Isidro Fainé tendrá que im­poner cor­dura en la bi­ce­falia que pro­ta­go­nizan desde su fu­sión Enrique Goñi (CAN) y Antonio Pulido (Cajasol)

Caixabank dejará en efímero el liderazgo de BBVA con Unnim si al final absorbe Banca Cívica

El grupo fi­nan­ciero ca­talán lo­graría ganar ta­maño en Canarias con esta ope­ra­ción aunque no se cierra las puertas a otras op­ciones de compra

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Presentación de resultados la caixa

Todas las en­ti­dades re­co­nocen ha­blar entre sí du­rante esta nueva fase de con­so­li­da­ción del sector fi­nan­ciero. Y esas con­ver­sa­ciones ya se man­tienen desde hace me­ses, in­cluso antes de la re­forma apro­bada por el mi­nistro de Economía, Luis de Guindos. Sin em­bargo, la ad­ju­di­ca­ción de Unnim hace menos de una se­mana al BBVA ha ace­le­rado al­gunas de las ne­go­cia­cio­nes. Caixabank po­dría des­ca­balgar al grupo pre­si­dido por Francisco González como la mayor en­tidad por ac­tivos si al final llega a un acuerdo para ab­sorber Banca Cívica, grupo en el punto de mira de buena parte del sector desde hace se­ma­nas, in­cluso me­ses. Isidro Fainé su­pe­raría los 342.000 mi­llones de euros por total de ac­tivos con esa ope­ra­ción, aunque bien es verdad que a poca dis­tancia de BBVA y Santander. Más in­tere­sante sería la pe­ne­tra­ción que lo­graría el grupo ca­talán en al­gunos mer­ca­dos, como Canarias, pero a cambio de li­diar con una co­pre­si­dencia en Cívica que no se ha ca­rac­te­ri­zado por un buen en­ten­di­miento a lo largo de todo el pro­ceso de in­te­gra­ción.

En tan sólo unas semanas, el liderazgo de la banca española puede sufrir una nueva variación como consecuencia de una nueva operación corporativa. Bien es cierto, que los ya tres grandes del sector financiero nacional se moverían en unas cifras similares por total de activos, en torno a los 340.000 millones de euros, siempre y que no se contabilicen los activos que los dos grandes grupos tienen en otros mercados internacionales en los que operan desde hace lustros, en algunos casos.

Caixabank y Banca Cívica confirmaron ayer a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que se encuentran en un proceso de ‘due diligence' pero que no se ha llegado a concreciones definitivas, sobre todo por la valoración de las compañías. En todo caso, las dos entidades matizan que están abiertas a otras posibles operaciones. En el caso de la catalana, supone un reconocimiento de su presidente, Isidro Fainé, de que no se jugará a tan sólo una carta el incremento de su penetración en determinados mercados en los que su presencia no es demasiado relevante, a pesar de contar con la red de oficinas más extensa de todo el sistema financiero nacional.

Banca Cívica ya reconoció que sería incapaz de cumplir en tan sólo un año con los nuevos requisitos para el saneamiento de los activos inmobiliarios en sus balances, después de que en el plazo de una semana, a mediados de febrero y tras conocerse el Real Decreto del Gobierno, realizará un doble y dispar cálculo del impacto que tendría la normativa dispuesta (más de 2.000 millones de euros frente a los menos de 580 millones iniciales).

Problema de gobernanza

Banca Cívica cerró el pasado ejercicio con un beneficio neto de 183,49 millones de euros, un 6% por debajo del obtenido en 2010 en una comparativa proforma. La ratio de morosidad total se situaba en el 6,35%, por debajo de la media del sistema bancario, aunque en los sectores más problemáticos, como el de la promoción y construcción, esta variable se dispara hasta el 21%.

Pero más allá de las meras cifras, el presidente de Caixabank, Isidro Fainé, se enfrenta con un verdadero problema de bicefalia en Banca Cívica, con una copresidencia poco compenetrada entre Enrique Goñi, de Caja Navarra, y Antonio Pulido, de Cajasol. Si el mantenimiento de una doble presidencia en la banca siempre ha sido compleja, como ya se vivió cuando se produjeron las fusiones que dieron lugar a los actuales Santander y BBVA, mayor problema se puede plantear en un reparto de poder a tres bandas.

Por pura lógica, Fainé sería el máximo responsable de la entidad resultante de la operación, ya que se trataría de una absorción aunque de mayor tamaño que las dos protagonizadas hasta el momento por el grupo catalán (Caixa Girona y Banpyme).

Sin embargo, Goñi y Pulido se resistirían a perder por completo poder en el nuevo grupo financiero. Incluso, podría plantarse alguna responsabilidad en algún área concreta, pero incluso en ese caso toparían con una figura destaca del sector, como es Juan María Nin, consejero delegado de Caixabank.

La pérdida de poder en el nuevo grupo resultante podría ser más problemática para Antonio Pulido, como representante de Cajasol. La Caixa tiene una amplia implantación en Andalucía, con cerca de medio millar de oficinas, por lo que sería el territorio en el que mayores duplicidades se registrarían y en el que habría que acometer una mayor reducción de oficinas y empleos. Pulido tendría que luchar, en este caso, por el mantenimiento de los trabajadores procedentes de su caja de origen.

Una de las ventajas de esta operación, con la que no contaría Ibercaja, otra de las entidades que también se había aproximado a Banca Cívica, es que los dos bancos cotizan en Bolsa, por lo que el canje accionarial sería mucho más sencillo que con un banco no cotizado, como el que constituyó el presidente de la caja aragonesa, Amado Franco.

Eso sí, el peso de Banca Cívica en el capital de la nueva entidad quedaría diluido hasta un 9%. Su capitalización es de poco más de 1.200 millones de euros, frente a los 12.522 millones de Caixabank.

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