI, un indicador basado en un sondeo a 402 altos ejecutivos y líderes empresariales de Latinoamérica y que establece una escala de 0 (muy corrupto) a 10 (muy transparente). Los encuestados pertenecen a más de 13 países de la región, están vinculados en un 60% a corporaciones multinacionales y proceden de un amplio espectro de sectores.

En la lista mundial resultante de la encuesta de TI, y que encabezan Nueva Zelanda, Dinamarca y Finlandia, situados en el primer grupo (de 9 a 10 puntos de valoración), Chile (7,2 puntos, puesto 22 a nivel mundial) y Uruguay (7) son percibidos como los países menos corruptos de Latinoamérica. Se ubican el tercero (de 7 a 8 puntos) de los nueve grupos en que se divide el ranking, junto a Barbados, Bahamas y Santa Lucía. En zonas media alta y media (de 5 a 7 puntos), correspondiente a los grupos cuarto y quinto, se ubican San Vicente y las Granadinas, Puerto Rico y Dominica, mientras que en el sexto grupo (entre 4 y 5 puntos) se hallan Costa Rica (4,8) y Cuba (4,2).

En área media-baja (entre los 3 y los 4 puntos) se sitúa el grueso de los países de Sudamérica, con el gigante, Brasil (3,8 puntos), a la cabeza, seguido por Colombia, Perú y El Salvador (3,4), Jamaica y Panamá (3,3) y Trinidad y Tobago. Argentina, México y Surinam cierran este grupo con apenas 3 puntos. Percibidos como países donde la corrupción está muy extendida **Bolivia **(2,8), Ecuador y Guatemala (2,7), Dominicana y Honduras (2,6), Guyana, Nicaragua (2,5) y Paraguay (2,2) se engloban en el octavo grupo (de 2 a 3 puntos), mientras que Venezuela (1,9 puntos, puesto 172 entre las 182 naciones del mundo analizadas) y Haití se ubican entre las naciones con un mayor nivel de corrupción.

En esta última encuesta de TI, correspondiente a 2011, el índice de empresarios que cree haber perdido un negocio frente a competidores desleales que realizaron pagos ilícitos, o bien que afirma haber sido presa de las corruptelas en los últimos meses baja del 57% existente en 2008 al 51%. Crece, por otro lado, la percepción entre los líderes de las compañías de que los países están haciendo esfuerzos serios por implementar normas contra los sobornos: los que juzgan que las leyes anticorrupción de sus países son más efectivas hoy que hace unos años sube del 15% al 25%. Ambas mediciones dan fe de que la corrupción sigue siendo un fenómeno extendido en el área, pero también de que la situación ha mejorado en los últimos cuatro años.

Según el sondeo, un 75% de los encuestados dice conocer al menos un caso en que un infractor está siendo procesado por realizar o recibir pagos ilícitos, frente al 69% que apuntaba en esta dirección en 2008. Además, el informe muestra que un número creciente de empresas de la región está tomando medidas internas para evitar la corrupción: el 85% de los empresarios sondeados señaló que sus compañías han endurecido las normas anticorrupción, frente al 76% del estudio anterior.

Motivos para una mejora

Entre las razones para una aún insuficiente mejoría, los expertos apuntan a la concienciación y aplicación de medidas anticorrupción más severas en las compañías, al mayor esfuerzo regulador contra ese fenómeno por parte de los Gobiernos de la zona y a una creciente exigencia de la opinión pública a sus mandatarios de impulsar administraciones más limpias.

El fuerte y sostenido crecimiento que Latinoamérica ha experimentado en los últimos años ha generado una numerosa clase media para la que la corrupción se ha vuelto un tema tan importante como la reducción de la pobreza, el aumento del nivel de vida o el desempleo. La llegada masiva de compañías extranjeras, con estándares y prácticas más limpias en líneas generales, también ha ejercido una influencia clave. Los autores del informe señalan, además, la importancia de que EEUU haya reforzado en los últimos años la aplicación de su Ley sobre Prácticas Corruptas en el Exterior, que considera ilegal que empresas norteamericanas paguen sobornos en el extranjero y que podría haber tenido un efecto de bola de nieve, al conducir a las multinacionales en Latinoamérica a adoptar estándares más estrictos.

