CON ACENTO EN CRISIS

Buscarse la vida

"Si puedes si­mular la ho­nes­tidad y el juego lim­pio, lo ha­brás con­se­guido"

Juego limpio
Juego limpio

Miles y miles de es­paño­les, azu­zados por la cri­sis, tienen que bus­carse la vida. En reali­dad, en toda la his­to­ria, con crisis o sin ella, la ma­yoría de la gente se ha bus­cado la vida, a ser po­sible de forma ho­nesta, claro está. Groucho Marx , como casi siem­pre, lo tiene claro en estas cues­tio­nes: "El se­creto de la vida es la ho­nes­tidad y el juego lim­pio; si puedes si­mular eso, lo has con­se­gui­do". La cues­tión es que nunca sa­bemos con cer­teza si los que mandan ejercen la ho­nes­tidad y el juego limpio con la ciu­da­danía o so­la­mente lo si­mu­lan.

Honestidad y juego limpio se suelen dar por supuestos, como el valor en el ejército. En esta situación tendremos que atenernos al principio jurídico latino: "_In dubio melior est conditio possidentis" _ (en caso de duda, en principio lleva razón el que duda). Y como vivimos con la mosca detrás de la oreja y atenazados por las dudas, limpiamente se colige que debemos actuar conforme a nuestro criterio. Y a quien Dios se la dé, que san Pedro se la bendiga.

Un ejemplo clásico de cómo buscarse la vida nos la da nítidamente el **Buscón don Pablos **de Quevedo que, al igual que el bandolero madrileño Luís Candelas, jamás estuvo implicado en delitos de sangre. Pero, tanto uno como otro, para buscarse la vida tuvieron que jugársela. Para salir adelante, a veces no hay más remedio que jugar a la ruleta rusa, como se demuestra en el tercer álbum de Joaquín Sabina, _La ruleta rusa _y en la película del mismo título protagonizada por George Segal en 1975. Lástima que para realizar esas hazañas hay que tener muchas agallas. Pero agallas, lo que se dice agallas, sólo las tienen los peces, según parece. Muchos de los que se juegan la vida están peces, no tienen ni idea de qué va el negocio.

Es notorio que, desde que empezó la recesión, hay muchas más personas que se dedican a hacer la calle. Del mismo modo, resulta muy significativo el incremento de personas a las que, para pagar el alquiler de su casa, no les queda otro remedio que alquilar su cuerpo por horas en las esquinas. Igualmente, se ha multiplicado el número de camellos y timadores callejeros o de despacho. También ha crecido espectacularmente el número de estatuas vivientes que se plantan inmóviles en la vía pública a verlas venir, al tiempo que libran una batalla ejemplar contra los iconoclastas.

Para buscarse la vida conviene aplicarse la arriesgada norma del gran Albert Einstein: "Si una idea no me parece absurda de entrada, pocas esperanzas hay para ella". De todas formas, para no entrar en demagogias, una cosa es lidiar con el toro y otra cosa es hablar de él. Y, en fin, también es sabio hacer caso al estoicismo del refranero español: "¿Quién me enriqueció? Quien a vivir a lo pobre me enseñó?".

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