A modo de ejemplo, los autores del estudio destacan las prácticas de algunos Gobiernos, como los que lideran Dilma Rousseff en Brasil (país que suscita tanto interés como quejas de corrupción por parte de empresas españolas e internacionales) o Juan Manuel Santos en Colombia. La presidente brasileña ha forzado ya la dimisión de siete ministros y altos cargos de su Gabinete involucrados en sospechas o acusados de irregularidades y sobornos y apuntan que eso no hubiera pasado en el Brasil de hace sólo unos pocos años.

Rousseff, uno de los políticos latinoamericanos que ha emprendido una lucha más decidida contra la corrupción, se ha hecho eco así del clamor de una opinión pública que quiere que situaciones que antes se toleraban u ocultaban ahora sean castigadas. El último caso ha sido el del** ministro de Ciudades, Mario Negromonte, que se ha victo forzado a renunciar tras ser acusado por los medios de comunicación de irregularidades y fraudes en la adjudicación de varios proyectos relacionados con el Mundial de Fútbol de 2014. Negromonte es el séptimo ministro que pierde el cargo **debido a acusaciones de corrupción desde junio pasado.

En los últimos ocho meses, la jefa del Estado brasileño ha destituido o aceptado la renuncia de los titulares de Presidencia, Transportes, Agricultura, Turismo, Deporte, y Trabajo en un país en el que el gran esfuerzo en mejorar las infraestructuras con motivo de la Copa del Mundo de Fútbol y de las Olimpiadas de 2016 ha disparado las licitaciones de obra pública y el interés por participar en ellas por parte de empresas extranjeras.

Preocupante situación

Pese a la mejoría detectada, TI y otros organismos han advertido de la necesidad de que Latinoamérica refuerce su unidad en la lucha contra la corrupción y el narcotráfico. La presidenta de TI, Huguette Labelle, ha censurado en una reciente entrevista con la agencia Efe a los gobiernos de la región por el desinterés que exhiben en lograr una posición común para afrontar esos delitos. Y ha advertido de que la creciente violencia y la corrupción no sólo causan un intolerable daño humano y social, sino que desalientan las inversiones en la región. Para TI, el narcotráfico es el principal problema de Latinoamérica**, seguido por el lavado de dinero y los "preocupantes" índices de corrupción local**.

En el lado positivo, la presidenta de TI destaca por su** buena gestión en la lucha contra la corrupción a Chile y Brasil**, y más recientemente, a Colombia, una nación que, a pesar de soportar en mayor grado las consecuencias del narcotráfico, ha mejorado enormemente en los últimos años. De hecho, desde el comienzo del Gobierno del presidente** **Juan Manuel Santos, en 2010, se ha detectado un incremento de la persecución judicial contra la corrupción y se han creado nuevas leyes en esa materia.

Tanto TI como el Banco Mundial animan a los países de la región a mejorar su lucha contra la corrupción a través de una mayor generación y aplicación estricta de normas, así como de una labor didáctica para acostumbrar a la sociedad civil a rebelarse contra el fraude. Según Labelle, "para revertir el nivel de corrupción en Latinoamérica es necesario involucrar en la vigilancia de prácticas corruptas a todas las instituciones gubernamentales y también al sector empresarial y a los medios de comunicación. Para rl frdsrrollo y la consolidación económica de la región "es fundamental huir de la cultura del soborno y de las mordidas", ha señalado.

Una reflexión similar realizó el Banco Mundial en su último Doing Business 2012:_ hacer negocios en un mundo más transparente_, en el que identificaba a Chile, Colombia y Perú como los países que más están haciendo por mejorar el clima de negocios y erradicar las corruptelas. Un informe en el que Brasil y México también se ubicaban en una modesta zona media y en el que Venezuela, junto con el resto del _eje bolivari_ano, ocupaba las últimas posiciones.

 

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